Ya va a ser un año desde que vivo acá.
¿Acá dónde?
¿Importa?
Hay cosas a las que todavía no me acostumbro del todo, aunque me gustan.
El silencio. La quietud.
Estoy rodeada de gente y sigo sola, en el fondo, bajando un escaloncito, detrás del muro de cactus.
La medida de mi anonimato la definió Susana, que salió a hacerme compañía mientras regaba las plantas y me sentí lo suficientemente cómoda como para charlarle y regalarle unas macetitas para su entrada.
Se puso muy contenta y me dijo que ahora cuando tuviéramos visitas iban a ver que las dos casas están bonitas.
Y después cuando nos despedimos me preguntó mi nombre.
Es curioso, porque más temprano Agustín me preguntó la diferencia entre casa y hogar mientras estudiábamos para su examen de inglés.