Esos segundos en que te despertás y te sentís bien porque no recordás lo que pasó la noche anterior nunca duraron tan poco como hoy. Vos te vas a reír, pero el mundo de los sueños es un lugar difícil de abandonar y de mi habitación hasta la cocina hay una escalera. Me desperté durante la madrugada para tomar agua y bajé con los ojos cerrados, todavía pensando en colores oníricos. No te preocupes, sobreviví tanto al viaje de ida como al de vuelta. Pero estos días llovió mucho y el cajoncito de frutas lleno de macetas de cactus que suelo tener en el techo, estaba peligrosamente cerca de la cama para evitar que se mojara. Y como cualquier ser humano que se respete, yo había bajado descalza. ¿Ya sacaste alguna conclusión de esta historia? Lo bueno es que los cactus están enteros. Yo seguía con tanto sueño que el grito que pegué sólo duró algunos segundos. Y las espinas que me clavé en los dedos y la planta del pie (¡no olvidemos el tobillo!) siguen ahí. Intenté con pincitas de depilar y agujas, pero no hay caso. ¡Cuando las cosas llegan a los centros no hay quien las arranque!, dice García Lorca.
I drink to remember, I smoke to forget
Some things to be proud of, some stuff to regret
Run down some dark alleys in my own head
Something is changing, changing, changing...
Some things to be proud of, some stuff to regret
Run down some dark alleys in my own head
Something is changing, changing, changing...
