I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

domingo, 24 de abril de 2016

Nadie sabe cómo vivo,
nadie sabe mi papel.
Mientras pinto las paredes de color amanecer,
todo marcha bien.


Dancing In The Rain


Do you feel like coming to dance? 
Or make love, baby 
I know you want it 
¿Por qué busco con tanta desesperación palabras de amor? Sé bien lo poco que significan y aún así me arrastro por ellas. Siempre espero. ¿Por qué sigo esperando? ¿Será que no sirvo para otra cosa?
"Ya no te escribo más", dije convencido.

Y me olvidé las letras de tu nombre, como una máquina de escribir dañada.

Pero ahí estás, en todo lo que imagino. Cada escenario, cada personaje...

Malditos sean los escritores

Creí que con los años iría perdiendo ésta... ¿cómo describirlo? ¡Intensidad! con la que me comprometo con los personajes de un libro. Y, sin embargo, sigue afectándome de la misma forma o quizás peor. Entro en una especie de depresión y tristeza cuando sé que es hora de despedirme, de dejarlos ir. ¿Estoy condenada a perder una y otra vez lo que amo, cuando se me acaban las páginas de uno de mis más grandes amigos y compañeros? Qué difícil es la vida de un lector. Tan cerca y tan lejos... Enamorarse de aquellos que jamás podrán tener. ¿No es ese un dulce castigo? Malditos sean los escritores, por recordarnos constantemente lo solos que estamos y vendernos la ilusión de que podemos aspirar a más, de que esas hermosas almas que nos atraen como un imán son palpables y reales... Y no maravillas etéreas que se desvanecerán con el correr de las páginas para morir, finalmente, ahogados por nuestras lágrimas, cayendo hacia el fondo de nuestros corazones. 


Me hablaba de Cortázar constantemente. Y yo me preguntaba por qué mis amores imposibles me conducían al querido Julio una y otra vez. Quizás el destino quería llevarme a la compañía de sus palabras para cuando el mundo estallara y me quedara, por fin, sola. Sola con los párrafos y los capítulos que me esperaban... 


"No tengo nada que perder", le había dicho. Por supuesto que al final de la oración incluyó algún te amo. Creí que sentía celos, pero era mucho más que eso. Quizás la palabra "nada" era lo que hacía eco en mí. ¿Cómo que NADA QUE PERDER? ¿No me perdía a mí, acaso, cada día que la elegía a ella? ¿No perdía mis abrazos, mis besos, mis suspiros al hacer el amor? ¿O todo eso para él no era más que un bonus extra que le regalaba la vida por ser un novio tan maravilloso? Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero mi corazón sabía demasiado y mi cabeza no paraba. No creía, de todas formas, que aquello fuera un verdadero sufrimiento. Al menos, no por el momento. Pero, ¿cuánto más podría aguantar antes de estallar?
This is the main rule of life, according to my 25 years of experience: everything's perfectly fine until suddenly it isn't anymore.


Siempre pienso que no deberíamos burlarnos de nuestro oponente a menos que tengamos la seguridad de que podemos ganarle. Y también pienso que uno nunca puede estar seguro de nada... Sobre todo en lo que se refiere a victorias. Cuando estás perdiendo la pelea, todo vale. 

martes, 19 de abril de 2016

Crónicas perdidas III

Como siempre, el conocimiento enriquecía pero también pesaba. Quisiera decir que maldecía el día en que había decidido preguntarle qué sentía por mí -catalizador final de mi propia epifanía-, pero en verdad no lo hacía. ¿No era mejor dejar las cosas claras? Muchas veces nos habíamos dicho "te amo", pero siempre entre frases amistosas o disfrazado entre bromas. Como si decir "uf, sos tan gracioso, te amo" no tuviera significado. Pero ahora era diferente. Ésta vez me lo había dicho sin risas ni preámbulos. Sin un contexto que lo desestimara. Y yo no lo podía digerir, ni asimilar. ¿Debía responderle? ¿Decirle que sentía lo mismo? ¿O era egoísta amarrarlo a mí de esa forma? ¡Más egoísta que amándolo! Todavía recordaba la tarde en que me temblaba el cuerpo casi imperceptiblemente porque sabía que me iba a besar. Cinco años después no me había olvidado de la sensación. 


Me pregunto si algún día daré con una definición del amor que me satisfaga. Mi mayor problema es que a medida que crezco, voy cambiando de parecer. Hoy creo que amor es sacrificarse por el otro. ¿Cómo puede uno comprometerse con lo que siente y etiquetarlo de amor si no tuvo que renunciar a nada para conseguirlo? Es muy fácil amar cuando tu objeto de deseo es único, cuando no hay nadie más. Lo verdaderamente difícil es saber que tenés otras opciones, contemplarlas, experimentarlas incluso... Y, aún así, volver. Amor es volver a casa. ¿O no?




