I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ven conmigo el destino cambió

Pasó un año, quizás un poco más.
No suelo pensar en vos, no dejaste esa clase de huella.
Sin embargo cuando lo hago, me descubro sonriendo. 
Sucedió como con la poesía: retuve lo mejor y lo peor. 
El amor y el odio, un sinsentido interminable.
Cuando me duele un comentario lejano pienso en cada pelea y te recuerdo escapando, poniéndome en la incómoda situación de perseguirte con tal de no perderte.
Después nos veo dándonos un beso una tarde de sol, parecemos una publicidad de pareja hegemónica. 
Arderá tu rastro en mí.
No sé quién serás ahora, 
si hago un esfuerzo desmedido por comprender, creo que nunca supe quién eras.
¿Acaso vos lo supiste a tiempo y por eso te fuiste? 
Me estrellé en tus palabras sin querer queriendo,
buscando en tu rostro actual un vestigio de la felicidad que te prometí y no te di a consciencia.
La estafa fue presagiada mucho antes. 
Acá no hay culpas.
Igual espero encontrarme en tus pensamientos. 
Ojalá aparezca en alguna crónica, me conformo con ser un personaje secundario sin nombre.
Aunque sea un guiño, una referencia encubierta, 
alguien que te llamaba "Pipi" con cariño porque el apodo que te habían puesto los demás era demasiado superficial para alguien como vos. 



jueves, 8 de octubre de 2020

siempre me estoy yendo

Creo que tengo una especie de techo que alcanzo con la gente, del cual no puedo pasar y una vez que me empieza a rozar la cara me falta el aire. De un punto en adelante, solo queda la decepción. Darlo todo y recibir a cambio las sobras, siempre las sobras. Algo del amor que uno cree merecer y toda esa basura. Es cíclico: amo, amo, amo, no me aman. ¿O no me aman de la forma en que espero? ¿la decepción es con el otro o conmigo misma? para pensar. 




lunes, 5 de octubre de 2020

habitarme


Esta es mi casa, por si me encuentro alguna vez tan sola que sienta un dolor muy incómodo en el estómago; para que puedas imaginarte conmigo, tomándome la mano cariñosamente o sonriéndome desde la mesa, quizás con una taza de café y unas tostadas esperándome. 

Cerrá los ojos, ahí va: hay un perro en el barrio que aúlla todo el tiempo como lo haría una bestia mitológica encerrada, me da mucha tristeza imaginar al minotauro en su laberinto, siempre anhelando una compañía, y nos reconozco iguales a los tres en esa soledad sin retorno. 

Tengo un ventanal muy grande, por el que se ve desde mi sexto piso una de las avenida más importantes de la ciudad y siempre hay movimiento: colectivos, autos, gente, edificios, nubes, humo, los días. Todo pasa a través de esos enormes vidrios. 

Mi casa es pequeña, tal vez un poco más grande que un asteroide. Desde la cama se puede controlar casi todo, con la excepción del pasillo que conduce al baño y a la puerta de salida. Hay formas geométricas por todas partes, que no molestan pero llaman la atención, como columnas y relieves, esquinas y huecos aleatorios. 

Hay una ventana más en la casa, pero es muy chiquita. Pienso que al arquitecto la habrá diseñado como una especie de aeroventila, porque a través de ella ingresa un viento reconfortante cuando hace calor o cuando se me quema algo que estoy cocinando. Tiene un cantero en el que comencé a darle forma a un compost, del que nacieron unos brotes que, según me dicen, podrían ser de zapallo o papa. 

Acá viven muchas plantas, a las que cuido con amor y paciencia. Es una hermosa familia de cactus y suculentas, porque no me siento preparada para adoptar algo que requiera más cuidados. 

Mi cama está llena de peluches de zorros, que cada noche tiro al piso y por la mañana vuelvo a acomodar entre las almohadas. 

La mesa tiene cuatro sillas y son de colores diferentes. Por lo general están colmadas de ropa.

