I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

domingo, 26 de mayo de 2019

Nunca te vi baldear el corazón

De a poquito voy volviendo a la normalidad de mi vida. El libro salió y llegué al límite que me había puesto para reacomodar mis días. ¿Cómo seguir ahora? ¿Qué peor que perder las excusas que nos clavaban en la inacción? Seguir o no seguir. El camino que elegí hasta ahora, me refiero. ¿Cómo tomar semejante decisión si ya no soy la misma de antes? ¡Y lo que me falta por cambiar! ¡Toda la piel que me pesa y me rasco pero todavía no quiere caer! Tendré que hacer una investigación exhaustiva: averiguar quién soy ahora, quién quiero ser. Ir por ahí, con cuidado. Descansar en mis letras, cuidarme de no hablar de más. ¿Para qué andar desparramando los planes? ¡O los plagian o los queman! Así que sh. Que acá no pasa nada, che. 





jueves, 23 de mayo de 2019

Ando con saldo negativo en la SUBE. El clima amenaza con llover, pero únicamente el viento me acompaña. ¿Cuánto más debo perder para sentirme conforme?





lunes, 20 de mayo de 2019

Todas las partes de una muerte

El sábado a la tarde/noche fue la presentación de mi libro "Todas las partes de una muerte", editado con Cantamañanas, 160 p., 23x14 cm., ISBN 978-987-47192-0-1. 

Pasé por tantas etapas de nervios durante la semana y, sobre todo, el sábado, que en un momento Cristian me dijo: "¿Te podés quedar quieta?" porque no dejaba de dar vueltas por la editorial.

Entre apuradas, como siempre, llegamos corriendo a la cafetería con las cajas de libros y nos pusimos a acomodar todo: las mesas, los ejemplares, el micrófono, la cámara. Me daba vergüenza levantar la mirada, pero algunos ojos me reconfortaron. Algunos brazos me sostuvieron. De a poco fueron llegando todos. Aunque hubo algunas ausencias, me sentí feliz por los que estaban. Amigos de ahora, de antes, familia. 

Leímos un cuento Alexis ("Pasar la noche"), Vicky ("Cómplices") y yo ("Tanto amor"). Caro y Cris contaron cosas mías de la editorial, de mis procesos de escritura, de mi cara de pocos amigos cuando me conocieron. También hablaron Dana y Pablo y fue muy emocionante. 

Dana contó lo que pasó con Matías y a todos se nos hizo un nudo en la garganta. Más de uno habrá llorado, sé que yo tuve que hacer un esfuerzo por no hacerlo. Pablo dijo que estaba orgulloso y que había aprendido mucho de mí. Después mi mamá agarró el micrófono y me dijo un montón de cosas que hubiera preferido me dijera en privado. Ya está. 

Cuando terminamos, empezaron a levantarse todos a comprar un libro y me sentí abrumada. No fui programada para este tipo de situaciones. Creo que jamás en la vida di tantos besos y abrazos. Se me cansó la mano de dedicar ejemplares y la cara de sonreír para la foto. A eso podría acostumbrarme. 

Ahora me siento muy relajada porque ya pasó. Estoy empezando a procesar las emociones recién hoy. Y eso que falta la parte más difícil: que el libro se mueva. 

Dentro de todo, ahora de lejos, lo del sábado fue fácil: no tuve que convencer (demasiado) a mis seres queridos para que compraran el libro. Lo complicado será abrirme paso en el mundo real, donde soy otra escritora anónima que patea las calles con un libro recién salido del horno debajo del brazo. 



domingo, 5 de mayo de 2019

Estás en todo

A vos te diría que te pienso más de lo que cualquiera hubiera esperado (vos, yo, esa amiga que vivió con nosotros lo que no fue). No te volví a ver, lamentablemente. ¿Cuánto tiempo va, diez años? Creo que más. No quiero sacar la cuenta. Para qué. Cada tanto pasa algo que te trae a mí: me pasa por encima quiero decir; me atropella, me revuelca por el asfalto y me quedo mirando el cielo imaginando otra vida. 
"Amame para siempre, Dorrego, es la única forma de que sea feliz". Transcribo una de las tantas frases que me dedicaste. Tengo todo guardado, el cuaderno bitácora, las cartas, las notas, los mensajes. A veces pienso que el problema fui yo: siempre tan volada, tan necesitada de espacio y esa falsa sensación de libertad. Todavía me pasa, miro alrededor y si siento que se me están cerrando las puertas necesito salir corriendo. 
Igual vos también ibas a mil por hora. Dale, no te hagas el desentendido. Ya querías casarte con quince años. Ideamos juntos un plan para fugarnos a Santa Fe y tener hijos. ¿Con qué apuro? ¿Por qué andar pensando en esas cosas a esa edad? Menos mal que nos separamos, si ese era nuestro destino siendo tan jóvenes. Ahora tendríamos seis hijos, deudas millonarias y nos odiaríamos. 
Ojalá vuelva a cruzarte por la vida alguna vez. No sé si te lo diría, pero siempre te voy a querer, amar, extrañar, todo junto. Fuiste tanto para mí. No supe manejarlo. Ahora entiendo que si yo era complicada, vos no te quedabas atrás. Tal vez no quieras reconocerlo, pero cuando me acomodé la cabeza y fui a buscarte ¡qué orgulloso que fuiste! Me contaste que ya habías conocido a alguien más, que estabas enamorado de verdad, que ojalá algún día me pasara y que "por estas cosas existen las canciones de amor". Más de una década después todavía me acuerdo. 
Tantas veces después quise buscarte otra vez. Cruzarte y pedirte perdón, rogarte que hicieras una excepción a tu orgullo y me miraras de nuevo con ese amor que me diste. No pude o no me animé, era chica. 
Me enamoré muchas veces. Amo desmedidamente. No puedo controlarlo. Vos siempre vas a ser el que echó raíces primero. Es posible que desde entonces te haya buscado en cada hombre que conozco. Solo me siento segura si encuentro algo tuyo en ellos. No es algo consciente, es más, lo estoy pensando recién ahora. Estás en todos, en todo. 
Teníamos un juego (uno de muchos) en el que uno decía "quieto" y le daba un beso en la mejilla al otro. ¿Te acordás? En ese momento todavía éramos amigos. ¿Fuimos amigos alguna vez? ¿Lo seremos algún día otra vez?