I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

martes, 28 de abril de 2020

seems like the world's sleeping out there
while i just keep spinning around in my bed

who is to blame

i needed to find some rest from myself
i just didn't think how lonely i'd get

again

now all i need is to learn
how to survive without any words
'cuz i refuse to speak or write again
until i find a way to replace the silence
that grows in my chest

can't go back from everything i didn't say
i still got it stucked in my head

who is to blame

sounds like i won't be dreaming today
what's the point on reliving the pain

again


now all i need is to learn
how to survive without any words
'cuz i refuse to speak or write again
until i find a way to replace the silence
that grows in my chest

i can't recognize my voice if i can't pronunce your name
it might be my greatest chance to finally start over again






viernes, 24 de abril de 2020

del amor y otros demonios

Empecé a mirar películas románticas desde muy chica, no sé por qué. La idea del amor me interesó antes que cualquier otra cosa. Tal vez como un reflejo de mis propias carencias. Digamos que no crecí en un hogar cálido. Me obsesioné con Shakespeare y después con Twilight durante mi adolescencia y soñé con "encontrar" a esa persona que me "completara" para siempre, comer perdices y todo eso.
Creo que un poco lo conseguí. 
Tuve esa clase de amor con Fede. Metimos la pata en millones de cosas y nuestro amor finalmente se desgastó, pero fue un amor de película. Quizás por eso me aferro tanto y me niego a dejarlo ir. 
El año pasado me encontré con el feminismo y, como toda cosa nueva, leí mucho, hablé con personas, me empapé de experiencias ajenas. Descubrí que hay muchas otras formas de relacionarse con los demás que trascienden la monogamia y esa idea de que el amor es para siempre y que hay una única persona para cada quien. Me tiraron abajo la mentira del amor romántico.
En ese contexto, siempre tan aplicada Mery, traté de tener una "relación abierta" y de aplicar la poligamia. Que mal que la pasé, por el amor del cielo. La peor parte es que me obligué a hacerlo, como si el desligamiento fuera un requisito del feminismo. Siempre termino poniéndome a mí misma en situaciones del estilo "no quiero, pero debo". 
Creí, entonces, que la poligamia era hacer cualquiera y que estuviera todo bien. Nada más alejado. Entiendo ahora que hay que tener las cosas muy claras para mantener una relación abierta, hay que ser sincero (con los otros involucrados pero también, y sobre todo, con uno mismo) y tener responsabilidad emocional: entender que la otra persona no está hecha de cartón y también le pasan un montón de cosas. 
Básicamente no estoy lista para la poligamia. Probablemente nunca lo esté.
Siento muchas contradicciones entre lo que siento y lo que quiero ser. Y está bien, ahora me doy cuenta. Ser feminista no es obligarme a ser diferente. Es querer cambiar de raíz lo que está mal en el sistema que nos oprime y nos doblega ante el resto, no tiene nada que ver con querer estar con una sola persona. 
Sí es más importante quererse a uno mismo y partir de ahí. Pero también está bien querer la historia de amor de película, siempre y cuando podamos separar realidad de ficción y comprender que si no funciona también está bien. 
Ahora está lloviendo y sigo tirada en la cama, tuve que poner pausa a One Tree Hill (una serie que tiene veinte años pero que amo) porque con el clima se puso lenta la conexión de internet. No me gusta estar sola tanto tiempo, pero es parte del aprendizaje. 
Tuve unos años hermosos junto a Fede. No se van a repetir y voy a estar bien con eso. Todavía no, pero ya voy a llegar ahí. 
Tal vez tenga experiencias mejores o no, en todo caso serán diferentes. Todas las películas no duran lo mismo. Creo que lo que quiero decir(me) es que no tiene sentido seguir asustada, con la tele apagada. Me gustan las historias de amor, disfruto mucho de la secuencia con música de fondo en la que la pareja se enamora. No puedo evitarlo. Quiero eso. Lo quiero todo de una vez. 

miércoles, 15 de abril de 2020

Lo de la cuarentena es particularmente terrible porque nos va a dejar una marca imborrable a todos. Recién ahora reuní la energía para hacerme unos barbijos hogareños. Pensé que lo venía posponiendo por vaga, pero en realidad tenía que ver más con una negación ridícula de los acontecimientos. Si no usaba barbijo, digamos, no había pandemia. Algo así. 
Bueno, igual todavía no me lo puse. Mañana voy a salir a hacer compras y lo voy a estrenar, como si fuera una remera nueva. Me sumaré oficialmente a la humanidad en crisis.  
Pensar que uno (como ser social) siempre está haciendo historia. Quiero decir, cuando leo sobre menemismo, por ejemplo, a veces pienso "yo en ese momento iba al jardín" o cosas así. No "formaba" parte de esa historia, pero la presencié. 
En unos años, décadas, cuando se hable "del año de la pandemia" me voy a acordar que me pasé un mes encerrada en un monoambiente mirando series en Netflix y leyendo libros sobre feminismo. Meh. Muy poco heroico lo mío. 
Anoche me encontré a mí misma tan cansada de esta rutina estúpida de mirar y leer, que apagué la compu. Agarré "Papillon" y seguí hasta donde pude, pero al final lo dejé y me despedí para siempre de Charrière. Siento mucha empatía por Papi, pero podría contarnos de su travesía en menos páginas, ¿no? Después me tiré por Chéjov, porque tenía entre mis pendientes "La dama del perrito". Bah, tampoco lo pude terminar. Seguí, entonces, con mi manual del café, de Nicolás Artusi, y me entretuvo un rato hasta que también me aburrió. Creí que me merecía un descanso de mis lecturas feministas y walsheanas, así que busqué figuras en la sombra que proyectaba la lámpara sobre la pared durante unos minutos, a ver si me daba sueño. 
Me gustaría decir que, cuando al fin me dormí, soñé con libros que me perseguían a los tiros. La verdad es que no me acuerdo si soñé o simplemente pausé mi aburrimiento algunas horas hasta encontrarme escribiendo acá. 


