I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

en el bardo de los dos


el café se enfrió en la mesa
tuve la certeza que ya no estabas más 
esta vez di la media vuelta 
y tirado en el sofá empecé a extrañar 
tanta fe y tanta porquería 
tanta lluvia en el balcón 
que se va la vida 
y vos también te vas 
y me dejas la herida 
y yo te dejo esta canción para no olvidar 

mi jardín ya no te espera







martes, 17 de diciembre de 2019

hoy

Estoy aprendiendo cosas sobre mí. Por ejemplo: me gusta dormir en bombacha. A mis casi 29 años vengo a descubrir la libertad de acostarme sin otra prenda. La cama a veces me parece enorme, pero igual la estoy empezando a disfrutar. No quiero mantener relaciones por wasap. No quiero dejar de ver a mis amigos y amigas por una pareja. Odio el patriarcado. Odio el capitalismo. No sé qué prefiero como opción todavía, pero me agota vivir para trabajar y trabajar para vivir. No estoy exagerando: trabajo más de doce horas por día, de lunes a sábado. No sé si alguna vez voy a poder estar bien con alguien que no sea Fede. Es muy posible que mis células solamente lo quieran a él de verdad. O no. Qué sé yo. ¿A quién puedo preguntarle? Estoy tan cansada de pensar en estas cosas. Necesito un lavarropas, porque empecé a comprarme medias con tal de no lavarlas a mano. Bien capitalista lo mío. Soy adicta a comprar ropa. A comprar. Soy una contradicción constante. Me enamoro más de lo que puedo soportar, siento con una intensidad que me destruye. Me encanta hacer café, pero dejé de tomarlo. Hoy me gasté más de mil pesos en vitamina D, porque no como carne hace mucho. ¿Por qué todas mis decisiones afectan a mi bolsillo? Extraño tantas cosas que perdí la cuenta. Me perdí a mí misma. Soy un rejunte de pedazos rotos, que cortan a cualquiera que se acerque. No quiero estar sola. Tengo mucho miedo de quedarme sola. Necesito estar sola. 


lunes, 16 de diciembre de 2019

everywhere I go, all I ever see
are all the little ways that used to be
people that I know only ever speak
like everything is heading for catastrophe

there's nothing I could do, I don't get to choose
even if I could rewrite the history
it's clear to see
that I'd still be
loving you


lunes, 9 de diciembre de 2019

i'm ok

me sentaré en la orilla de la angustia que me espera
después voy a tirar abajo catedrales viejas
no quiero más futuro si no estoy con vos
no quiero más poesía sin morir de amor
y por más que trates de esconder lo que viaja en vos
siempre nos espera la revolución


martes, 24 de septiembre de 2019

Como si nada, nada, nada yo sintiera

Segundo día y al menos no me explota la cabeza. Dormí doce horas o más, no sé. En algún momento de la noche me desperté y Gustavo Cerati seguía cantándome, haciendo eco en la habitación vacía de vos. Si me esfuerzo encuentro algún rastro, pero nada demasiado reconfortante. Un peluche que se nos cayó debajo de la cama, un pelo que debe ser tuyo porque el mío es más corto y oscuro.
Cuántas veces más debería perder para entender el sentido de mi búsqueda...
No quiero perder (te) más. Ahí está: lo dije. Lo escribí, el método infalible para la buena memoria.



martes, 27 de agosto de 2019

Hay días en que me doy cuenta de que no sirvo para un montón de cosas. Confirmo que mi lugar en el mundo sigue en construcción. No puedo participar de ciertas situaciones y me cierro como una planta carnívora -metáfora constante, ¿no?-. No soy nada letal, pero si pudiera me comería al que se me acerque. Como un escuerzo infernal. Soy básicamente una analfabeta en cuestiones políticas y no comprendo la diplomacia innecesaria. Tampoco me gusta compartir la mesa con gente que no sabe atarse los cordones a los treinta años y de lo único que habla es del teléfono celular que se compró. Ahí es cuando empiezo a verles cara de mosca gorda, dulce y apetitosa.



Mi vida se volvió una sitcom.

Entro y salgo de mi casa esperando los aplausos.

Mantengo conversaciones en mi cabeza a través de las cuales me replanteo constantemente los pasos que doy.

