La vida no cambió. Sigo mirando White Collar y The Walking Dead. Me levanto a la mañana y me tomo un té con leche y algunas pepas. Necesito pagar el alquiler y las cuentas, así que voy a trabajar y me banco a ese pelotudo que me dice cosas para sacarme y lo ignoro o le contesto mal, pero igual me lo aguanto. Me tomo el tren con las zapatillas mojadas. Reviso el Facebook en piloto automático para pasar el tiempo y dejo en visto los whats apps. El país se sigue yendo a la mierda y la gente sigue comiendo carne y las orcas siguen encerradas. Todas mis preocupaciones son las mismas y el mundo sigue girando y lo malo y lo bueno sigue pasando de la misma forma que antes. Y me siento culpable por los momentos en que me río y la paso bien y me siento tan feliz por ser la madrina más babosa del planeta. Pero estoy mal. Lo pienso y quiero llorar. Y me pregunto si otra vez estoy enfrentando una prueba de Dios para gritarme en la cara que existe y que quiere que me arrodille y le pida cosas. No lo voy a hacer. Creo en la justicia de las cosas, en algún tipo de balance natural, en mi amor y en el de los demás. Necesito creer que todo este amor que sentimos sirve para algo. Necesito que me sirva a mí para dejar de llorar y concentrar mis fuerzas en sostener a los demás, a los que pueda. Y a los que no, que me sostengan a mí. Pero sobre todo fuerza para vos, que sos el fortachón de la familia, Tutin <3
I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.
martes, 1 de noviembre de 2016
viernes, 21 de octubre de 2016
Cactus
Esos segundos en que te despertás y te sentís bien porque no recordás lo que pasó la noche anterior nunca duraron tan poco como hoy. Vos te vas a reír, pero el mundo de los sueños es un lugar difícil de abandonar y de mi habitación hasta la cocina hay una escalera. Me desperté durante la madrugada para tomar agua y bajé con los ojos cerrados, todavía pensando en colores oníricos. No te preocupes, sobreviví tanto al viaje de ida como al de vuelta. Pero estos días llovió mucho y el cajoncito de frutas lleno de macetas de cactus que suelo tener en el techo, estaba peligrosamente cerca de la cama para evitar que se mojara. Y como cualquier ser humano que se respete, yo había bajado descalza. ¿Ya sacaste alguna conclusión de esta historia? Lo bueno es que los cactus están enteros. Yo seguía con tanto sueño que el grito que pegué sólo duró algunos segundos. Y las espinas que me clavé en los dedos y la planta del pie (¡no olvidemos el tobillo!) siguen ahí. Intenté con pincitas de depilar y agujas, pero no hay caso. ¡Cuando las cosas llegan a los centros no hay quien las arranque!, dice García Lorca.
I drink to remember, I smoke to forget
Some things to be proud of, some stuff to regret
Run down some dark alleys in my own head
Something is changing, changing, changing...
Some things to be proud of, some stuff to regret
Run down some dark alleys in my own head
Something is changing, changing, changing...
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Cambié el formato. Wow, qué frase. Cambió todo, ¿no es eso la vida, después de todo? Cambiar salvaje y locamente, todo el tiempo (parafraseando a Aprile). ¿No me veo más madura? ¿Mis pensamientos no se ven más siniestros con este verdecito y el fondo transparente? Esos libros no le quitaban intensidad a mis palabras? Veremos. Cuesta adaptarse, ¿no?
lunes, 26 de septiembre de 2016
martes, 20 de septiembre de 2016
sábado, 17 de septiembre de 2016
Despedida
Vine creyendo que todavía podía ser una broma. Que apenas abriera la puerta ibas a aparecer corriendo a recibirme... Estoy sentada en el patio y sigo esperando que bajes la escalera y apures el paso al verme. Papá ya sacó de la cocina tu plato de comida y agua. Hasta sacó la lata donde guardábamos el alimento balanceado. Tu canasta de mimbre está afuera, con su almohadoncito y tu rascador que nunca usaste. Recién llegó y me pidió que me lleve todo porque le duele demasiado ver tus cosas. Cada vez que se iba a quebrar, se alejaba un poco para que no lo viera. "A mi me criaron en un mundo donde los hombres no lloran, me dijo, pero esto me supera". Y nos abrazamos. Con los dos brazos y el llanto en su hombro. Por primera vez parecimos padre e hija. No aguantamos tanto dolor, Jas. Traje conmigo tus dientes de leche que siempre guardé con tanto amor. Removí un poco la tierra que te cubre y los dejé ahí, junto con una pequeña notita. Lo que te escribí es cosa nuestra. No sé si es tonto, pero sentí la necesidad de hacerlo. Sé que ya no sos ese cuerpo que descansa debajo de la tierra, sino un sinfín de recuerdos que nos sacan una sonrisa. Verte entrando por la ventana, tomando agua de las canillas, durmiendo arriba del auto, metiéndote en cada caja aunque te quedara chica. Se me rompió el corazón, Jas. Nos dejaste y ese vacío no se va a llenar jamás. Eras una de las pocas cosas que me unía a mi papá. Se tuvo que ir a trabajar y me pidió, antes de irse, que te llorara un sólo día más pero que después te dejara ir. "Y aunque Jasper no esté más, tampoco te olvides de mí", agregó. Y yo me quedé llorando. Odio saber que va