El "cadáver exquisito" es un juego de palabras en que una persona empieza a escribir una historia y la otra debe continuarla, conociendo únicamente la última oración (el papel se dobla o se oculta la información de alguna forma). Lo juego regularmente con amigxs, así que por mi parte las reglas varían para hacerlo más entretenido. En esta ocasión lo que hicimos fue jugar de a tres, por tiempo y con ítems que debían aparecer en la historia. Nos pusimos rigurosos, sí, sí. Cada uno empezó una narración y luego fuimos intercambiando las hojas. Esto es lo que salió:
Venía caminando por Paunero cuando me distraje con el cartel colorinche de una editorial. Hacía frío, pero igual paré y me puse a leer. ¡Qué lindos colores de tizas!, pensé. Entonces escuché la música, no sé de qué otro tiempo la conocía, pero mi cuerpo respondió al ritmo. Stand by me.
Primero vi la bufanda, que se arrastraba por el suelo mojado. Después vi la silueta de la foca azul, que ya enfilaba para la escalera de la editorial.
- ¿Eso es una foca azul? -pregunté.
- Es que hacía frío para salir sin bufanda -me dijo, o tal vez lo balbuceó o hizo algún sonido gutural, pero yo le entendí.
- ¿Vas a subir la escalera? -le dije y miré alrededor, a ver si alguien más la veía.
- La luz de la luna es lo único que vemos -tarareó.
- Lo sé, pero ¿qué tiene que ver eso con la editorial? -le pregunté mientras señalaba con la cabeza hacia arriba.
- ¿Editorial? ¿Qué editorial?
No entendí si lo que me decía era cierto, si ahí había una editorial o si era mi deseo oculto de caminar por la calle y encontrarme con una foca que llevara una bufanda.
Seguramente la foca azul -¿conté que era azul?- pudo leer mis pensamientos pero, por como me vio, me di cuenta de que algo se estresó.
Con un impulso salido de no sé dónde, volvimos nuestras miradas a la escalera y emprendimos la subida. A mitad de camino, antes del descanso, recordé que las focas no tienen piernas y que la subida resultaría más complicada. Cuando me volvía para ofrecerle mi ayuda, me encontré con que ya no estaba. Dudé y volví a mi camino.
Quizás uno se desvía y la música es una buena compañera, pero no siempre nos conduce a nuestro destino. Yo hubiera querido saber más de aquella foca y por qué era azul y por qué encontraba un refugio en una editorial. Pero ya no tuve la fuerza para mover los pies hacia arriba y desanduve mis pasos hasta volver al frío de la calle y preguntarme para siempre qué hubiera sido de mí si hubiera confiado en una foca sin piernas, como ella creyó en una persona sin bufanda.
¿Verdad que no se nota el cambio de narrador? Bueno, casi...
