I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

lunes, 30 de enero de 2017

Vivir por el Credo



     Ayer a la tarde fui a ver Assassin's Creed. Se estrenó hace dos semanas y casi caí en la desgracia de mirarla por internet presa de la desesperación (obviamente en una calidad pésima). Me dije a mí misma que si cabía esperar lo mismo que con las películas de Resident Evil, no valía la pena pagar por ella. Finalmente detuve la reproducción y di un salto de fe. El cine más cercano que tengo es el de Malvinas, donde hace años que sólo pasan películas dobladas porque aparentemente al público de la zona no le gusta leer los subtítulos. Sin comentarios. Así que me tuve que ir hasta el Unicenter con el calor que hacía, después de sacar las entradas por la web para quedarme con la seguridad de que tendría asiento, todo para poder verla en su idioma original. 
     En pocas palabras, la película estuvo increíble (¡y no hay sarcasmo!). Cabe aclarar que soy amante del mundo de los asesinos, me encantan los juegos pero sobre todo la historia. También estoy leyendo los libros, que aportan otro punto de vista. Por esto mismo mis expectativas eran altas y la verdad es que salí muy contenta de la sala. Como si fuera poco, Michael Fassbender es uno de mis actores favoritos (mi mascota se llama como él, jeje) y logró que me gustara todavía más que antes. Hizo un trabajo impresionante representando a la perfección los movimientos de los asesinos: la forma de saltar, de asesinar con hoja oculta, de moverse entre la gente, hasta de pasar desapercibido con la capucha. Cuando arroja los cuchillos en medio de una acrobacia tuve que ahogar las ganas de pegar un grito. Por supuesto que el salto de fe y las escenas extremas de parkour las habrá hecho un doble de acción, así que felicitaciones para él también. Los otros asesinos también me gustaron mucho, verlos parados en la cúpula de un edificio al final fue asombroso. Fassbender, además, supo transmitirme sus debates internos en cuando al Credo tal y como Ezio (en menor medida, obviamente, ¡nadie se debate tanto como Ezio!) y amé completamente las visiones de su antepasado, que lo atormentaban todo el tiempo. Los efectos se utilizaron con moderación y lo agradezco mucho. Callum Lynch y Aguilar de Nerja, en ese sentido, no tienen nada que envidiarles a Ezio Auditore y Altaïr Ibn-La'Ahad. 
     El personaje de Sophia Rikkin también me gustó bastante, es una especie de Haytham Kenway, con sus convicciones desencontradas y sus formas de ver tanto al Credo de los asesinos como a los ideales templarios. Creo que sería una buena enemiga si finalmente toma el control en la secuela, ahora que su padre murió y puede salir de las sombras de su prestigio y reconocimiento para lograr el propio (aunque no esté de acuerdo con los métodos templarios). De la mano de Sophia, no puedo dejar de mencionar lo fabuloso que me pareció el Animus. Es mucho más real ese brazo mecánico que ayuda a Callum a moverse y revivir las memorias, antes que desván incómodo en el que siempre está acostado Desmond. 
     Pero hasta acá lo bueno y admirable, que tampoco estuvo perfecta. Alan Rikkin es un personaje super trillado: malo en decadencia que roba el mérito ajeno, que presiona porque está por caer del poder y llega al límite más por necesidad que por vocación. Un villano medio pelo. Tampoco me gustó la mediocridad de los templarios de la actualidad, puntualmente en lo referente a las medidas de seguridad de Abstergo. ¿No les explicaron las desventajas del efecto sangrado? Básicamente llenaron las instalaciones de asesinos en constante entrenamiento y no pudieron contratar guardias competentes. Aunque supongo que pasa lo mismo en los juegos. 
     Lo que definitivamente no me gustó (casi odié) fue que Callum se terminara de entregar al Credo gracias a la visión de la madre, casi como hacen los que vinieron antes con Ezio. Quiero decir, ¿EN SERIO? Últimamente vengo viendo muchas películas en que pasa lo mismo, el héroe en conflicto consigo mismo o con un personaje cercano, que toma valor, coraje o determinación porque la madre (o su recuerdo) los mira con los ojos llorosos y le indica el camino. DALE. Callum ya estaba bastante convencido con el sacrificio de su amiga (?) española del mil quinientos, ¿o no? Me hubiera parecido más real que aprendiera más sobre el Credo a partir de la sincronización con Aguilar y se enamorara de verdad del modo de vida de los asesinos o al menos se convenciera de su causa, en vez de que simplemente apareciera su madre muerta y le dijera las palabras adecuadas para reclutarlo. Pero supongo que todo no se puede, no hay que olvidarse tampoco que es una película de menos de dos horas en las que trataron de meter todo lo que se pudo para que se entendiera... Y lo hicieron bien. Al menos muchísimo mejor que con otras adaptaciones, como Resident Evil (no puedo dejar de nombrarla porque es una de las mayores decepciones de mi vida cinéfila) o Silent Hill (aunque la última tiene cosas buenas). 
     En síntesis, incluso si el guión fuera malo, vale la pena verla por las actuaciones tanto de Michael Fassbender como de Marion Cotillard. El caso es que, además de todo, la película es buena y entretiene un montón. No puedo dejar de pensar en los combates, cuando Aguilar y María escapan de la hoguera y corren por todo el pueblo, saltando y escalando todo a su paso. O cuando Callum decide entrar al Animus voluntariamente y termina con un arco escalando el brazo mecánico para intentar detener un helicóptero. En esas escenas las manos se mueren por sostener un joystick. Gente, hay que verla, una y otra vez. Si no es por placer, al menos para buscarle fallas... Aunque no lo parezca, ¡ese hombre debe tener alguna!