a estar solo. Otra de las razones por las que no te llevé conmigo cuando me fui fue que se hicieran compañía con papá. ¿Quién lo va a cuidar ahora? Me siento demasiado triste. Entre tantas cosas papá también me contó que tus últimos dos días te ibas a dormir a mi cama, cuando habías empezado a dormir con él hacía meses. Quizás sea casualidad. Quizás me buscabas a mí para despedirte. Después de todo esa pieza fue más tuya que mía. Pero para cuando llegué creo que ya no me reconocías. Te acaricié las orejas, te besé y te dije que todo iba a estar bien. Estaba convencida de eso. Esta primavera cumplirías seis años. Jasper Jones. Siempre me vas a sacar una sonrisa y una lágrima. Tengo mucho miedo de olvidarme de vos. De la suavidad de tu pelo, de lo pesado que eras, de cómo se amoldaba tu cuerpo para dormir sobre mis piernas, de tus bigotes, tu oreja cortada de la vez que te peleaste con el gato vecino. Tus almohaditas rosadas, tu cola peluda. En la cocina todavía hay alimento balanceado tirado por el piso. En la heladera hay fotos tuyas. Los zapatos de papá rotos porque te afilabas las uñas. Me da mucho miedo que esas cosas desaparezcan y nos olvidemos de vos. No quiero que el tiempo pase y los recuerdos pierdan intensidad. Quiero recordarte siempre con el mismo amor. Pero tengo que dejarte ir. Duele demasiado. Cuidalo a papá, por favor, donde sea que estés.jueves, 15 de septiembre de 2016
Adiós, amigo
Fuiste mi mejor amigo. Al fin comprendí a qué se refieren esas palabras que me parecían vacías. Fuiste un gran compañero por muchos años y ahora me toca despedirme. No sé por dónde empezar. Lo único que siento es dolor en este momento... Pero también gratitud, hacia tu existencia y todo lo que me diste. Generaste un gran impacto en mi vida. Me enseñaste que se puede ser feliz con muy poco. Me hiciste reír y enojarme muchas veces en los mismos momentos. Cada vez que tiraste cosas de la mesa o de los muebles. Vasos, tazas, adornos, ropa, lo que fuera. Cada vez que me despertaste en medio de la noche porque querías comer o simplemente tenías ganas de que me levantara y te hiciera compañía. Tengo tantos recuerdos. El día que te adopté en la plaza de San Miguel, eras tan chiquitito que entrabas en mi mano. Pero me miraste y me elegiste y no tuve otra opción que amarte. Fuiste la primera vida que cuidé de verdad, porque nos habíamos elegido y eras mi responsabilidad. Y ya sabemos que uno es responsable para siempre de lo que domestica. Te compré juguetes, rascadores, canastas de mimbre para que durmieras... Y preferías jugar con las colitas del pelo, afilarte las uñas con mis libros y dormir sobre mis piernas amasándome la panza. Siempre fuiste en contra de las reglas, como todo gato que se respete. Y te hiciste amar no sólo por mí, sino también por mi papá... Quien ahora llora tu ausencia tanto como yo. Lo llegaste a conocer mucho, ¿no? Se hace el duro pero siempre te quiso. Lo vi muchas veces tratarte como una mascota en público y después malcriarte como a su hijo cuando creía que nadie lo veía. "Jasper, bajate de la mesa" te decía cuando había visitas. Y tantas mañanas me levanté y lo vi desayunando entre tu cuerpo todo estirado sobre el mantel, porque siempre disfrutaste de acostarte ahí, donde queríamos poner la taza o el plato o el libro. Para vos lo más importante era estar presente, impedirnos que nos centráramos en otra cosa. Y sí, vos también nos domesticaste. Y sos responsable de todo este amor que sentimos, que parece dolor porque no aguantamos que nos hayas dejado... Pero vamos a estar bien. Vos ya no querías sufrir más y tenemos que aceptarlo. Después de todo bailaste en la línea divisoria bastante veces. Ya entiendo también eso de que los gatos tienen muchas vidas. Sobreviviste a la hepatitis que te atacó dos veces, a los resfríos, a ese maldito moquillo e incluso a la pata quebrada. Ya no querías sufrir más y lo entiendo. Es sólo que me hubiera gustado estar ahí. Me fui de casa hace algunos meses y te dejé, me cuesta vivir con esa decisión. Te dejé para que estuvieras mejor, porque en mi casa nueva no ibas a tener pasto ni sol ni mucho espacio. ¡Y cuánto te gustaba echarte al sol y dormir toda la tarde! O caminar por los techos y observarlo todo. Visitar a los vecinos, pelearte con otros gatos en el techo, afilarte las uñas en los árboles, intentar caza bichitos. No ibas a poder hacer nada de todo eso en mi departamento. Por eso te dejé con papá, para que siguieras siendo feliz. Y lo fuiste. Cada vez que fui a visitarte te encontré feliz y sano. Gordo, peludo, holgazán. Y siempre me recibiste con mucho amor. Salía al patio a llamarte a los gritos y bajabas de la terraza corriendo desesperado, porque conocías mi voz. Y te refregabas en mis piernas, pero no me dejabas acariciarte mucho. Enseguida salías corriendo al patio y te escondías entre las plantas, para que fuera a buscarte. Y entonces empezábamos ese juego que inventaste hace muchos años y me enseñaste con tanta emoción, de corrernos por toda la casa. Primero yo te corría a vos y cuando llegábamos a alguna pared, pegábamos la vuelta y vos me corrías