Tengo un vecino que practica con su clarinete casi todos los días desde que empezó la pandemia. Probablemente desde antes, pero no se hizo el silencio necesario para que pudiera escucharlo sino hasta que el mundo quedó en pausa. Las primeras semanas practicaba una y otra vez el himno nacional y me hacía sentir dos cosas totalmente opuestas: me remitía a la época escolar y me despertaba un falso nacionalismo, totalmente impuesto por la estructura educativa, a la vez que me generaba mucho desprecio por la hipocresía de la sociedad en sí, que salía a las 9pm en punto a aplaudir al sistema de salud que enfrentaba al virus en los hospitales. 

Hay fotos pegadas por todas partes, es una clase muy particular de obsesión por viajar al pasado y traer al presente la felicidad inmortalizada en papel. A veces siento culpa de ciertas ausencias, otras veces quisiera arrancar algunos rostros para siempre. 

El portero es una persona extremadamente amable, aunque a veces debe sentirse un poco como el perro que aúlla, porque trata de conversar lo más que puede por los pasillos, hasta que su voz se pierde en el eco. 

Hay cientos de detalles más puntuales, pero esos son solo míos, con lo que acabo de regalarte alcanza para que me imagines viendo 43 atardeceres o busques en tus dedos la suavidad de mi acolchado nuevo, que compré en oferta la semana pasada. 

jueves, 1 de octubre de 2020

Estoy en ese momento tremendo en que todo se pone en cuestión y cada comentario es una trompada en la cara. ¿Susceptibilidad? Creo que ese sería mi súper poder en una tragicomedia. 

Cuando era más chica me dijeron que a mi mamá le faltaba serotonina y por eso necesitaba tanta medicación. Es muy probable que nos parezcamos en más cosas de las que creía. Como cuando descubrimos que a las dos nos gusta la costura, los libros y el té, a pesar de no haber crecido juntas.

Hoy terminé de ver The Haunting of Hill House y me gustó mucho el final. Lloré un poco. Es muy interesante la trama, más allá del terror en sí, por los traumas de la infancia, las frustraciones, todo eso que uno arrastra sin darse cuenta o tratando de sacudirse otras cosas de encima. No sirve de nada tapar el sol con las manos, igual te va a empezar a quemar. Hay que hacerle frente a lo que nos sucede, para bien o para mal. 

No sé bien qué pasa. A veces estoy bien, a veces estoy mal. ¿No se le puede escapar a la programación del cuerpo? ¿del destino? ¿Se me van a atrofiar inevitablemente las manos, hasta que no pueda sostener una birome ni presionar estas teclas? ¿Tendré que recurrir a las drogas más temprano que tarde? ¿Será por eso que siento tal rechazo a la idea de que alguien consuma cerca mío? 

No tengo una propuesta interesante que hacerme a mí misma. Ando en línea recta, evito la muchedumbre todo lo que puedo, me rehúso a doblar toda la ropa que sigue desparramada por el departamento. 

¿Qué me mueve? ¿Qué me espera? ¿Qué dejé de buscar? ¿Qué hago?

sábado, 26 de septiembre de 2020

cuando te busco no hay sitio en donde no estés

Desarrollé una afición por la jardinería estos últimos meses. Pasar tanto tiempo encerrada en el monoambiente me hizo mirar en dos sentidos: hacia dentro (mío) y hacia la ventana. Descubrí que me gusta mucho cuidar de mi jardín: compré plantines, tierra y le di vida y color al canterito. Hasta sembré pasto. Ahora veo cada día cómo algunas plantas sobreviven y otras no. Me maravillo cuando vuelvo de trabajar y miro las hojitas cerradas, protegiéndose de la noche. A veces pienso en el principito y su rosa. Busco la metáfora y es clarísima. Me debato entre fumigar o no, ¿quién soy yo para decidir sobre la vida y la muerte? Me cansé de escribir. No estoy bloqueada, es eso, lo entiendo mejor: estoy cansada. La pandemia alivió la presión que ejercía sobre mí la escritura. Mientras remuevo la tierra, mientras les canto a los cactus y los riego, tengo la mente en blanco. Pienso en nada. Por el mismo motivo me gusta J: no me exige una posición frente a todo. No me pregunta qué leí. No me juzga por tomar un café con leche de vez en cuando. Con él y con las plantas me siento relajada. No tengo que esforzarme por ser o por saber. Puedo bajar la guardia y descansar la cabeza. Al fin.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Entro despacito, no vaya a ser que te asustes de mis portazos. Me sorprendo por tu ausencia, aunque es una sorpresa sobreactuada, exagerada. Sabía que no ibas a estar pero esperaba encontrar la luz prendida. Quizás la cosa hubiera tenido menos suspenso si te llamaba o te contaba las ganas que tengo de que estés en alguna parte compartiendo el aire conmigo, riéndonos de lo que sea. 




