I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.
lunes, 13 de julio de 2015
Crítica de "Nefilim: el beso del amanecer"
Título: "Nefilim: el beso del amanecer"
Año: 2010 (en Argentina 2012)
Autora: Leah Cohn
Traducción: María Alonso
Editorial: Ediciones B
Atención: SPOILERS
Domingo al mediodía y acá estoy, sentada en mi cama, libro en mano.
Después de una gran amistad de una semana, estoy contenta de haberlo terminado, pero ésta vez no tengo lágrimas en los ojos mientras escribo.
Lo primero que quiero criticar es el diseño de tapa. De verdad, ¿hacen falta a esta altura más libros negros con letras en rojo que te adelantan la posibilidad de encontrarte con otro Edward Cullen adentro? Percibo una total falta de creatividad en el diseño de tapas de libros para jóvenes y adolescentes. ¡No subestimen tanto la percepción del lector juvenil, editores!
Yendo a la trama, específicamente... Me parece aceptable para un debut literario (¿o justamente por eso se queda pobre?). Cae, sin embargo, en todos los lugares comunes: Sophie, la humana indefensa y enamoradiza que protagoniza un triángulo amoroso con dos seres sobrenaturales y enemigos desde los albores de su existencia. ¿Quiénes son? Nathan, el apuesto y seductor protector de la humanidad que vive en conflicto con su naturaleza de nefilim y la mayoría de las veces actúa en consecuencia (es decir, de manera confusa y aburrida); y, por otra parte, Caspar (¡10 puntos para Cohn por la originalidad del nombre!), el vecino inquietante al que no querrías darle una tacita de azúcar por miedo a que te corte un miembro con su filosa lengua o el veneno de sus palabras.
Sinceramente, la dicotomía entre el bueno y el malo, el claro y el oscuro, el ángel protector y el homicida, ya me resulta demasiado predecible. Y, por lo tanto, se torna aburrida. Hoy en día disfruto mucho más de aquellos personajes que se mueven dentro de las delgadas líneas del gris, que pueden cambiar de bando a su antojo o se guían más por una brújula interna que por las consecuencias morales de un mandato superior. ¿Qué quiero decir con todo esto? Desde el principio uno sabe que Sophie y Nathan acabarán juntos y Carpar no podrá evitarlo, así como Cara se verá imposibilitada de asesinarlo debido a su vínculo fraternal. ¿Quién buscaría venganza en el segundo libro, sino? Y ni siquiera voy a hablar demasiado sobre la adorable anciana Josephine que acabó siendo aliada del enemigo (sin demasiado fundamento, por cierto). Más sorprendente hubiera sido que resultara ser sólo eso: una simpática mujer que brinda su ayuda un par de veces.
Pero tranquilos que no todo me parece tan terrible. Después de todo el libro me mantuvo interesada hasta el final. La forma de escribir de la autora me resulta sumamente atractiva. No tiene demasiadas frases célebres, pero logró generar diálogos interesantes (aunque, desde Dragon Ball, me pregunto por qué las personas tienen que hablar tanto mientas pelean o revelar sus planes en medio de una risotada soberbia cuando creen que van a ganar). Puedo reconocer en ella su faceta periodística por las descripciones detalladas tanto de los espacios como de las sensaciones y eso me parece un gran punto a favor.
El protagonismo de una niña de siete años con ADN nefilim y una madurez inusitada, lejos de resultarme excesivamente novedoso, me pareció un buen ingrediente. El hecho de que el triángulo amoroso se vea afectado por la existencia de una hija y que Sophie se interese más por ella que por Nathan en la mayoría de las ocasiones, corta con el romanticismo ñoño.
En síntesis, no deja de ser una historia de amor dada vuelta, en la que los amantes se alejan al principio y se reencuentran hacia el final (¿pero por cuánto tiempo?). El resto, toda esa mescolanza bíblica de "los hijos de los gigantes", acompaña pero sólo en la medida en que aporta obstáculos diferentes en la consagración del amor ideal.
Frases que destaco:
"Todos aquellos ruidos se extinguieron en cuanto la vio. Y las masas humanas que en aquel momento desfilaban sin descanso parecían haberse vuelto invisibles." (pp. 9)
"La paciencia es una virtud mayor que la temeridad de meterse en una pelea inoportuna." (pp. 11)
"Aquella mañana nadie hablaba de lo excepcional, sino de mi perfeccionismo enfermizo." (pp. 27)
"Vivía por aquellos escasos momentos en los que no tenía que demostrar nada a nadie, ni estaba a merced de una crítica, en los que podía entregarme por completo a mi pasión. Compensaban el suplicio de las actuaciones en público..." (pp. 28)
"El tiempo que no podía pasar con él era insoportable, como un gran vacío en mi vida que debía superar de algún modo." (pp. 45)
"Todo lo que hacía o decía me parecía absurdo, como si se tratara de una obra teatral en la que cada uno seguía interpretando su papel aunque el escenario ardiese en llamas." (pp. 165)
"No has contestado a mi pregunta. ¿Me crees? ¿Me crees cuando te digo que te abandoné porque te amaba? ¿Que te amaba con locura?" (pp. 220)
"Lo estreché con fuerza, quería que sintiera todas y cada una de las fibras de mi cuerpo, no quería pensar en lo que nos diferenciaba, sino en lo que nos unía: el amor, el deseo, el anhelo." (pp. 222)
"Lo único que quiero es transformar el mundo según mis ideas. Y si te detienes a contemplar lo que la humanidad ha hecho con él, es imposible que acabe siendo un lugar más deplorable de lo que es," (pp. 249)
"Él insistía en destacar las grandes diferencias entre uno y otro, pero lo que se apreciaba en su voz no era lo que define a los enemigos a muerte, sino a los hermanos del alma: añoranza y desesperación a la vez." (pp. 251)
"Pero para el amor -pensé-, para el amor no existe el tiempo, para el amor el ahora es la eternidad." (pp. 354)
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