a mí. Cuando eras cachorro el juego duraba mucho tiempo, pero los últimos años empezaste a cansarte más rápido. Entonces simplemente te acostabas en el pasto y me mirabas como diciendo "No quiero jugar más, pero igual te gané". Estuviste ahí siempre. Cuando me peleaba con mi papá y me encerraba en mi pieza venías y te quedabas conmigo. Cuando Fede se quedaba a dormir, te las ingeniabas para acomodarte entre nuestras piernas y dormías con nosotros. Mi cama siempre fue tu cama, con tus seis kilos de gato te estirabas y dormías súper cómodo, mientras yo me adaptaba a la forma de tu cuerpo y siempre terminaba durmiendo sobre la madera o pegada contra la pared. Y te alimenté, te puse incontables pipetas porque siempre se te subían las pulgas, te llevé al veterinario. Incluso cuando no querías y me odiabas. ¡Qué difícil fue cuidarte a veces! Recuerdo los días en que tuve que ponerte yo las inyecciones porque te estresaba demasiado ir al veterinario. Y tenía que engañarte de alguna forma para que no te dieras cuenta de que tenía la jeringa en la mano... Pero empezaste a descubrirme y no querías que te tocara. Y yo sufría de verte mal. Pero te recuperaste. Nos salvamos los dos incontables veces. Creí que iba a ser así siempre. Que ibas a estar cuando fuera madre y te iba a presentar a mis hijos y te iban a querer tirar de la cola. Que Agustín y Matías te iban a perseguir por la casa gritando "¡Gaaaa!". Al menos Agustín llegó a conocerte, con lo mucho que le gustan los gatos. Gracias, Jas. Por estar ahí cada noche de estudio, cada día triste y feliz, cada fiesta, cada momento. Me hiciste inmensamente feliz. No creo en Dios o el cielo, pero quizás pueda creer en la reencarnación o en algo más, algún lugar donde uno pueda reencontrar lo que perdió en el camino. Ojalá volvamos a vernos, así me amasás la panza otra vez y te dormís sobre mis piernas y te lleno de besos hasta que te canses y te vayas... Pero nunca demasiado lejos, porque los mejores amigos están juntos siempre.
jueves, 18 de agosto de 2016
Me dijo que si no creía en Dios para pedirle, que al menos me repusiera para enviar buenas vibras. Alguna vez lo dije, lo repito, creo que en el amor por sobre todas las cosas. El amor a ellos. Todo mi amor está en su dirección, nace y crece ahí, hacia donde sea que vayan ellos dos. Tenemos que ser fuertes. El amor es eso, soportar lo que sea por el otro. Aguantar, aguantar, aguantar. Todo va a salir bien, porque creo en él y en el amor. No puedo confiar ni tener fe en nada más.
Recuerdo que hablaba una vez con un amigo, me dijo que "no podía querer tanto a su sobrino" porque era chiquito y todavía "no había hecho nada que mereciera su cariño". Sí, ese amigo tiene serios problemas, lo sé. A veces me pregunto igual qué tan errado puede estar. En ocasiones me manejo así con las personas. Pero ¿cómo no voy a amar a mis sobrinos con la última gota de amor que me queda? Daría lo que fuera por ellos. Suena trillado, pero es así. Y es cierto, a uno no lo conozco todavía. No hizo nada para "merecer" mi amor... Salvo existir. Ser él. Pero lo amo tanto. Necesito conocerlo y que él me conozca y decida si quiere amarme también. E incluso si no lo hiciera, seguiría dándolo todo por él y preocupándome toda la vida, como hacemos con los seres amados. Creo en él, creo en los dos. Creo, creo, creo, creo, creo, creo.
miércoles, 3 de agosto de 2016
miércoles, 13 de julio de 2016
Creo en vos
Hoy, sin ir más lejos, me preguntaron en qué creía. Es una pregunta tan simple y tan compleja a la vez. A veces ni siquiera sé si creo firmemente en mí misma. Sobre todas las cosas, de lo único que estoy plenamente convencida es del amor incondicional que siento por mi ahijado. Quizás es demasiada responsabilidad para él cargar con todo el peso de mi fe, pero es lo que hay.
Soy una pelotuda, by M
Digamos que me recibí inexorablemente de pelotuda. Hasta intenté convencerme a mí misma y a los demás de que no lo era, como todo pelotudo que se respete. Luego siguió la aceptación, ese preciso y precioso momento en que te das cuenta de que todos te observan incómodos y compasivos, cuando no divertidos, y no te queda otra opción que abrazar tu pelotudez y salir con la frente en alto.Supongo que sabés de lo que hablo. Si no te graduaste en ese campo debe ser porque te falta mucha cancha en esto de hacer el ridículo. A mí por suerte me sobra experiencia. Y digo que por suerte porque a la larga termina resultando divertido ser un pelotudo eventual, siempre que no se haga costumbre. En tal caso recomiendo ejecución inmediata.
martes, 14 de junio de 2016
Live by the Creed
"To say that nothing is true, is to realize that the foundations of society are fragile, and that we must be the shepherds of our own civilization. To say that everything is permitted, is to understand that we are the architects of our actions, and that we must live with their consequences, whether glorious or tragic."
domingo, 22 de mayo de 2016
- Oh, cariño... -me dijo- Tú no podrías hacerme sentir mal con tus palabras ni aunque tu vida fuera en ello. Eres demasiado dulce como para herir a nadie.