miércoles, 25 de enero de 2017

Me crecieron los pies

Esta mañana descubrí algo importante sobre mí misma y recién al mediodía comprendí que había una metáfora escondida en alguna parte. 
Hace un tiempo que el dolor en los pies me impide caminar con libertad y se lo atribuí a mis problemas de columna. Esta mañana, sin embargo, cuando me cambiaba para ir al trabajo, caí en la cuenta de que las zapatillas simplemente me apretaban. Y es uno de mis pares favoritos y mejor conservados... Quizás justamente por eso. Puede que inconscientemente los haya evitado porque en el fondo sabía que me apretaban y por eso jamás llegaron a romperse. 
Y entonces la metáfora me pegó un cachetazo: no es culpa de las zapatillas, pero tampoco de mis pies. Las cosas cambiaron para ambos y no hay nada que hacer, simplemente ya no van juntos. Aunque queden bien con mi ropa, aunque hayamos tenido momentos lindos, aunque no estén rotas y aunque cuando las mire siga sintiendo el mismo amor que me impulsó a comprarlas en primer lugar... Me crecieron los pies.

martes, 24 de enero de 2017

Awkward.


¿Por qué tengo que ver una serie repetitiva y trillada para darme cuenta de que realmente soy feliz y de que estoy perdiendo el tiempo extrañando cosas que no me llenaron en su momento y mucho menos lo harían ahora? 

Resultado de imagen para awkward matty jennaLlevo varios días viendo Awkward. y mentiría si dijera que recién me doy cuenta de cuán identificada me siento con Jenna Hamilton. Por suerte superé hace algunos años la crisis adolescente y la incomodidad de la secundaria, pero la realidad es que los problemas que atravesamos durante esa época oscura y revoltosa de nuestras vidas, con el tiempo sólo se intensifican si no aprendemos a manejar nuestros impulsos y malas costumbres. Ver episodio tras episodio me dio claridad sobre mi propia vida: es como si hubieran recopilado mis errores en capítulos de veinte minutos que puedo analizar sin pausa alguna. Hay tantos puntos de encuentro entre Jenna y yo: la constante lucha entre ser invisible u orgullosamente popular pero sentirse incómoda en los dos lugares, el deseo insaciable por el chico más lindo pero el aburrimiento de haberlo conseguido, la necesidad constante de generar drama y sacar inspiración para escribir sobre ello en un blog que nadie lee. Se me ocurren tantas cosas más. La incomodidad con el cuerpo, los monólogos mentales. Quiero decir, ¿realmente todas las chicas de diecisiete años pasamos por todo eso? Creo que sí, pero las coincidencias me obligan a mirar obsesivamente la serie y con cada nueva metida de pata de Jenna me dan ganas de mandarme un mensaje al pasado y preguntarme a mí misma en qué carajo estaba pensado.
Matty es todo lo que Jenna quería y consiguió no sólo que se fijara en ella, sino que se enamorara como un idiota e hiciera montones de cosas para complacerla y hacerla feliz. Pero no. Lo que Jenna quería era que Matty bailara, supiera sobre escritores, se interesara por muestras fotográficas, hablara menos sobre deporte, etc., etc.. Cuando la realidad de Matty era mucho más simple. Matty sólo la quería a Jenna. 
¿Para qué será que uno se enamora de ciertas características del otro, si después lo único que va a importar es lo que cambie sobre sí mismo para demostrarnos cuánto nos quieren?
Primero deja a Matty por Jake, después por el idiota de Collin, después por Luke. ¿Y cómo termina cada temporada? Dándose cuenta de que Matty es todo para ella porque al final es quien mejor la conoce y la quiere como es, con sus metidas de pata y todo. Lo que quiero decir es ¿por qué cuesta tanto ver las cosas y las acciones del otro cuando los tenemos en frente? ¿por qué hay que pasar por un montón de sufrimiento y errores y desear otras cosas cuando lo que tenemos nos hace perfectamente felices y en un pasado no tan lejano era todo lo que queríamos?