jueves, 9 de abril de 2020



Son las tres de la mañana y en el silencio de mi departamento resuena el sonido ridículo del termotanque calentando agua. Afuera veo el semáforo de la Mitre que cada cuarenta segundos cambia de color y me pregunto para qué si es la madrugada del jueves santo del año de la pandemia y encima hace un frío de morirse.

O no, morirse no, suena fuerte en este contexto una exageración típica de mi verborragia nocturna. 

Digamos que hace un frío como para dormir en cucharita, aunque prefiero decirle caracol porque lo que en realidad me gusta es enredar las piernas con las tuyas hasta perder la noción de dónde terminás vos y dónde empiezo yo. 

martes, 7 de abril de 2020

el año de la pandemia

Me acuerdo de otra vida en la que salir a hacer las compras era una oportunidad para andar por la calle a cara lavada, con ropa cómoda, muchas veces dejando el corpiño en casa. 
Hoy salí después de una semana completa de estar encerrada y aproveché para maquillarme un poquito y ponerme alguna prenda bonita. 
Cuando menos lo esperas las cosas cambian, se dan vuelta. 
Afuera hay poca gente y los que van juntos mantienen una saludable distancia.
Me pareció exagerado hasta que en el supermercado una señora me rozó el cuerpo al pasar entre las góndolas. 
Me quiero bañar en lavandina.


viernes, 3 de abril de 2020

lo bueno en mí no compensará mis fallas

Me tomo un té chai y escucho a Marilina Bertoldi. Cuánta vida pasé sin su voz, qué desperdicio.
El encierro y tu presencia únicamente por wasap me están poniendo melancólica. 
Hablamos mucho de la curva de contagio del coronavirus, pero poco de la curva de nuestra separación. 
No nos vamos a morir sin el otro, quedó demostrado. 
Cuánto te extraño, igual. 
La necesidad nula de explicarte las cosas pero hacerlo de todas formas para conversar y escuchar tu hermoso punto de vista sobre todo. 
Verte con las piernas cruzadas, sorbiendo el mate con lentitud y tratando de que las cejas no salten de tu cara cuando me mirás fijo. 
La concentración con la que me ignorás cuando suena alguna música y se roba toda tu atención.
La cuarentena la pusimos nosotros, no tuvo nada que ver con la pandemia. 
Pff, para qué te incluyo en mi decisión: fui yo solita. 
Me diste demasiado poder y se me subió a la cabeza. 
Creímos que íbamos de la mano pero la que caminaba adelante era yo. Y te diste cuenta cuando ya te sacaba como dos cuadras de ventaja. 
Siempre te menosprecio, ¿no te da bronca? a mí, sí. 
Pienso que no estás a la altura de mis manipulaciones y me aburro. 
Sincericidio pandémico ven a mí. 
Es probable que nadie en el mundo me ame como vos. Y no me alcanza. 
Mejor dicho, creo que me sobra. No sé qué hacer con tanto, se me rebalsan las manos.
Cuando te pedí que primero fueras a descubrirte y colonizarte fue más por mí que por vos.
¿Cómo corresponderle la diplomacia a un territorio sin dueño? Yo no quiero conquistar ninguna tierra.
Quiero que te quieras, que te ames como te (y me) amo yo. 
Es arriesgado, lo sé. 
En el camino capáz te olvidás de mirar para atrás y yo también. 




Ves?
El tiempo te mostró 
Que no era un gran premio tenerme cerca.

Al ver
Tu no tan duro me
Robás de a una las defensas.

Lo que
Se daba y hoy no es
Me refriega a diario mis torpezas.

Será
Que el tiempo me educó
Matando lo que me ata a mi esencia.

Robé
Tu fe en mi y jugué
A que a tu frustración yo soy de piedra.

Y hoy sé
Que de un llanto no he
Pretender desarmarme a medias.

Entendí
Que lo bueno en mí no compensará mis fallas.

Hoy me vi
Tan lejos de mí que, la verdad, me espanta.

Entendí
Que lo bueno en mí no me salvará.