I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

jueves, 20 de junio de 2019

Cadáver cantamañaneramente exquisito

El "cadáver exquisito" es un juego de palabras en que una persona empieza a escribir una historia y la otra debe continuarla, conociendo únicamente la última oración (el papel se dobla o se oculta la información de alguna forma). Lo juego regularmente con amigxs, así que por mi parte las reglas varían para hacerlo más entretenido. En esta ocasión lo que hicimos fue jugar de a tres, por tiempo y con ítems que debían aparecer en la historia. Nos pusimos rigurosos, sí, sí. Cada uno empezó una narración y luego fuimos intercambiando las hojas. Esto es lo que salió:



Venía caminando por Paunero cuando me distraje con el cartel colorinche de una editorial. Hacía frío, pero igual paré y me puse a leer. ¡Qué lindos colores de tizas!, pensé. Entonces escuché la música, no sé de qué otro tiempo la conocía, pero mi cuerpo respondió al ritmo. Stand by me.
Primero vi la bufanda, que se arrastraba por el suelo mojado. Después vi la silueta de la foca azul, que ya enfilaba para la escalera de la editorial.
- ¿Eso es una foca azul? -pregunté.
- Es que hacía frío para salir sin bufanda -me dijo, o tal vez lo balbuceó o hizo algún sonido gutural, pero yo le entendí.
- ¿Vas a subir la escalera? -le dije y miré alrededor, a ver si alguien más la veía. 
- La luz de la luna es lo único que vemos -tarareó.
- Lo sé, pero ¿qué tiene que ver eso con la editorial? -le pregunté mientras señalaba con la cabeza hacia arriba.
- ¿Editorial? ¿Qué editorial?
No entendí si lo que me decía era cierto, si ahí había una editorial o si era mi deseo oculto de caminar por la calle y encontrarme con una foca que llevara una bufanda.
Seguramente la foca azul -¿conté que era azul?- pudo leer mis pensamientos pero, por como me vio, me di cuenta de que algo se estresó.
Con un impulso salido de no sé dónde, volvimos nuestras miradas a la escalera y emprendimos la subida. A mitad de camino, antes del descanso, recordé que las focas no tienen piernas y que la subida resultaría más complicada. Cuando me volvía para ofrecerle mi ayuda, me encontré con que ya no estaba. Dudé y volví a mi camino.
Quizás uno se desvía y la música es una buena compañera, pero no siempre nos conduce a nuestro destino. Yo hubiera querido saber más de aquella foca y por qué era azul y por qué encontraba un refugio en una editorial. Pero ya no tuve la fuerza para mover los pies hacia arriba y desanduve mis pasos hasta volver al frío de la calle y preguntarme para siempre qué hubiera sido de mí si hubiera confiado en una foca sin piernas, como ella creyó en una persona sin bufanda. 



¿Verdad que no se nota el cambio de narrador? Bueno, casi... 

lunes, 17 de junio de 2019

Catch & Release

Hace una semana que llueve condenadamente. A veces parece que las nubes ya no tienen de dónde sacar agua, pero entonces se escucha el rumor del viento que anuncia que la tempestad todavía no terminó. Y acá sigo: sentada en el sillón, mirando por la ventana. 
Se me juntó todo. 
Finde largo, clima londinense, menstruación, separación en puerta. 
Después de casi ocho años de relación con Fede, decidimos separarnos. Todo parecería indicar que vuelvo a vivir al departamento viejo. Sola. Tratamos de hacer una lista con las cosas que se va a quedar cada uno, pero a mitad del inventario nos largamos a llover. Llorar, digo. 
Nos separamos, oficialmente hablando, hace tres semanas. Por motivos económicos seguimos viviendo juntos, pero en camas separadas, sin besos ni caricias. Como dos roomates que lo comparten todo menos la saliva. 
Quizás debería haberme ido a los pocos días, haber dormido en alguna de las casas que quisieron abrirme las puertas. Ahora ya perdí el envión, ya empecé a preguntarme si de verdad quiero que nos separemos, si es realmente necesario que me vaya.
Estos días nos estuvimos llevando como antes, cuando nos queríamos sin complicaciones. Nos tratamos con dulzura, le preguntamos al otro cómo le fue y nos prestamos atención. Una de dos: estamos reconciliándonos o atravesando el duelo juntos. ¿Es cosa de madurez o todo lo contrario? ¿Tan ridículo suena que nos reencontremos en el dolor de perder al otro?
Hay una película que me gusta mucho, se llama "Catch and release" y trata, en resumen, de una mujer que pierde a su prometido y mientras hace el duelo (el tipo se muere, no es que lo pierde de alguna forma metafórica) en compañía de sus amigos, va "conociéndolo" de verdad, descubriendo un montón de cosas que por uno u otro motivo no sabía. También pasa que se enamora de otra persona (¡Timothy Olyphant! ¡quién no lo haría!) y en un momento ella dice que el único que entendería lo que le está pasando es, justamente, ese hombre que amó y perdió. 
Quizás atravesar esta situación me va a enseñar muchísimas cosas más que una película. Perder es necesario. Experimentar otras cosas también.
Quisiera haberme escrito una carta hace algunos días, explicándome por qué consideraba tan necesario irme, tan urgente. Porque la verdad es que ahora no puedo recordar ningún motivo válido. Me siento feliz con Fede, comiendo pizza y mirando Shazam, mientras afuera llueve torrencialmente.
Puede que con los días las razones vuelvan a mi cabeza y sepa que lo de irme fue una buena decisión. Tal vez es una especie de inversión para que en un tiempo volvamos a cruzarnos y, ahí sí, vivir de otra forma, enamorarnos de quienes somos ahora y no seguir juntos por el recuerdo de lo que fue. 
Pero cuán necesario resulta también amarse a uno mismo antes que nada.
Será cosa de, como se dice, tragarse los mocos y crecer de un tirón.