LOS BESOS SON PUENTES QUE UNEN TERRITORIOS IMPOSIBLES, SON LA PRUEBA QUE NUESTRA ALMA NECESITA.


Crónicas perdidas

Era otra de esas noches en que pensaba y sacaba conclusiones y tomaba decisiones con el coraje que no tenía de día. Siempre que estaba con Simón me dejaba envolver por el manto de magia que nos había unido alguna vez. Sonreía porque sí, me mordía el labio, me sentía feliz. Y si lo conocía, y creía que sí, a él le pasaba lo mismo. Le brillaban los ojos y apoyaba mi cabeza en su hombro mientras absorbía el olor de mi pelo con cautela, para que yo no lo alejara riéndome. Sentía tantas cosas por él. Pero no habían sido suficientes en su momento ni lo eran ahora. Pensaba en lo que tenía y no quería perder y no se comparaba con lo que deseaba. Entonces me preguntaba, ¿por qué si no era amor me arriesgaba a perderlo todo por él? ¿Por qué si no era amor me complicaba la vida por obtener las sobras de un Simón que alguna vez se había entregado completamente a mis disposiciones? Lo había querido, lo había tenido, lo había dejado. Y después nos habíamos reencontrado como amigos. ¿No sería ese el summun del engaño? ¿Disfrazar de amistad un amor retorcido? Y sin embargo jugábamos con fuego, porque aunque no habíamos hecho nada, sabía perfectamente cómo me miraba y, lo peor de todo, sabía cómo lo miraba yo. 

'Cause you use your heart as a weapon
And it hurts like heaven



Él no lo sabía, pero cuando se paraba en un determinado lugar de la habitación, y yo le daba la espalda... Podía ver su reflejo en el ventanal. Y entonces sabía que me estaba mirando o podía, simplemente, mirarlo a él. Era un placer privado del que disfrutaba en silencio. Había dos tatuajes que asomaban bajo la manga de su remera, justo en el triceps. Claro que su piel tenía muchas otras marcas (tatuajes y heridas, como los puntos del tobillo que le impedían olvidar el accidente del día de lluvia), pero disfrutaba mucho más de lo poco que alcanzaba a ver. Era casi como una promesa, una tentación, un atisbo de sensualidad. Qué calvario era conocer exactamente la ubicación de cada tatuaje y la forma en que su ropa se adaptaba a su cuerpo cuando se encontraba en posición horizontal. Qué castigo que pasáramos tantas horas al día juntos pero rodeados de toda esa gente que nos hablaba y nos ponía en la incómoda situación de tener que dejarnos la ropa puesta. Y esa remera negra que me llamaba, me conocía, me aturdía... 





¿Sabés en qué pensaba? En ese último beso con sabor a café de mañana, después de una noche que se había parecido más a un comodín de una baraja robada. En eso pensaba. En ese sabor que se había quedado en mi cabeza por horas y en el que iba a vivir por el resto del día. 

sábado, 9 de abril de 2016

Ay, Galés... ¡Si tan solo fueras real! 


Noche vieja

Termina una etapa o empieza o una nueva o un poco de ambas. Qué pasará, quién lo sabe. Y al que sepa que se lo guarde, no quiero saber. Iba a llamar a mis amigas para que me ayudaran, pero preferí hacerlo sola. Empacar. Revolver la habitación, dejar todo patas arriba y meterlo en cajas que me robé de los negocios... para transportarlas a un lugar nuevo y volver a desperdigar todo en un orden más o menos coherente. Bienvenidos a la era de la mudanza. Hoy es mi última noche en ésta habitación como la conocí durante toda mi vida. Bueno, salvo esa época oscura de mi niñez en que viví en el pasillo, jeje. Adiós, paredes rosadas y verdes. Adiós, ventana sucia. Adiós, estrellas en el techo y pósters de bandas y series. Adiós, privacidad. Las primeras dos horas de hacer las valijas constó de Mery sentada en el suelo ordenando libros. Me di cuenta de que mañana cuando tenga que transportarlos, voy a estar realmente nerviosa. ¿Y si no se adaptan al nuevo ambiente? ¿Y si se marchitan? ¿Y si los párrafos empiezan a secarse y las letras se mueren? ¿Y si soy yo la que no puede escribir en otro lado? Mi computadora sigue enchufada y estoy sumergida en el caos más grande desde la última vez que pinté y mi papá me obligó a darme un baño porque era una masa de mugre y pintura y la casa era un desastre. Pero ahora es diferente, ahora me voy. Quién lo hubiera dicho. Pero ya era hora, ¿no? Tengo veinticinco años. No sé por qué uno está programado para decir eso como si fuera un argumento. ¿Qué tiene que ver la edad? Pero supongo que igual tenía que irme. Ya no me da más la cabeza para estar acá. ¿Dije, además, que voy a vivir con un hombre? Que Dios me salve. Pero, por sobre todo, que lo salve a él. 


