I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

miércoles, 22 de enero de 2020

deshice de mí

Pienso que debería comprarme una caja de cigarrillos. Vengo observando en mis dos trabajos que la gente que fuma goza de ciertos privilegios. Se toman un descanso cada tanto para fumar y los demás no lo hacemos. ¿Por qué consentimos esta costumbre tan nociva? Venga el pucho. Ni siquiera necesito encenderlo, me basta con sostenerlo mientras pienso necedades y miro al vacío.





tengo cuentos sin argumentos
y personajes sin historia
relaciones sin momentos
y mil recuerdos sin memoria
tengo cuentas sin crédito
y senos sin espesura
aunque mil logros sin mérito
a guerra voy sin armadura

miércoles, 8 de enero de 2020

feliz cumpleaños

Todos los días para llegar a la parada del colectivo paso por la puerta del banco. Siempre hay filas larguísimas de gente y cuando las atravieso me imagino que están esperando para comprar mi libro, que ya sale, que ya casi abre la librería, y yo no importo porque lo que ellos quieren es mi literatura. 
Entonces camino más despacio, saboreando el éxito, esperando que mis historias los completen de alguna forma, que se sientan felices o tristes con mis palabras, lo que sea que necesiten, y que no levanten jamás la mirada hacia mí. 
Después veo que el colectivo ya dobla la esquina y le meto, porque lo llego a perder y el próximo pasa en quince minutos y no me da la imaginación para tanto, sobre todo con la cara de hastío de las personas que de a poquito me van revelando que jamás esperarían tanto por uno de mis libros. 


martes, 7 de enero de 2020

-Esto así -le dijo después de sentarse frente a él en ese bar oscuro de mala muerte, a escasos minutos del amanecer-: acá ya están por cerrar y no quieren venderme nada. Necesito alcohol con urgencia, no sabés la noche que tuve. Si me das la birra, puedo concederte el deseo que quieras. Confiá en mí, pibe.
-¿Lo que quiera? -consultó el joven, posando la mirada en la espuma burbujeante.
-Guita, minas, renombre. Te doy una vida nueva a cambio de tu cerveza -casi le canturreó, ya saboreándola. 
-¿Quién sos? -preguntó en voz alta lo que venía pensado hacía rato.
-¿Eso qué te importa? Para vos no cambia nada. Dale que se va a calentar y después te vas a arrepentir. 

Al joven lo asaltaron millones de dudas y, sobre todo, tuvo miedo de estar entregando mucho más que una bebida. Miró alrededor pero a nadie le llamaba la atención su extraño interlocutor. La oferta era difícil de rechazar, podía ir al bar el resto de su vida. A ese o a cualquier otro cada vez que quisiera. 

Levantó la mano, aferrándose al vaso largo y húmedo. Su acompañante se removió en su asiento, siseando la lengua de deseo. 

En ese momento entró un hombre y saludó con un beso en la boca a la moza, que barría ya cansada de su largo turno. "Te espero afuera, mi amor", le dijo. 

El joven sintió que se le rompía algo muy profundo dentro del cuerpo y abrió los ojos lo más que pudo por no llorar. A medio camino de cumplir cualquier deseo, hizo fondo blanco. 

El otro gritó de frustración y, antes de irse, le dijo: 
- No se te ocurrió pedirme que la piba te amara a vos.
- ¿Por qué le haría algo así? -se indignó el joven- Algunas cosas no se pueden forzar. 
- Decímelo a mí -dijo entre susurros el extraño-, que traté de dejarte vivir unos días más. Levantate y vamos que ya amanece. 

Entonces el joven le obedeció sin saber por qué, y mientras abandonaban juntos ese bar oscuro vio que la moza gritaba como una loca al descubrir un cuerpo desmayado sobre la mesa, aferrado todavía al vaso vacío de cerveza.


