Me quedo cuando tengo que seguir viaje.
Me detengo cuando mis pies quieren correr.
Me pospongo.
Elijo complacer, antes que disfrutarme.
Me desarmo con tal de parchar agujeros ajenos.
Postergo lo inevitable.
Y, después, el final.
En algún punto comprendí que la música de mi corazón la interpreto con los dedos pero sobre una hoja o una pantalla. Claro que la musicalidad corre a través de mí, sobre mí, hacia todas partes.
Quise celebrarme.
Necesitaba hacerlo.
Otra vez termino el año lista para arrancar el próximo en caída libre, sin saber si el paracaídas funciona o no.
¿Seré adicta a la adrenalina y me lo vengo negando?
Igual siempre caigo parada.
Check list: ya me corté el pelo, ya me compré ropa, ya me deshice de todo eso que no uso.
Otro ciclo que se cierra. Otra muerte. Yo y mis muertes, siempre tan cíclica. Y después me lleno la boca diciendo que me aburre Borges. Qué sé yo.