Imagino que mis metidas de pata llevan el nombre de "Team-etc.".

Yo ya no sé por quién alentaría. Por quién volvería a poner el mismo canal y suspiraría.

¿Quién está financiando este proyecto? ¿Por qué hay tantos personajes en mi novela?

Yo no pienso pagar ningún sueldo.






miércoles, 14 de agosto de 2019

La intrusa

Estoy rodeada de hombres. No me siento asustada como en otras situaciones en las que creo que podrían hacerme daño. Cada uno tiene algún talento, un motivo por el cual forma parte del grupo y resulta funcional a la tarea que nos convoca. 

Soy la única mujer, me pregunto por qué. 

¿No hay otras como yo que puedan formar parte del equipo? ¿no estamos lo suficientemente capacitadas como seres humanos para desempeñarnos en esta área laboral? 

No puedo participar de las bromas ni aunque lo intente, porque manejo otro tipo de registro: yo no quiero hablar de besos que no pasaron ni del porcentaje de homosexualidad atribuido a un hombre que usa una remera rosada. No puedo imaginarme un escenario en el que me entretuviera discutir ese tipo de cosas. 

Y sin embargo me hablan bien, me ofrecen mate y facturas. No saben, no tienen forma de darse cuenta de que hay algo muy malo en que yo sea la única mujer, en que me miren como si fuéramos a salir a tomar algo en algún momento, en que guarden en el fondo de la memoria algún chiste para tirar cuando yo no esté. No me ofende, es peor que eso. Me excluye, me objetiviza, me destruye como persona. Pero me la banco porque si yo no estuviera acá directamente no habría representación femenina. 

Yo debo estar acá. Necesito estar acá para saborear el mundo y terminar de definir qué me gusta y qué no, qué me deleita y qué me genera náuseas. Ustedes, a veces, me dan ganas de salir corriendo. Pero hoy me quedo.


viernes, 9 de agosto de 2019

Hay una cucaracha en la lámpara del baño. Se nota que está muerta y, aunque estuviera viva, no me imagino inquieta por su presencia. ¿Por qué lo escribo, entonces? ¿A qué se debe esta estúpida necesidad de registrar lo intrascendente? 



lunes, 5 de agosto de 2019

Tengo la constante sensación de que me estoy convirtiendo en una planta carnívora y me voy a comer a todo aquel que se acerque. Acabo de releer lo que escribí y suena demasiado sexual. No iba por ese lado el comentario. Me refiero a una muerte lenta pero segura, como cuando una boa se come a un elefante. Irremediablemente poético.



jueves, 25 de julio de 2019

Tiene una especie de aroma particular, mezcla de perfume, desodorante y olor corporal, que me embriaga. No sé si me gusta del todo, si me hace imaginar lo que él espera con tanto despliegue aromático o qué. Tal vez él no espera nada y soy yo la que activa los sentidos en su presencia. Lo mejor de todo es cuando lo siento en lugares inesperados. Un extraño en la calle, su habitación vacía, una prenda olvidada sobre una silla. Entonces viene el suspiro, las pulsaciones, el lento discurrir de las horas hasta cruzarlo. 


viernes, 19 de julio de 2019

En paralelo

Sin freno ni parada a la vista
voy camino al vacío [metafórico]
en el que no estás,
ni la que era con vos.
Es demasiado pensar
actuar, cantar, andar
sin tus pasos marcándome el tiempo,
el compás, el ritmo, las pulsaciones.
Me corro del camino que tracé
antes de saber quién era.
Resuena entre mis orejas el eco de un destino
perdido entre tus vueltas.
Sonido envolvente,
compuesto por los versos que supiste tararear
entre mates y pantuflas una mañana cualquiera.
Cuando todavía éramos lo mismo
y bastaba un solo vaso para calmar tanta sed.
Tu risa ya se apaga, solo me llegan los restos:
un comentario al pasar sobre el clima
o una película mala.
De lo demás ya no puedo saber:
de los agujeros de las medias
o del elástico descosido de los bóxers.
¿Qué pasó con el termo?
¿Todavía pierde agua?
Hay cosas que no tienen arreglo
[poner tantas curitas sale caro]
y de malas inversiones aprendí a los golpes.
Un abrazo que condense cada queja silenciosa
que ya no duele, ni molesta
que ahora es excusa para aferrarse
[más de la cuenta]
al hilo de tus pensamientos
hasta formar una madeja
con la que se pueda tejer
una nueva red que atrape, sostenga,
encierre este andar sin rumbo,
este ser sin vos que flota a mi alrededor
sin futuro ni destino al cual recurrir
cuando la estática me revuelva el estómago.
Se vomitan las frustraciones
como se llora un dolor
y en el vacío de existir
se aprende a caminar [otra vez]
pero sin baldosas flojas
ni semáforos en rojo [nunca más].
Cuando todo es posible,
también se puede volver a morir de amor...
¿Qué es, si no, perder tu voz?
Cierro los ojos
como cuando era chica
y la oscuridad me perseguía por el pasillo.
Siempre imaginé unos brazos
que acudieran a mi llamado [desesperado y cansado].
Hoy la voz solamente grita
y los brazos son los míos.
Tal vez quede por descubrir
que, al fin y al cabo,
la única carrera válida
es la que conduce a uno mismo.