Y aunque yo sabía que aquella era una gran cualidad de mi personalidad, no pude evitar sentir que su comentario tenía connotaciones negativas. Él no estaba diciéndome que era una buena persona ni que me admiraba. A sus ojos yo era una mujer débil y voluble que se reía demasiado de todo lo que decían los demás. En la vida real había que ser como él, más sarcástico y venenoso.
- No, supongo que tienes razón -le respondí y sonreí, con esa expresión sumisa de torcer la boca hacia un costado y bajar la vista.
Después de todo era una buena táctica. Él me devolvió la sonrisa, totalmente seguro de sí mismo y de su control. Era la mejor forma de asegurarme de que no estuviera preparado para lo que se le venía encima.
You can't tell me to feel
¿Sabés por qué me molesta? Porque no te miran como yo. Te miran con deseo, mientras yo te miro con cariño. Quiero cuidarte... ellos quieren mucho menos. ¿Entendés la diferencia?
Cada paso que doy va narrando un cuento
Galés suspiró y se mordió el labio, visiblemente irritado. Le pasaba más veces de las que quería cuando hablaba conmigo e intentaba entenderme con toda su determinación. Yo me relajaba, pero él necesitaba saber. Siempre quería más y más de mí. Seguramente creía que yo era un barril de misterios sin fondo. Por supuesto, estaba equivocadísimo. Había días en que Paz era lo que se veía: pura superficialidad. Estábamos discutiendo sobre mis pasiones y las suyas, sobre lo que le hacía feliz a cada uno.
- Tinta es tinta, ¿no? -me preguntó- Vos escribís en papel y yo me escribo la piel.
- Es una hermosa forma de vivir -le respondí-. Así dejamos huella...
domingo, 24 de abril de 2016
Malditos sean los escritores
Creí que con los años iría perdiendo ésta... ¿cómo describirlo? ¡Intensidad! con la que me comprometo con los personajes de un libro. Y, sin embargo, sigue afectándome de la misma forma o quizás peor. Entro en una especie de depresión y tristeza cuando sé que es hora de despedirme, de dejarlos ir. ¿Estoy condenada a perder una y otra vez lo que amo, cuando se me acaban las páginas de uno de mis más grandes amigos y compañeros? Qué difícil es la vida de un lector. Tan cerca y tan lejos... Enamorarse de aquellos que jamás podrán tener. ¿No es ese un dulce castigo? Malditos sean los escritores, por recordarnos constantemente lo solos que estamos y vendernos la ilusión de que podemos aspirar a más, de que esas hermosas almas que nos atraen como un imán son palpables y reales... Y no maravillas etéreas que se desvanecerán con el correr de las páginas para morir, finalmente, ahogados por nuestras lágrimas, cayendo hacia el fondo de nuestros corazones.
Me hablaba de Cortázar constantemente. Y yo me preguntaba por qué mis amores imposibles me conducían al querido Julio una y otra vez. Quizás el destino quería llevarme a la compañía de sus palabras para cuando el mundo estallara y me quedara, por fin, sola. Sola con los párrafos y los capítulos que me esperaban...
"No tengo nada que perder", le había dicho. Por supuesto que al final de la oración incluyó algún te amo. Creí que sentía celos, pero era mucho más que eso. Quizás la palabra "nada" era lo que hacía eco en mí. ¿Cómo que NADA QUE PERDER? ¿No me perdía a mí, acaso, cada día que la elegía a ella? ¿No perdía mis abrazos, mis besos, mis suspiros al hacer el amor? ¿O todo eso para él no era más que un bonus extra que le regalaba la vida por ser un novio tan maravilloso? Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero mi corazón sabía demasiado y mi cabeza no paraba. No creía, de todas formas, que aquello fuera un verdadero sufrimiento. Al menos, no por el momento. Pero, ¿cuánto más podría aguantar antes de estallar?
miércoles, 20 de abril de 2016
martes, 19 de abril de 2016
Crónicas perdidas III
Como siempre, el conocimiento enriquecía pero también pesaba. Quisiera decir que maldecía el día en que había decidido preguntarle qué sentía por mí -catalizador final de mi propia epifanía-, pero en verdad no lo hacía. ¿No era mejor dejar las cosas claras? Muchas veces nos habíamos dicho "te amo", pero siempre entre frases amistosas o disfrazado entre bromas. Como si decir "uf, sos tan gracioso, te amo" no tuviera significado. Pero ahora era diferente. Ésta vez me lo había dicho sin risas ni preámbulos. Sin un contexto que lo desestimara. Y yo no lo podía digerir, ni asimilar. ¿Debía responderle? ¿Decirle que sentía lo mismo? ¿O era egoísta amarrarlo a mí de esa forma? ¡Más egoísta que amándolo! Todavía recordaba la tarde en que me temblaba el cuerpo casi imperceptiblemente porque sabía que me iba a besar. Cinco años después no me había olvidado de la sensación.
Me pregunto si algún día daré con una definición del amor que me satisfaga. Mi mayor problema es que a medida que crezco, voy cambiando de parecer. Hoy creo que amor es sacrificarse por el otro. ¿Cómo puede uno comprometerse con lo que siente y etiquetarlo de amor si no tuvo que renunciar a nada para conseguirlo? Es muy fácil amar cuando tu objeto de deseo es único, cuando no hay nadie más. Lo verdaderamente difícil es saber que tenés otras opciones, contemplarlas, experimentarlas incluso... Y, aún así, volver. Amor es volver a casa. ¿O no?