domingo, 5 de enero de 2020

Ahora que lo pienso, pasé demasiados años de mi vida sin haber probado. La mayoría de los pibes, hoy día, ya andan consumiendo antes de la pubertad. Habrá, me imagino, algún rezagado que arranque en su adolescencia, pero lo mío fue casi vergonzoso. Le tenía, no sé, miedo. 
Incluso si todos a mi alrededor andaban metidos, a mí me causaba rechazo. Al final tuve que ceder y terminé como los demás: siendo, muchas veces, quien inicia la ronda. 
Ahora comprendo mejor muchas cosas; por ejemplo, que es una cuestión social en muchos sentidos. Como es algo que por lo general se comparte con amigos o gente querida, colabora en eso de fortalecer los vínculos. Entre que va y viene no te das cuenta pero te ponés a charlar, te reís, conocés más al otro. 
La primera vez que probé no me gustó, sobre todo eso de andar compartiendo la saliva. Tenés que sostenerlo con una mano y aspirar despacito, porque si te zarpás, al menos al principio, te puede quemar la garganta y no está bueno. Esa vez le di con todo y después no podía parar de toser, sentía que me ardía el tubo digestivo. Tiene lo suyo, viste. 
Cuando te pasás de mambo te agarra un mareo de la puta madre y el estómago empieza a pedirte que comas algo. Igual con el tiempo te acostumbrás, te repito; entendés que es algo natural, que sale de una planta y que no te puede dañar más que el cigarrillo o el alcohol, aunque consumas una banda. 
No me considero un experto, pero aprendí algunas cositas ya. Sé cuándo el producto es bueno, no sé, será una cuestión de textura, de saciedad, de placer. Por eso a veces soy yo el que trata de iniciar a otros, para enseñarles lo antes posible las maravillas que ofrece la vida. Entonces, con alguna galletita de por medio, pongo la pava y empiezo a preparar el mate con cuidado de que no se me hierva el agua. Ahí empieza el ritual y, luego, la magia.


jueves, 2 de enero de 2020

Hoy lloverá para parar

Te extraño todos los días, a vos y a tu saludo despreocupado, casi sin prestarme atención. Tu pelo enmarañado, cortado por mí, con ese flequillo incipiente que se empeña en gestar un rulo rebelde. La lluvia me obliga a preguntarme si andarás por ahí, mojándote en la bicicleta, volando hacia algún charco imprevisto. Ojalá pare de llover de una vez. 
Escuché que conseguiste trabajo y me alegra un montón, sin ironías, lo juro. Espero que puedas encontrar ese lugar que tanto buscás, donde te sientas productivo, desafiado, valorado y motivado cada día. Que te veas más seguido con tus hermanos, con tu papá. Que encuentres la forma de sentirte bien con tu propia compañía y pases algún finde tirado en la cama descansando, sin esa necesidad compulsiva de "no desperdiciar" un solo minuto y buscar aventuras constantemente. 
Rodeate de las personas correctas, Lu. No busques brazos que tapen el vacío. Eso es una solución temporal que no va a cambiar nada de raíz. Te quise muchísimo. Te quiero, rubio. Fuiste una gran compañía, al menos todos esos ratos en que no nos ladramos. Fue muy divertido formar equipo con vos, me hiciste sentir muy bien. Lamento no haberte podido dar más. 
Vos no lo vas a entender (no lo entendiste nunca cuando era esencial), pero te di todo lo que pude. Ahora veo que no era suficiente ni por asomo y que necesitamos cosas diferentes. Fue una decisión muy sabia que cada uno (re)tomara su camino. Corrió mucho llanto debajo del puente que nos unía. Ahora que estoy más tranquila me pregunto cómo pudimos hacernos tanto daño en tan poco tiempo y, a la vez, darnos tanto cariño. Pienso que fue una especie de pausa o, como diría Benedetti, una tregua. Nos cruzamos en el momento justo para que cada uno decidiera (¡viera!) que habíamos tenido suficiente de muchas cosas. 
¿Te diste cuenta? Cuando nos separamos se activó un mecanismo que estaba trabadísimo. Salimos a la calle a vagar temerosos, partidos al medio, y aunque estamos atravesando un verano lluvioso, pareciera que va a salir el sol en cualquier momento. Me acuerdo de nuestros almuerzos en el Batallón y de la vez que te dije que con vos siempre salía el sol. Alguna analogía estúpida relacionada al color de tu pelo y de tus ojos, que trajeron una luz muy particular a mi vida. En momentos como ese acontecía un fenómeno muy particular que vi en pocas personas y en vos como en nadie: te sonreía la mirada. Quizás tenga que ver con que es más usual verte serio, pero cuando te decía algo que te gustaba de verdad, me mirabas diferente, como diciendo: "Mery me está prestando atención" y era hermoso. Sé que soy colgada y que ando con la cabeza en cualquier parte. Pero cuando estaba con vos, estaba con vos en serio. Quería que lo supieras. 
Ahora somos pura indiferencia, ya no hablamos, no sabemos del otro, no nos deseamos un buen comienzo de año siquiera. Si te cruzara por la calle, tengo la horrible sensación de que no frenarías a saludarme. Tal vez soltarías un hola al pasar y tragarías mucha saliva. No se digiere tan rápido algo así. No se me va a pasar en dos semanas. No sé si te deseo lo mismo o que simplemente te des cuenta de que no estabas enamorado de mí. No puedo preocuparme más por vos porque es una forma de aferrarme a tu recuerdo. Lo que quiero es soltarte y que seas feliz, tan feliz que ilumines el mundo entero con tus ojos.