jueves, 19 de enero de 2017

Volví (y no en forma de fichas)

Hola, mundo. Volví.
¿De dónde? Ah, eso es un secreto. 
La soledad es demasiado seductora, ¿no? Pero a pesar de todo, ningún hombre es una isla. Me gusta tanto esa frase...
Sentí la necesidad de renovarme, pero cambiar la plantilla del blog me pareció insuficiente. Sigo siendo mi única lectora, pero hasta mis ojos necesitan ver algo diferente.
Ya no soy la misma, lo afirmo y lo sé desde el fondo de mi corazón.
Aguanto más y resisto menos, todo a la vez. 
Hubo una parte de mí que murió para siempre y tampoco querría recuperarla, si me dieran a elegir. Las cosas como son.
Y yo ya no soy eso que era.
No digo que sólo haya quedado lo malo, pero sé que me va a costar muchísimo volver a enamorarme de la vida. Al menos tengo la intención y eso debe valer algo.
Sé que voy a sentirme incompleta hasta el final y es un hecho, así que la única que queda es seguir caminando hacia delante y hacer limonada. O algo así.

miércoles, 4 de enero de 2017

El apagón

No había luz pero en mi cabeza se iluminaban las ideas como chispas, saltaban los recuerdos unos sobre otros y me golpeaban con tanta intensidad que tenía que mantener los ojos abiertos para intentar desordenar las imágenes que se formaban frente a mis pupilas, en medio de la oscuridad.
No puedo explicarlo mejor, estoy segura de que me entendés.
Eso que ves justo antes de dormir, el último vestigio de lucidez antes de perder la consciencia. Supongo que de un punto en adelante se volvió confuso, quizás hasta me bajó la presión porque me encontré sumergida en una pequeña lagunita de agua estancada y transpiración en la bañera.
Y hacía tanto calor que me costaba respirar.
La falta de electricidad no solo mantenía en penumbras el departamento, también evitaba que prendiéramos el ventilador o que el motor cargara agua en el tanque. Estábamos a punto de entrar en la desesperación física y sentimental. Me transpiraba el cuerpo y me lloraba el alma, volviéndome una víctima literal y metafórica de la realidad que me desbordaba. Para qué darle más vueltas, si no me vas a entender a menos que le saque los pelos a la lengua.
Ese fin de semana se había muerto mi sobrino y mi propia casa me negaba la posibilidad de pensar en otra cosa.
No podía ver algo en la computadora, no podía escuchar música ni jugar a las cartas. Ni siquiera podía darme un baño o mojarme la nuca con algo más que agua del bidón que, de todas formas, había que intentar racionar. A pesar de haber llamado en varias ocasiones a la compañía de luz, no había novedades: el apagón podía durar un día o una semana más.
Y en mi corazón parecía que iba a permanecer perpetuamente.
Pero para qué exagero tanto, si ya pasó mucho tiempo desde aquella noche. Para mí fue la eternidad y no me di cuenta de que lo que quedaba por delante resultaría ser mucho peor.
El principio del dolor es el impacto, la baldosa salida que te hace caer y ver cómo el resto del mundo sigue caminando normal. Lo verdaderamente eterno es todo lo que viene después: andar como un inválido mirando de reojo, deseando volver a la noche del apagón cuando todo seguía siendo inexplicable y el dolor era corrosivo pero nuevo y el cuerpo todavía podía pensar en el calor y la incomodidad, más que en esa única sensación de estar desubicado en un mundo que sigue girando después de una muerte que también te llevó a vos.