Crónicas perdidas
Era otra de esas noches en que pensaba y sacaba conclusiones y tomaba decisiones con el coraje que no tenía de día. Siempre que estaba con Simón me dejaba envolver por el manto de magia que nos había unido alguna vez. Sonreía porque sí, me mordía el labio, me sentía feliz. Y si lo conocía, y creía que sí, a él le pasaba lo mismo. Le brillaban los ojos y apoyaba mi cabeza en su hombro mientras absorbía el olor de mi pelo con cautela, para que yo no lo alejara riéndome. Sentía tantas cosas por él. Pero no habían sido suficientes en su momento ni lo eran ahora. Pensaba en lo que tenía y no quería perder y no se comparaba con lo que deseaba. Entonces me preguntaba, ¿por qué si no era amor me arriesgaba a perderlo todo por él? ¿Por qué si no era amor me complicaba la vida por obtener las sobras de un Simón que alguna vez se había entregado completamente a mis disposiciones? Lo había querido, lo había tenido, lo había dejado. Y después nos habíamos reencontrado como amigos. ¿No sería ese el summun del engaño? ¿Disfrazar de amistad un amor retorcido? Y sin embargo jugábamos con fuego, porque aunque no habíamos hecho nada, sabía perfectamente cómo me miraba y, lo peor de todo, sabía cómo lo miraba yo.
'Cause you use your heart as a weapon
And it hurts like heaven
Él no lo sabía, pero cuando se paraba en un determinado lugar de la habitación, y yo le daba la espalda... Podía ver su reflejo en el ventanal. Y entonces sabía que me estaba mirando o podía, simplemente, mirarlo a él. Era un placer privado del que disfrutaba en silencio. Había dos tatuajes que asomaban bajo la manga de su remera, justo en el triceps. Claro que su piel tenía muchas otras marcas (tatuajes y heridas, como los puntos del tobillo que le impedían olvidar el accidente del día de lluvia), pero disfrutaba mucho más de lo poco que alcanzaba a ver. Era casi como una promesa, una tentación, un atisbo de sensualidad. Qué calvario era conocer exactamente la ubicación de cada tatuaje y la forma en que su ropa se adaptaba a su cuerpo cuando se encontraba en posición horizontal. Qué castigo que pasáramos tantas horas al día juntos pero rodeados de toda esa gente que nos hablaba y nos ponía en la incómoda situación de tener que dejarnos la ropa puesta. Y esa remera negra que me llamaba, me conocía, me aturdía...
sábado, 9 de abril de 2016
Noche vieja
Termina una etapa o empieza o una nueva o un poco de ambas. Qué pasará, quién lo sabe. Y al que sepa que se lo guarde, no quiero saber. Iba a llamar a mis amigas para que me ayudaran, pero preferí hacerlo sola. Empacar. Revolver la habitación, dejar todo patas arriba y meterlo en cajas que me robé de los negocios... para transportarlas a un lugar nuevo y volver a desperdigar todo en un orden más o menos coherente. Bienvenidos a la era de la mudanza. Hoy es mi última noche en ésta habitación como la conocí durante toda mi vida. Bueno, salvo esa época oscura de mi niñez en que viví en el pasillo, jeje. Adiós, paredes rosadas y verdes. Adiós, ventana sucia. Adiós, estrellas en el techo y pósters de bandas y series. Adiós, privacidad. Las primeras dos horas de hacer las valijas constó de Mery sentada en el suelo ordenando libros. Me di cuenta de que mañana cuando tenga que transportarlos, voy a estar realmente nerviosa. ¿Y si no se adaptan al nuevo ambiente? ¿Y si se marchitan? ¿Y si los párrafos empiezan a secarse y las letras se mueren? ¿Y si soy yo la que no puede escribir en otro lado? Mi computadora sigue enchufada y estoy sumergida en el caos más grande desde la última vez que pinté y mi papá me obligó a darme un baño porque era una masa de mugre y pintura y la casa era un desastre. Pero ahora es diferente, ahora me voy. Quién lo hubiera dicho. Pero ya era hora, ¿no? Tengo veinticinco años. No sé por qué uno está programado para decir eso como si fuera un argumento. ¿Qué tiene que ver la edad? Pero supongo que igual tenía que irme. Ya no me da más la cabeza para estar acá. ¿Dije, además, que voy a vivir con un hombre? Que Dios me salve. Pero, por sobre todo, que lo salve a él. Baluarte, Elvira Sastre
Estaba
loca,
su
tristeza no era de este mundo,
a
veces estallaba a reír cuando me lloraba sus penas
y
solía enredarse el pelo cuando le iba bien.
Se
pintaba los labios antes de dormir:
“quiero
estar guapa para mis sueños”, me decía.
Luego
se levantaba con el rímel corriéndose en sus ojeras,
como
en mis mejores fantasías,
y
me preguntaba la diferencia entre una nube y una ola.
Yo
la observaba en silencio
-un
silencio consciente,
pues
ella era una de esas mujeres
que
te hacen saberte derrotado antes de intentarlo-,
como
si tratara de vencerla sin palabras,
como
si esa fuera la única forma.