¿Será que vos también asomás la cara con media sonrisa, por si las moscas?

miércoles, 5 de agosto de 2020

Feliz con poco

Estamos en pleno invierno pero hoy amanecí con la sábana apenas tapándome las piernas, un poco transpirada por el calor de tu cuerpo junto al mío (alrededor, sobre, debajo, y demás preposiciones). 
Hizo una máxima de veintiún grados, nos fuimos en bicicleta hasta Bella Vista y vos pedaleabas rápido mientras yo iba maravillándome con las casas. Son barrios desolados, pero con una belleza muy específica, como suspendida en el tiempo. 
Me comentaste a los gritos, porque ibas muy adelante, que te gustaría vivir por ahí. Yo te pregunté, quedándome sin aire, qué en dónde pensabas comprar los cigarrillos cuando te agarra el ataque de fumar a la madrugada y no tenés ninguno. 
Te pareció exagerado que la elección de un hogar dependiera de la cercanía con un kiosco y como el ruido del tráfico me molestaba, preferí no explicarme más. 
El día transcurrió sin pena ni gloria, solamente me tomé una botella de agua durante el lento transcurrir de la tarde y me parece una especie de victoria. Me gustó que me felicitaras cuando te lo conté por la ventana de la cafetería, a eso de las seis. 
Ahora llegué a casa y sigue haciendo calor, sobre todo porque alguien dejó abierta la puerta del ascensor en alguna parte y aunque apreté obsesivamente el botón, nunca llegó y tuve que subir los seis pisos por escalera. 
No hubiera sido tan grave si hubieras estado esperándome en el departamento. Igual fue la gloria cuando por fin me paré enfrente de mi alfombra de zorros y comprendí que estaba a una llave de sacarme el jean y el corpiño. Mi segunda victoria del día.  

domingo, 7 de junio de 2020

Lo que más me gusta del monoambiente es el control que puedo ejercer desde mi cama. Me acuesto a mirar una serie o a leer y puedo contemplar la vastedad de mi hogar sin levantarme. Nada de recovecos secretos ni espacios que puedan ocultar un cuerpo acechante. Mi casa y yo en completa comunión, sin más paredes que las que me protegen de la crueldad del mundo y la noche.



Tengo olor a chivo por primera vez en mucho tiempo. El pelo sucio y un bigote incipiente que roza el medio centímetro. Con suerte podría pasar por un varoncito en plena pubertad. No me molesta. 



viernes, 5 de junio de 2020

Vos venías. Yo iba. Garuaba. Tal vez con algunos segundos de diferencia, estoy segura de que los dos evaluamos la posibilidad de evitar el cruce. Nos detuvimos. Pasaron un montón de minutos. Comparamos nuestras vidas. Nos reímos. Codazo. Sonrisa oculta debajo del tapabocas. Seguimos. Pienso. 



martes, 28 de abril de 2020

seems like the world's sleeping out there
while i just keep spinning around in my bed

who is to blame

i needed to find some rest from myself
i just didn't think how lonely i'd get

again

now all i need is to learn
how to survive without any words
'cuz i refuse to speak or write again
until i find a way to replace the silence
that grows in my chest

can't go back from everything i didn't say
i still got it stucked in my head

who is to blame

sounds like i won't be dreaming today
what's the point on reliving the pain

again


now all i need is to learn
how to survive without any words
'cuz i refuse to speak or write again
until i find a way to replace the silence
that grows in my chest

i can't recognize my voice if i can't pronunce your name
it might be my greatest chance to finally start over again