Baluarte, Elvira Sastre

Estaba loca,
su tristeza no era de este mundo,
a veces estallaba a reír cuando me lloraba sus penas
y solía enredarse el pelo cuando le iba bien.

Se pintaba los labios antes de dormir:
“quiero estar guapa para mis sueños”, me decía.
Luego se levantaba con el rímel corriéndose en sus ojeras,
como en mis mejores fantasías,
y me preguntaba la diferencia entre una nube y una ola.

Yo la observaba en silencio
-un silencio consciente,
pues ella era una de esas mujeres
que te hacen saberte derrotado antes de intentarlo-,
como si tratara de vencerla sin palabras,
como si esa fuera la única forma.
Ilusa.

En ocasiones
todo lo que hay más allá de alguien es superfluo
y todo lo que hay dentro de uno es redundante.
No lo sé,
le hubiera repetido un millón de veces por segundo
que era más guapa que un pájaro sobrevolando el mar
y que sabía más dulce que la caricia de un padre,
pero ella estaba loca,
loca como un silencio en medio de una escala,
y solo me besaba cuando me callaba.

Maldita zorra.

Solía decir que los peces eran gaviotas sin alas
y era imposible tocarla sin que gritara.
Yo lo disfrutaba: era un instrumento delicioso.

Cuando le decía que amaba su libertad
se desnudaba y subía las escaleras del portal sin ropa
mientras me decía que echaba de menos a su madre.

Cuando tenía miedo
se ponía el abrigo y se miraba al espejo,
entonces se reía de mí y se le pasaba.

Cuando tenía hambre
me acariciaba el pelo y me leía un libro
hasta que me quedaba dormida.
No sé qué hacía ella después,
pero cuando me levantaba ella seguía ahí
y mi pelo estaba lleno de flores.

Un día se fue diciendo algo que no entendí,
supongo que por eso empecé a escribir.
Me dijo:
no me estoy yendo,
solo soy un fantasma de todo lo que nunca tendrás.
Maldita zorra.
Maldita zorra loca.

Estaba loca,
joder,
estaba loca.

Tenía en su cabeza una locura preciosa.

¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?





viernes, 8 de abril de 2016





Wake you up in the middle of the night to say
"I will never walk away again, I never gonna leave this bed"
You say "go, it isn't worth it" and I say "No, it isn't perfect" 
So I stay and still I'm never gonna leave this bed 



- ¿Querés que hablemos? -me preguntó Galés. Se le salía el alma por los ojos.
- No, ahora no -le dije-. Quizás más tarde, cuando no te tenga adelante.
- No sé qué más querés, Paz. Si tan sólo... -pero se detuvo.
- ¿Me abrazás?


Tarde trillada: llovía, sonaba Coldplay de fondo y yo me moría de ganas de tomar un té bien caliente. Y no se podía. También me habría gustado acostarme a ver una película con Galés. Pero qué se le iba a hacer. Una casa sin muebles, paredes sin cuadros, ventanas sin cortinas, almohadas sin funda. Una vida llena de ausencias. ¿Quién andaba ahí? Era Paz que venía a complicar las cosas. A lo grande. 



jueves, 7 de abril de 2016

Lo que me gusta de Palermo son esas callecitas adoquinadas que aparecen de la nada y son angostas y están llenas de autos estacionados y me transportan hacia un lugar que desconozco, algún otro país mental en donde yo sería otra Mery. Y me desvío del camino sólo para pasar por esas veredas de ensueño y cerrar los ojos, sólo por un momento, e imaginar...


Besos en la frente. 


lunes, 4 de abril de 2016

Lo más loco es que cuando me fui de mi casa esta mañana, el reloj marcaba la misma hora que veo ahora que volví a entrar. ¿Será "loco" la palabra que defina mejor el sentimiento que me asalta? ¿Será que perdí otro día de mi vida parada en esa maldita recepción mirando la lluvia, las mesas vacías, los clientes que se toman un cafecito y charlan sobre vaya-uno-a-saber-qué, las miradas cómplices de la anfitriona y el runner, las risas de los cocineros y el pino lemon de la maceta que cada día se marchita un poco más? ¿O será que las horas se me hicieron eternas porque mi cuerpo vestía la calza negra y la camisa blanca, ahí parado, inútilmente... mientras mi mente se tomaba el colectivo? "Cuatro pesos, por favor". Y a viajar una hora y media. O más. Hoy llovió toda la tarde, así que probablemente más. Pero, ¡qué va! si a eso de las seis salió el sol.