Ilusa.
En
ocasiones
todo
lo que hay más allá de alguien es superfluo
y
todo lo que hay dentro de uno es redundante.
No
lo sé,
le
hubiera repetido un millón de veces por segundo
que
era más guapa que un pájaro sobrevolando el mar
y
que sabía más dulce que la caricia de un padre,
pero
ella estaba loca,
loca
como un silencio en medio de una escala,
y
solo me besaba cuando me callaba.
Maldita
zorra.
Solía
decir que los peces eran gaviotas sin alas
y
era imposible tocarla sin que gritara.
Yo
lo disfrutaba: era un instrumento delicioso.
Cuando
le decía que amaba su libertad
se
desnudaba y subía las escaleras del portal sin ropa
mientras
me decía que echaba de menos a su madre.
Cuando
tenía miedo
se
ponía el abrigo y se miraba al espejo,
entonces
se reía de mí y se le pasaba.
Cuando
tenía hambre
me
acariciaba el pelo y me leía un libro
hasta
que me quedaba dormida.
No
sé qué hacía ella después,
pero
cuando me levantaba ella seguía ahí
y
mi pelo estaba lleno de flores.
Un
día se fue diciendo algo que no entendí,
supongo
que por eso empecé a escribir.
Me
dijo:
no
me estoy yendo,
solo
soy un fantasma de todo lo que nunca tendrás.
Maldita
zorra.
Maldita
zorra loca.
Estaba
loca,
joder,
estaba
loca.
Tenía
en su cabeza una locura preciosa.
¿Cómo
no iba a perder la puta razón por ella?
viernes, 8 de abril de 2016
Tarde trillada: llovía, sonaba Coldplay de fondo y yo me moría de ganas de tomar un té bien caliente. Y no se podía. También me habría gustado acostarme a ver una película con Galés. Pero qué se le iba a hacer. Una casa sin muebles, paredes sin cuadros, ventanas sin cortinas, almohadas sin funda. Una vida llena de ausencias. ¿Quién andaba ahí? Era Paz que venía a complicar las cosas. A lo grande.
jueves, 7 de abril de 2016
Lo que me gusta de Palermo son esas callecitas adoquinadas que aparecen de la nada y son angostas y están llenas de autos estacionados y me transportan hacia un lugar que desconozco, algún otro país mental en donde yo sería otra Mery. Y me desvío del camino sólo para pasar por esas veredas de ensueño y cerrar los ojos, sólo por un momento, e imaginar...
lunes, 4 de abril de 2016
Lo más loco es que cuando me fui de mi casa esta mañana, el reloj marcaba la misma hora que veo ahora que volví a entrar. ¿Será "loco" la palabra que defina mejor el sentimiento que me asalta? ¿Será que perdí otro día de mi vida parada en esa maldita recepción mirando la lluvia, las mesas vacías, los clientes que se toman un cafecito y charlan sobre vaya-uno-a-saber-qué, las miradas cómplices de la anfitriona y el runner, las risas de los cocineros y el pino lemon de la maceta que cada día se marchita un poco más? ¿O será que las horas se me hicieron eternas porque mi cuerpo vestía la calza negra y la camisa blanca, ahí parado, inútilmente... mientras mi mente se tomaba el colectivo? "Cuatro pesos, por favor". Y a viajar una hora y media. O más. Hoy llovió toda la tarde, así que probablemente más. Pero, ¡qué va! si a eso de las seis salió el sol. domingo, 27 de marzo de 2016
Co-workers
Viene Chile y me dice que "figurita repetida no llena el álbum" y a mí me vuela la cabeza. Tanta sabiduría en una frase tan chiquita y simple. Estábamos hablando sobre el trabajo y en esa frase me resumió por qué no quiere volver a su puesto anterior en un bar donde le pagarían mejor. ¡Se aplica en tantos contextos!
martes, 22 de marzo de 2016
De alguna forma las cosas fueron demasiado lejos y ahora ya no tiene sentido pensar en volver atrás. Para qué. El egoísmo del amor no cambia jamás. Uno quiere lo que quiere. Y ni vos ni yo vamos a venir a modificar el curso de esta novela. Ciertos capítulos se escribieron con sudor y sangre. Y yo soy la que se dedica a clavar los puñales una y otra vez. Ni siquiera es adrede. Mis dedos se vuelven dagas y en cada abrazo te hiero un poco más. Y con cada beso te resto vitalidad. Mi amor es así y no quisiste creerme cuando te lo advertí. Ustedes, humanos, son tan incrédulos cuando se lo proponen. Tienen al asesino serial en frente de sus ojos y lo invitan a tomar un café. Nosotros también lo hacemos, pero porque vivimos del sufrimiento. Ustedes podrían ahorrárselo. Pero qué sentido tendría mi existencia si fueran menos suicidas. Y ahora todo se me fue de las manos, por primera vez. Ahora siento el pinchazo de mis dagas en mi propio cuerpo. Mientras camino, el vaivén de los brazos me hiere en el costado. Y dejo un rastro de sangre a mi paso, que va escribiendo una nueva historia llena de dolor y errores. Pero de eso ya vas a saber más adelante, cuando me termine de desangrar.