viernes, 24 de abril de 2020

del amor y otros demonios

Empecé a mirar películas románticas desde muy chica, no sé por qué. La idea del amor me interesó antes que cualquier otra cosa. Tal vez como un reflejo de mis propias carencias. Digamos que no crecí en un hogar cálido. Me obsesioné con Shakespeare y después con Twilight durante mi adolescencia y soñé con "encontrar" a esa persona que me "completara" para siempre, comer perdices y todo eso.
Creo que un poco lo conseguí. 
Tuve esa clase de amor con Fede. Metimos la pata en millones de cosas y nuestro amor finalmente se desgastó, pero fue un amor de película. Quizás por eso me aferro tanto y me niego a dejarlo ir. 
El año pasado me encontré con el feminismo y, como toda cosa nueva, leí mucho, hablé con personas, me empapé de experiencias ajenas. Descubrí que hay muchas otras formas de relacionarse con los demás que trascienden la monogamia y esa idea de que el amor es para siempre y que hay una única persona para cada quien. Me tiraron abajo la mentira del amor romántico.
En ese contexto, siempre tan aplicada Mery, traté de tener una "relación abierta" y de aplicar la poligamia. Que mal que la pasé, por el amor del cielo. La peor parte es que me obligué a hacerlo, como si el desligamiento fuera un requisito del feminismo. Siempre termino poniéndome a mí misma en situaciones del estilo "no quiero, pero debo". 
Creí, entonces, que la poligamia era hacer cualquiera y que estuviera todo bien. Nada más alejado. Entiendo ahora que hay que tener las cosas muy claras para mantener una relación abierta, hay que ser sincero (con los otros involucrados pero también, y sobre todo, con uno mismo) y tener responsabilidad emocional: entender que la otra persona no está hecha de cartón y también le pasan un montón de cosas. 
Básicamente no estoy lista para la poligamia. Probablemente nunca lo esté.
Siento muchas contradicciones entre lo que siento y lo que quiero ser. Y está bien, ahora me doy cuenta. Ser feminista no es obligarme a ser diferente. Es querer cambiar de raíz lo que está mal en el sistema que nos oprime y nos doblega ante el resto, no tiene nada que ver con querer estar con una sola persona. 
Sí es más importante quererse a uno mismo y partir de ahí. Pero también está bien querer la historia de amor de película, siempre y cuando podamos separar realidad de ficción y comprender que si no funciona también está bien. 
Ahora está lloviendo y sigo tirada en la cama, tuve que poner pausa a One Tree Hill (una serie que tiene veinte años pero que amo) porque con el clima se puso lenta la conexión de internet. No me gusta estar sola tanto tiempo, pero es parte del aprendizaje. 
Tuve unos años hermosos junto a Fede. No se van a repetir y voy a estar bien con eso. Todavía no, pero ya voy a llegar ahí. 
Tal vez tenga experiencias mejores o no, en todo caso serán diferentes. Todas las películas no duran lo mismo. Creo que lo que quiero decir(me) es que no tiene sentido seguir asustada, con la tele apagada. Me gustan las historias de amor, disfruto mucho de la secuencia con música de fondo en la que la pareja se enamora. No puedo evitarlo. Quiero eso. Lo quiero todo de una vez. 

