I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

sábado, 30 de octubre de 2021

Here we go again

No puedo o no quiero volver a escribir para un limitado público de críticos y de snobs.

Quiero volver a escribir ficción, pero una ficción que incorpore la experiencia política, y todas las otras experiencias.

Para eso debo salir de un chaleco de fuerza.


R. J. W. 

viernes, 29 de octubre de 2021

Vesícula

Hace casi dos semanas que estoy en casa porque tuve una cirugía programada de vesícula. Aprendí que es importante aclarar que fue programada, porque sino la gente piensa que fue de urgencia y pone cara de horror. Me preparé durante meses para esto, así que digamos que salió todo dentro de los parámetros esperables. 

Ayer me toqué el abdomen e, inconscientemente, me quejé de la piedra a la que cariñosa y odiosamente llamé Burnt. Según la ecografía, tenía casi dos centímetros la hija de yuta. Un poco más y superaba en tamaño a la mismísima vesícula. ¿Tendré el síndrome del miembro fantasma? ¿a quién voy a culpar de ahora en adelante cada vez que me sienta mal? ¿a quién usaré de excusa para faltar al trabajo? 

Lo más alarmante de la situación, entre muchas otras cosas que no vienen al caso, es lo de sentirme débil y lenta. Los primeros días no salí de la cama, nada más me levantaba para ir al baño (una travesía, mi sistema digestivo todavía no se acomoda y mis treinta años, además, me castigaron con una hemorroide del infierno). Me alimenté a base de papillas y dormí sentada, hija del dolor.

Ahora ya estoy mucho mejor, ya me aventuré a comer un chocolate y no explotó nada adentro mío. Incorporé alimentos varios y ya salgo a caminar y hacer alguna comprita, nada demasiado pesado. 

Fue hoy recién, mientras almorzábamos con J, que me di cuenta de lo que estaba pasando y se me cerró el estómago de una. La ausencia de vesícula me convirtió en una ama de casa. Cocino, lavo los platos, ordeno, hago la cama, paso el día entero encerrada cuidando a los michis y buscando la forma de que la casa sea más cómoda, se vea más organizada, se sienta más limpia. Y cerca de la hora esperada, como el zorro del Principito, me empiezo a emocionar porque J vuelve de trabajar. 

Sé que es temporal y que la semana que viene vuelvo a mi rutina de explotación laboral, falta de sueño y mal humor; entonces ¿por qué me molesta tanto sentirme así? ¿por qué no puedo sacar provecho de este descanso impuesto por Burnt? ¿no debería estar agradecida de poder quedarme en casa por unos días? ¿estoy tan acostumbrada a la esclavitud que no puedo pasar unas horas sin sentirme productiva? 

Respirar. Cerrar los ojos. Descansar. Recuperarme. Dejar los platos sucios. Bancarme la mugre del piso. Despedirme de Burnt.