Amigos a distancia
Dejá de desvelarte con mi blog. Existís más allá de mí. Anda a escribir un poco más de todo eso que el mundo espera de vos. Andá a caminar un rato y sonreíle a un extraño en la calle, vas a ver qué bien se siente. Acostate a mirar el cielo cuando el sol queda oculto detrás de las nubes y preguntate cuánto te perdés por buscar la luz. La belleza permanece cuando menos lo esperamos. Dejá de leer mi blog y sentate a escribir. O escribí mentalmente mientras corrés o hacés la cama o te das una ducha. Pero que las palabras no se pierdan, que el pensamiento no se muera. Que se sepa. Quiero que se sepa de vos. Quiero ir a una librería y que haya un libro con tu nombre y yo sepa que fui parte de su crecimiento. Que sepa que ayudé a regar las raíces de una vida. Me dijiste que para vos también la reacción en cadena es infinita y que todos influimos en la vida de los demás. Muy Na'vi de nuestra parte. Todos somos uno. En todas tus palabras estoy yo, y en las mías estás vos. En cada libro habrá una frase que te recuerde a mí, que te diga a gritos que podría haber salido de mi boca o de mis manos. A mí también me pasa. Todos estamos en todo. Por eso no podés detenerte. Por eso siempre seré la voz que te grita desde el fondo de tu cabeza que tenés que activar, que podés más de lo que pensás y que sos el creador de cosas y sentimientos hermosos. Incluso si te detenés o si dudás en el camino, que te esfuerces por llegar a lo que soñás significa muchísimo para mí y para el mundo. Necesitamos más de eso: empuje, ganas, amor, sueños, imaginación. No te detengas.
En casa ajena
Personas que creíste que siempre iban a estar ahí y hoy pasan días enteros sin que pienses en ellas. Y no es responsabilidad de nadie. Acá no hubo mentiras ni falsas promesas. Acá hay vida. Cosas que pasan, van y vienen y nosotros nos quedamos viendo cómo todo sigue su camino. A veces con unos, a veces con otros. Igual hay días en que extrañás eso que fuiste cuando no estabas solo. Igual hay días en que no te hacés problema por nada más que lo inmediato. Qué comer, dónde dormir, a qué hora salir a trabajar. Pero te seguís mintiendo, seguís creyendo que en tu corazón no hay más que ganas de seguir adelante, ¡y te equivocás! (como siempre, por otro lado). Porque lo que vos querés es que te quieran. Que te quieran bien. Que no se olviden de vos, que te necesiten, que pregunten cómo estás. Y seguís en el tren, leyendo un libro y escuchando música con el oído izquierdo porque el otro auricular se rompió la semana pasada y no tuviste ganas de ir a comprar unos nuevos. Y así pasa con todo lo demás: te acostumbrás a usar cosas rotas porque dejarlas y conseguir algo nuevo requiere demasiado esfuerzo. Pero la música se escucha mucho mejor con los dos auriculares. Eso lo aprendí con Northern Downpour y la voz de Brendon cantandome sin pista. Pero que sea tu elección, no dejes que la comodidad te corte las piernas. Si andás como un inválido por la vida que sea porque querés y no porque no te animás a otra cosa. No te quedes en la zona de confort sufriendo. Soltá todo eso que te amarra a lo que odiás de vos. Acá hay vida.
lunes, 14 de marzo de 2016
ESCRIBIR
-
¿Y vos por qué escribís? –me preguntó. La
pregunta era válida, pero la respuesta era extremadamente íntima para lo poco
que nos conocíamos. Así que en vez de contestar, le dije:
-
¿Y por qué escribís vos?
-
Yo escribo porque es la única forma de sacar mis
demonios. Porque pone a prueba mi ingenio y, te digo la verdad, porque me hace
sentir realmente vivo.
-
A ver, ¿cómo es eso?
-
Digamos que lo que me impulsa es el conflicto,
todo lo que guardo en mi corazón y todo lo que observo, lo que me conmueve o estremece
día a día. Pero, inversamente, cuando escribo el mundo desaparece y sólo
existimos el papel y yo. Los personajes se vuelven mi realidad.
-
A veces… –dije sin pensar, motivada por sus
palabras- Cuando tengo una idea, me persigue por días o semanas hasta que me
siento a escribir. El proceso creativo es difícil de explicar porque involucra
la imaginación, las manos, el cuerpo, la mente…
-
¡El alma!
-
Cuando creás, perdés algo que se queda en lo que
hiciste. Aunque en realidad no perdés, sino que invertís una parte tuya que en algún
momento va a impactar en otra persona, una y otra vez hasta que la reacción en
cadena te vuelva inmortal. Para mí la escritura es como una picazón. Te pica un
poquito, a veces, y te acostumbrás. Pero hay días en que no lo soportas y tenés
que lastimarte la piel, porque la raíz de la picazón está abajo, donde no se
ve. Y entonces sangras sobre un papel o un teclado y tu corazón se transforma
en palabras.
-
¿Sentís que escribir te hiere?