miércoles, 15 de abril de 2020

Lo de la cuarentena es particularmente terrible porque nos va a dejar una marca imborrable a todos. Recién ahora reuní la energía para hacerme unos barbijos hogareños. Pensé que lo venía posponiendo por vaga, pero en realidad tenía que ver más con una negación ridícula de los acontecimientos. Si no usaba barbijo, digamos, no había pandemia. Algo así. 
Bueno, igual todavía no me lo puse. Mañana voy a salir a hacer compras y lo voy a estrenar, como si fuera una remera nueva. Me sumaré oficialmente a la humanidad en crisis.  
Pensar que uno (como ser social) siempre está haciendo historia. Quiero decir, cuando leo sobre menemismo, por ejemplo, a veces pienso "yo en ese momento iba al jardín" o cosas así. No "formaba" parte de esa historia, pero la presencié. 
En unos años, décadas, cuando se hable "del año de la pandemia" me voy a acordar que me pasé un mes encerrada en un monoambiente mirando series en Netflix y leyendo libros sobre feminismo. Meh. Muy poco heroico lo mío. 
Anoche me encontré a mí misma tan cansada de esta rutina estúpida de mirar y leer, que apagué la compu. Agarré "Papillon" y seguí hasta donde pude, pero al final lo dejé y me despedí para siempre de Charrière. Siento mucha empatía por Papi, pero podría contarnos de su travesía en menos páginas, ¿no? Después me tiré por Chéjov, porque tenía entre mis pendientes "La dama del perrito". Bah, tampoco lo pude terminar. Seguí, entonces, con mi manual del café, de Nicolás Artusi, y me entretuvo un rato hasta que también me aburrió. Creí que me merecía un descanso de mis lecturas feministas y walsheanas, así que busqué figuras en la sombra que proyectaba la lámpara sobre la pared durante unos minutos, a ver si me daba sueño. 
Me gustaría decir que, cuando al fin me dormí, soñé con libros que me perseguían a los tiros. La verdad es que no me acuerdo si soñé o simplemente pausé mi aburrimiento algunas horas hasta encontrarme escribiendo acá. 


jueves, 9 de abril de 2020



Son las tres de la mañana y en el silencio de mi departamento resuena el sonido ridículo del termotanque calentando agua. Afuera veo el semáforo de la Mitre que cada cuarenta segundos cambia de color y me pregunto para qué si es la madrugada del jueves santo del año de la pandemia y encima hace un frío de morirse.

O no, morirse no, suena fuerte en este contexto una exageración típica de mi verborragia nocturna. 

Digamos que hace un frío como para dormir en cucharita, aunque prefiero decirle caracol porque lo que en realidad me gusta es enredar las piernas con las tuyas hasta perder la noción de dónde terminás vos y dónde empiezo yo. 

martes, 7 de abril de 2020

el año de la pandemia

Me acuerdo de otra vida en la que salir a hacer las compras era una oportunidad para andar por la calle a cara lavada, con ropa cómoda, muchas veces dejando el corpiño en casa. 
Hoy salí después de una semana completa de estar encerrada y aproveché para maquillarme un poquito y ponerme alguna prenda bonita. 
Cuando menos lo esperas las cosas cambian, se dan vuelta. 
Afuera hay poca gente y los que van juntos mantienen una saludable distancia.
Me pareció exagerado hasta que en el supermercado una señora me rozó el cuerpo al pasar entre las góndolas. 
Me quiero bañar en lavandina.


viernes, 3 de abril de 2020

lo bueno en mí no compensará mis fallas

Me tomo un té chai y escucho a Marilina Bertoldi. Cuánta vida pasé sin su voz, qué desperdicio.
El encierro y tu presencia únicamente por wasap me están poniendo melancólica. 
Hablamos mucho de la curva de contagio del coronavirus, pero poco de la curva de nuestra separación. 
No nos vamos a morir sin el otro, quedó demostrado. 
Cuánto te extraño, igual. 
La necesidad nula de explicarte las cosas pero hacerlo de todas formas para conversar y escuchar tu hermoso punto de vista sobre todo. 
Verte con las piernas cruzadas, sorbiendo el mate con lentitud y tratando de que las cejas no salten de tu cara cuando me mirás fijo. 
La concentración con la que me ignorás cuando suena alguna música y se roba toda tu atención.
La cuarentena la pusimos nosotros, no tuvo nada que ver con la pandemia. 
Pff, para qué te incluyo en mi decisión: fui yo solita. 
Me diste demasiado poder y se me subió a la cabeza. 
Creímos que íbamos de la mano pero la que caminaba adelante era yo. Y te diste cuenta cuando ya te sacaba como dos cuadras de ventaja. 
Siempre te menosprecio, ¿no te da bronca? a mí, sí. 
Pienso que no estás a la altura de mis manipulaciones y me aburro. 
Sincericidio pandémico ven a mí. 
Es probable que nadie en el mundo me ame como vos. Y no me alcanza. 
Mejor dicho, creo que me sobra. No sé qué hacer con tanto, se me rebalsan las manos.
Cuando te pedí que primero fueras a descubrirte y colonizarte fue más por mí que por vos.
¿Cómo corresponderle la diplomacia a un territorio sin dueño? Yo no quiero conquistar ninguna tierra.
Quiero que te quieras, que te ames como te (y me) amo yo. 
Es arriesgado, lo sé. 
En el camino capáz te olvidás de mirar para atrás y yo también. 




