I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

lunes, 31 de agosto de 2015

Uno de nosotros era la más bella de las poesías.
El otro era puro cuento.
Y entre los dos armamos un micro-relato de terror. 


viernes, 28 de agosto de 2015



Esa extraña sensación de ser la dueña de algo que perteneció a otras personas. 
Sólo siento que también soy una intermediaria y que mi preciado tesoro algún día le llenará de alegría la vida a otros, que no se acabará nunca y seguirá sonando bien y mal en las manos de muchas almas diferentes a la mía... 



martes, 25 de agosto de 2015

jueves, 13 de agosto de 2015



Más allá

Las palabras que custodian al miedo ya se van a callar.
En los libros que nunca leí, tal vez, te deba buscar.

Y tu voz, mi amor, todavía a veces suena como un río sin fe.

Y en la multitud, un alud de alcohol me dejaría sin ley.

Por favor, escuchame si querés esta vez,
porque necesito verte bien y sin tus manos voy cayendo sin red desde esta cuerda de humo.

Ni un momento, ni la eternidad...
Esto va más allá.

Con vos mi alma se volvió a iluminar,

Si no fuera porque vos estás, yo no estaría acá.

Misterio, tiempo y verdad.
Desde tus ojos se ve mucho más.




martes, 4 de agosto de 2015

Un compañero de pluma

No es tan fácil convivir conmigo misma.
No siempre resulta divertida la sensación de que yo podría haberlo hecho mejor.
Incluso si no lo digo, se me nota en la cara, en la forma en que tenso la boca, en la manera en que abro los ojos y sonrío de lado, evidentemente incómoda.
Yo sé, consciente y objetivamente, que no soy la mejor escritora. Y, sin embargo, me encuentro a mi misma corrigiendo a los demás constantemente, convencida de que yo puedo hacerlo mejor, de que MIS palabras encajan de una manera mucho más fidedigna y mi manejo de los tiempos es superior.
Sí, yo también tengo fallas… pero la PASIÓN que siento por las palabras supera todo lo demás. Mi error es, quizás, pensar que soy la única persona capaz de sentir esa pasión.
Y, sin embargo, me siento tan feliz cuando encuentro a alguien con quien compartir esa superioridad… Uno puede llegar a estar muy solo cuando se entrega a amar algo que requiere tanta dedicación y trabajo. Pero, de vez en cuando, más lejos o más cerca, te encontrás con un alma similar a la tuya, sino en las formas, en la manera de ver y sentir. Y eso no tiene precio.

Porque las barreras bajan y, por una vez, te satisface saber que alguien lo hizo mejor que vos.  

Esa magia

Estoy pensando en escribir hace varios días. Meses. Años. Hubo una época en que mi producción era realmente alta. Decenas de relatos por mes. Aun así me tomó más de dos años completar mi saga de vampiros de cuatro novelas, aunque eran, sobretodo, sobre las relaciones humanas. Eso es lo que más me gusta. Las variables del comportamiento humano. Pero hace tiempo que sufro de un bloqueo narrativo. Se me ocurren muchas ideas, ¡a veces hasta seis antes del desayuno!, pero no puedo sentarme a escribir. Podría decírseme que he perdido mi musa. Pero alguien a quien admiro mucho –y no digo su nombre porque prefiero guardarme la admiración para mí misma, soy así de egoísta con mis descubrimientos artísticos- dijo una vez que “la musa es puro teatro, [y] la creación involucra trabajo.” Bueno, estoy más que de acuerdo. No niego la posibilidad de que haya veces en que uno escribe mejor o las ideas fluyen con mayor claridad, pero siempre –¡siempre!- hay que volver sobre la leche derramada y secar los bordes de la mesa, cambiar el mantel, verter otras infusiones, mezclar. Tal vez sea una mala metáfora, pero yo me entiendo. Lo que quiero decir es que la impulsividad creativa es buena, pero se llega a la perfección cuando se le da forma, estilo propio y alma. Y eso se logra con trabajo. Al menos así funciona para mí –y, evidentemente, para esa otra persona que admiro tanto. Así que me embarco otra vez en esta travesía de intentar escribir algo decente. Ideas y tiempo tengo de sobra. Tal vez lo que me falta es motivación para ponerme a trabajar. No estoy pasando por un mal momento. Las cosas no van del todo para delante, pero tampoco para atrás. Y creo que mi mayor inspiración –¡sí, algún crédito le doy a la musa!- es el dolor, el sufrimiento. Cuando me siento frustrada con el mundo quiero gritar lo que siento a través de mis narraciones. Es la mejor forma que he encontrado a lo largo de los años para descargar mis sentimientos. Pero en ausencia de olas, mientras floto como un peso muerto y me dejo llevar por la corriente, me cuesta aferrarme a la vida y luchar por ella a través de las palabras. Me siento en stand-by. Y es muy triste que todo sea culpa del amor y, tal vez, de los instantes de felicidad que este genera. Amo y me siento amada. Y aunque aquello no me haga entender la forma en que funciona el mundo ni aumente mis expectativas en cuanto a las personas, me ha vuelto un poco menos crítica. O más tolerante. Probablemente un poco de ambas. Y así como su Oscuro Pasajero impulsa a Dexter a matar, mi Oscuro Pasajero me impulsa a escribir. Siempre he creído que solo soy la intermediaria entre lo que sea que pide a gritos desde mis adentros que tome un lápiz o la netbook y empiece a escribir, y el relato final que va cobrando realidad a medida que los caracteres van formando párrafos. Soy el mero receptáculo de ideas que se me envían desde el más allá. No digo que sean divinas, ni que a mi pluma la muevan los hilos de los ángeles. No estoy dándole valor a lo que escribo, al producto final, sino al impulso inicial. Soy la conductora de este automóvil narrativo, pero es otro alguien o algo lo que me susurra al oído, haciendo un trabajo fino para que me crea importante por escribir unas líneas, para que sienta que puedo cambiar el mundo con simples palabras. Soy demasiado realista para creer que puedo cambiar el mundo. Aunque tal vez escribiendo cambie el mío