-
Por supuesto. Cada vez pierdo más de mí. Pero en
cada pérdida descubro otras cosas. El alma es infinita a la hora de escribir. Hay
mucho de mí que se glorifica cuando lo pierdo, pero en esa desintegración es
mucho más lo que gano.
domingo, 24 de enero de 2016
miércoles, 20 de enero de 2016
EstoEsAmor
Hasta hace poco creía que los bebés no tenían gracia. Mamadera, pañales, baba, vómitos y llanto. Durante toda mi vida un bebé fue para mí una bolsa de sinónimos del horror. Y entonces, como con taaaaantas otras cosas, la vida me dio una patada en la cara y me gritó ¡ESTÁS EQUIVOCADÍSIMA! Ahijado es una palabra rara porque abarca todo lo que siento por él pero, a la vez, se queda corta. Demasiado corta. Dicen que el amor por un hijo no tiene comparación, pero calculo que lo más cercano debe ser el amor de tía y madrina. Son títulos hermosos para lo que nos une, pero hay mucho más para lo que simplemente no hay palabras. Y ese bebé, con sus pañales y vómitos, me da las mejores horas de mi vida. Porque se enoja cuando no le quiero dar mi celular y me grita ¡MÁÁÁMA! (por ahora es la única palabra que maneja, así que la usa para todo y todos, cambiando los tonos según lo que quiera lograr). Cuando quiere que le alcance algo me dice ¡AMÁM! y yo voy corriendo y le bajo la luna, un par de estrellas y el sistema solar completo. Y ayer pasó algo increíble. Hace un tiempo nos dimos cuenta de que no le gusta que su mamá grite, aunque sea jugando. Mi hermana pega un gritito, inclusive de emoción, y él se pone a llorar. Yo estaba peleando de manos con mi novio y él me abrazó y me dio un pequeño mordisco en el brazo, todo parte de un juego tonto. ¿Qué hice? Grité. Mi ahijado tiene casi once meses, nada más que eso, y se bajó de los brazos de su mamá, gateó hasta mí y me estiró los brazos para que lo levantara. Entonces empezó a tocarme la cara, como asegurándose de que yo estuviera bien, y lo empujó a mi novio, que seguía parado al lado mío. Todos nos quedamos impactados y yo me morí de amor. Y ni siquiera tiene un año. Yo sé que siempre voy a estar para él, cuando quiera reír y llorar y jugar y romper cosas. Pero él también va a estar para mí, en la medida de sus capacidades, y me va a brindar todo su amor. Un amor lleno de sonrisas, de caricias, de complicidad, de palabras sin sentido, de bailes viendo videítos en Youtube, de perseguir al gato por toda la casa y tannnntas otras cosas más que aprendí de él. Un bebé es mucho más que una mamadera, pañales, baba, vómitos y llanto. También te enseña terriblemente lo que es el amor.
Conexión wi-fi
Creo que la admiración es un acontecimiento mágico. Una vez hablé sobre mis personas favoritas y cuánto me gusta citarlas. Sí, lo confieso: soy una ladrona de almas. Y el primer paso es la admiración (quizás con un poquito de envidia, jeje). Por suerte, hay pocas personas que logran generar ese impacto. Estoy segura, igualmente, de que el mundo está lleno de gente así. Sólo debe ser cuestión de ponerse a mirar y buscar con el corazón. Un día les voy a escribir un libro a todos ustedes, que son parte de mí, y ni siquiera lo van a saber. Se va a llamar "Pasado" y en cada capítulo voy a contar cómo los conocí y cómo los perdí. Un tesoro así no le pertenece a nadie más que a las páginas de una novela.
jueves, 14 de enero de 2016
Ayer la lluvia
Hubo algo musical en el comienzo, como instrumentos que buscaron sonar por cuenta propia. Todo fue tan íntimo.
Pero la música y ese ruido de botellas ya no se prometen nada.
Y ese río sigue ahí.
De un lado está ella. Del otro estás vos.
Entendés lo que tenés que decir.
Y estás dispuesto a hacerlo.
Y ese río sigue ahí.
Emilio Pérez Miguel
Pero la música y ese ruido de botellas ya no se prometen nada.
Y ese río sigue ahí.
De un lado está ella. Del otro estás vos.
Entendés lo que tenés que decir.
Y estás dispuesto a hacerlo.
Y ese río sigue ahí.
Emilio Pérez Miguel
viernes, 8 de enero de 2016
Happy B-day
Lo que no entiendo de los cumpleaños es lo siguiente: se supone que es tuyo, que se festeja un año más de TU vida pero, sin embargo, hay que complacer a los demás. Hay que reunirse y sonreír y hacer de cuenta que todo es maravilloso y recibir gente en tu casa y proveerlos de comida y bebida y música y buenos momentos. Cumplir años es convertirse en un anfitrión sin remedio ni escapatoria.
jueves, 7 de enero de 2016
True Love
Lo que más me gusta de encerrarme durante ocho horas a ver una serie con él, son los minutos posteriores a su final, cuando comentamos lo que nos pareció, los mejores momentos, las actuaciones, la fotografía, la música, los diálogos. Siempre conversamos sobre nuestras apreciaciones. A veces coincidimos, a veces no. Pero nos escuchamos y discutimos respetuosamente, jugo de por medio. Iba a escribir muchas cosas más, pero con esto basta. Ocho horas sentada frente a la televisión me dan ganas de alejarme un rato de las pantallas.
lunes, 4 de enero de 2016
A four letter word
Just one thing holding us together
A four letter word and it lasts forever
Funny one thing led to another,
You came along, filled my days with color
And its been an everlasting summer
Since we found each other
Things are looking up, looking up
There's magic everywhere you go
Strangers stop to say hello
So turn it up, turn it up
As loud as you can make it go
Play until your speakers blow
Listen 'til your ears explode
'Cause love is on the radio
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







