Ves?
El tiempo te mostró 
Que no era un gran premio tenerme cerca.

Al ver
Tu no tan duro me
Robás de a una las defensas.

Lo que
Se daba y hoy no es
Me refriega a diario mis torpezas.

Será
Que el tiempo me educó
Matando lo que me ata a mi esencia.

Robé
Tu fe en mi y jugué
A que a tu frustración yo soy de piedra.

Y hoy sé
Que de un llanto no he
Pretender desarmarme a medias.

Entendí
Que lo bueno en mí no compensará mis fallas.

Hoy me vi
Tan lejos de mí que, la verdad, me espanta.

Entendí
Que lo bueno en mí no me salvará.

lunes, 9 de marzo de 2020

Los días me golpean de formas diferentes y no entiendo el motivo. Su intensidad me preocupa. Mirando atrás, pienso que siempre alterné entre la tristeza y la felicidad. ¿Será así para todos? A veces solamente quiero llorar. Busco las películas indicadas, le doy play a las canciones justas. Y lloro a moco tendido. Lo hago hasta que se me descomprima el pecho. Quizás es la única forma de destapar la olla a presión que tengo entre las costillas. Me tomo todo demasiado enserio, absolutamente personal. El accionar ajeno me destruye. El propio me condena. Estoy triste. ¿Nací triste? Debe ser. No encuentro otra explicación: soy una persona triste que sonríe mucho y, a veces, se siente feliz.

lunes, 17 de febrero de 2020

Todo va a estar bien

Siento una piedra en la garganta que me impide decir un montón de cosas. 
Él se fue en medio de la lluvia, perdí el rastro de sus pies en la oscuridad. 
Quería gritarle que se quedara pero solamente podía pensar en lo bien que se veía alejándose con el paraguas cerrado. 
No le importó mojarse y a mí no me importó el silencio de nuestra despedida. 
No sé por qué hago ciertas cosas. 
Quizás algún día lo sepa. Hoy prefiero confiar en mi instinto sin motivos.
No quiero que nuestra receta se arrebate. Me arriesgo a que se me pudra en las manos, lo sé. 
Nadie me quiere tanto como él. ¿Qué tan ridículo suena eso? 
Cuando me abraza, me repara. Es mucha responsabilidad para él. Mucha presión para mí. 
Las elecciones fallidas me van tiñendo el corazón de un color que no combina con mi alma. 
Me quiere bien. Al punto de aceptar las condiciones que le propongo con tal de sentirme libre. 
Tal vez lo que ama es eso: mi libertad. O la imposibilidad de imaginarnos juntos al final del día. 
Lo que nos une no tiene nombre, por más que intente catalogarlo. 
Con todo, en su lugar yo hubiera abierto el paraguas. Ya bastante camino entre las baldosas flojas de los días anteriores.



miércoles, 22 de enero de 2020

deshice de mí

Pienso que debería comprarme una caja de cigarrillos. Vengo observando en mis dos trabajos que la gente que fuma goza de ciertos privilegios. Se toman un descanso cada tanto para fumar y los demás no lo hacemos. ¿Por qué consentimos esta costumbre tan nociva? Venga el pucho. Ni siquiera necesito encenderlo, me basta con sostenerlo mientras pienso necedades y miro al vacío.





tengo cuentos sin argumentos
y personajes sin historia
relaciones sin momentos
y mil recuerdos sin memoria
tengo cuentas sin crédito
y senos sin espesura
aunque mil logros sin mérito
a guerra voy sin armadura

miércoles, 8 de enero de 2020

feliz cumpleaños

Todos los días para llegar a la parada del colectivo paso por la puerta del banco. Siempre hay filas larguísimas de gente y cuando las atravieso me imagino que están esperando para comprar mi libro, que ya sale, que ya casi abre la librería, y yo no importo porque lo que ellos quieren es mi literatura. 
Entonces camino más despacio, saboreando el éxito, esperando que mis historias los completen de alguna forma, que se sientan felices o tristes con mis palabras, lo que sea que necesiten, y que no levanten jamás la mirada hacia mí. 
Después veo que el colectivo ya dobla la esquina y le meto, porque lo llego a perder y el próximo pasa en quince minutos y no me da la imaginación para tanto, sobre todo con la cara de hastío de las personas que de a poquito me van revelando que jamás esperarían tanto por uno de mis libros. 


martes, 7 de enero de 2020

-Esto así -le dijo después de sentarse frente a él en ese bar oscuro de mala muerte, a escasos minutos del amanecer-: acá ya están por cerrar y no quieren venderme nada. Necesito alcohol con urgencia, no sabés la noche que tuve. Si me das la birra, puedo concederte el deseo que quieras. Confiá en mí, pibe.
-¿Lo que quiera? -consultó el joven, posando la mirada en la espuma burbujeante.
-Guita, minas, renombre. Te doy una vida nueva a cambio de tu cerveza -casi le canturreó, ya saboreándola. 
-¿Quién sos? -preguntó en voz alta lo que venía pensado hacía rato.
-¿Eso qué te importa? Para vos no cambia nada. Dale que se va a calentar y después te vas a arrepentir. 

Al joven lo asaltaron millones de dudas y, sobre todo, tuvo miedo de estar entregando mucho más que una bebida. Miró alrededor pero a nadie le llamaba la atención su extraño interlocutor. La oferta era difícil de rechazar, podía ir al bar el resto de su vida. A ese o a cualquier otro cada vez que quisiera. 

Levantó la mano, aferrándose al vaso largo y húmedo. Su acompañante se removió en su asiento, siseando la lengua de deseo. 

En ese momento entró un hombre y saludó con un beso en la boca a la moza, que barría ya cansada de su largo turno. "Te espero afuera, mi amor", le dijo. 

El joven sintió que se le rompía algo muy profundo dentro del cuerpo y abrió los ojos lo más que pudo por no llorar. A medio camino de cumplir cualquier deseo, hizo fondo blanco. 

El otro gritó de frustración y, antes de irse, le dijo: 
- No se te ocurrió pedirme que la piba te amara a vos.
- ¿Por qué le haría algo así? -se indignó el joven- Algunas cosas no se pueden forzar. 
- Decímelo a mí -dijo entre susurros el extraño-, que traté de dejarte vivir unos días más. Levantate y vamos que ya amanece. 

Entonces el joven le obedeció sin saber por qué, y mientras abandonaban juntos ese bar oscuro vio que la moza gritaba como una loca al descubrir un cuerpo desmayado sobre la mesa, aferrado todavía al vaso vacío de cerveza.


domingo, 5 de enero de 2020

Ahora que lo pienso, pasé demasiados años de mi vida sin haber probado. La mayoría de los pibes, hoy día, ya andan consumiendo antes de la pubertad. Habrá, me imagino, algún rezagado que arranque en su adolescencia, pero lo mío fue casi vergonzoso. Le tenía, no sé, miedo. 
Incluso si todos a mi alrededor andaban metidos, a mí me causaba rechazo. Al final tuve que ceder y terminé como los demás: siendo, muchas veces, quien inicia la ronda. 
Ahora comprendo mejor muchas cosas; por ejemplo, que es una cuestión social en muchos sentidos. Como es algo que por lo general se comparte con amigos o gente querida, colabora en eso de fortalecer los vínculos. Entre que va y viene no te das cuenta pero te ponés a charlar, te reís, conocés más al otro. 
La primera vez que probé no me gustó, sobre todo eso de andar compartiendo la saliva. Tenés que sostenerlo con una mano y aspirar despacito, porque si te zarpás, al menos al principio, te puede quemar la garganta y no está bueno. Esa vez le di con todo y después no podía parar de toser, sentía que me ardía el tubo digestivo. Tiene lo suyo, viste. 
Cuando te pasás de mambo te agarra un mareo de la puta madre y el estómago empieza a pedirte que comas algo. Igual con el tiempo te acostumbrás, te repito; entendés que es algo natural, que sale de una planta y que no te puede dañar más que el cigarrillo o el alcohol, aunque consumas una banda. 
No me considero un experto, pero aprendí algunas cositas ya. Sé cuándo el producto es bueno, no sé, será una cuestión de textura, de saciedad, de placer. Por eso a veces soy yo el que trata de iniciar a otros, para enseñarles lo antes posible las maravillas que ofrece la vida. Entonces, con alguna galletita de por medio, pongo la pava y empiezo a preparar el mate con cuidado de que no se me hierva el agua. Ahí empieza el ritual y, luego, la magia.


jueves, 2 de enero de 2020

Hoy lloverá para parar

Te extraño todos los días, a vos y a tu saludo despreocupado, casi sin prestarme atención. Tu pelo enmarañado, cortado por mí, con ese flequillo incipiente que se empeña en gestar un rulo rebelde. La lluvia me obliga a preguntarme si andarás por ahí, mojándote en la bicicleta, volando hacia algún charco imprevisto. Ojalá pare de llover de una vez. 
Escuché que conseguiste trabajo y me alegra un montón, sin ironías, lo juro. Espero que puedas encontrar ese lugar que tanto buscás, donde te sientas productivo, desafiado, valorado y motivado cada día. Que te veas más seguido con tus hermanos, con tu papá. Que encuentres la forma de sentirte bien con tu propia compañía y pases algún finde tirado en la cama descansando, sin esa necesidad compulsiva de "no desperdiciar" un solo minuto y buscar aventuras constantemente. 
Rodeate de las personas correctas, Lu. No busques brazos que tapen el vacío. Eso es una solución temporal que no va a cambiar nada de raíz. Te quise muchísimo. Te quiero, rubio. Fuiste una gran compañía, al menos todos esos ratos en que no nos ladramos. Fue muy divertido formar equipo con vos, me hiciste sentir muy bien. Lamento no haberte podido dar más. 
Vos no lo vas a entender (no lo entendiste nunca cuando era esencial), pero te di todo lo que pude. Ahora veo que no era suficiente ni por asomo y que necesitamos cosas diferentes. Fue una decisión muy sabia que cada uno (re)tomara su camino. Corrió mucho llanto debajo del puente que nos unía. Ahora que estoy más tranquila me pregunto cómo pudimos hacernos tanto daño en tan poco tiempo y, a la vez, darnos tanto cariño. Pienso que fue una especie de pausa o, como diría Benedetti, una tregua. Nos cruzamos en el momento justo para que cada uno decidiera (¡viera!) que habíamos tenido suficiente de muchas cosas. 
¿Te diste cuenta? Cuando nos separamos se activó un mecanismo que estaba trabadísimo. Salimos a la calle a vagar temerosos, partidos al medio, y aunque estamos atravesando un verano lluvioso, pareciera que va a salir el sol en cualquier momento. Me acuerdo de nuestros almuerzos en el Batallón y de la vez que te dije que con vos siempre salía el sol. Alguna analogía estúpida relacionada al color de tu pelo y de tus ojos, que trajeron una luz muy particular a mi vida. En momentos como ese acontecía un fenómeno muy particular que vi en pocas personas y en vos como en nadie: te sonreía la mirada. Quizás tenga que ver con que es más usual verte serio, pero cuando te decía algo que te gustaba de verdad, me mirabas diferente, como diciendo: "Mery me está prestando atención" y era hermoso. Sé que soy colgada y que ando con la cabeza en cualquier parte. Pero cuando estaba con vos, estaba con vos en serio. Quería que lo supieras. 
Ahora somos pura indiferencia, ya no hablamos, no sabemos del otro, no nos deseamos un buen comienzo de año siquiera. Si te cruzara por la calle, tengo la horrible sensación de que no frenarías a saludarme. Tal vez soltarías un hola al pasar y tragarías mucha saliva. No se digiere tan rápido algo así. No se me va a pasar en dos semanas. No sé si te deseo lo mismo o que simplemente te des cuenta de que no estabas enamorado de mí. No puedo preocuparme más por vos porque es una forma de aferrarme a tu recuerdo. Lo que quiero es soltarte y que seas feliz, tan feliz que ilumines el mundo entero con tus ojos.