jueves, 18 de julio de 2019

Fallen

tell me things you never said out loud
just try and go there if you can


skinny love

Come on skinny love just last the year
Pour a little salt we were never here
I tell my love to wreck it all
Cut out all the ropes and let me fall






lunes, 15 de julio de 2019

La niña caníbal

Sonrío porque es la única forma de calmar la expectativa de los demás. Hasta ese momento siguen mirándome como si mi cuerpo contuviera la respuesta a preguntas demasiado complejas para ser formuladas en voz alta. Por eso me presionan con esa falsa superioridad del que habla en público (puras pavadas, pero a los cuatro vientos) y me hago chiquitita hasta que surge esa sonrisa espantosa y vacía que los complace a todos y a mí me convierte en este pedazo de carne en descomposición. 


Juego didáctico

Yago dice que no hay nada más didáctico que un cachetazo. Fuera de contexto quizás suene a violencia de género. Me lo dijo cuando hablábamos de esa situación tan habitual de que estés coqueteando con alguien y de pronto te tiren la trompa y sea tu decisión besar o no. 
Él dice que más de una vez le metieron un cachetazo. Yo nunca lo di ni lo recibí. Sí me besó alguna vez alguien que, luego, se sorprendió de mi correspondencia. "Me preparé para la trompada", me dijeron en esa ocasión. O algo así. Se ve que no envío señales tan claras como pienso. 
A lo que voy, ¿será que Yago tiene razón? ¿hay momentos en que la violencia soluciona un problema? ¿con un cachetazo se acaban las dudas que tenemos sobre el otro? ¿está completamente normalizado tirarse a la pileta y arrimar la caripela? ¿y si malinterpretamos actitudes? ¿ahora hay que pedir permiso antes de besar? 
Realmente son dudas que me mantienen alerta. ¿Cómo debo reaccionar, entonces, si viene una persona y me planta un beso en la boca? Si es alguien a quien no le di pie, claramente, sale cachetazo. Como mínimo. ¿Y si soy responsable del malentendido? ¿y si me permití coquetear como un juego que creí inocente? ¿ahí corresponde cachetazo o con una risita y unas disculpas sería suficiente? Estos días una ya desconoce los códigos que rigen las conductas humanas. Me siento perdida. Que alguien me cachetee. 


jueves, 11 de julio de 2019

Echo a la hoguera la culpa ancestral que nos obliga a encargarnos de todo... y más. La culpa que da la felicidad. La virulencia con que nos relegaron históricamente. También la violencia que replicamos entre nosotras. La complacencia y sumisión con que olvidamos abusos y justificamos crueldades. La violencia psicológica de ellos que  naturalizamos todes, o pasamos por alto a veces por omnipotencia.
Echo a la hoguera el miedo a que nos dejen de amar. También el miedo a romper un pacto que ya no va más. 
Echo a la hoguera el silencio de la indiferencia ante quien padece y el silencio de la impotencia que agolpa en la garganta las palabras que no pueden salir. 
Echo a la hoguera la violencia patriarcal que los devora a ellos y a nosotras nos mata.

Laura D´Anna

miércoles, 10 de julio de 2019

Vivo ausente en este cuerpo cansado de saltar las olas. Qué metáfora extraña para alguien que necesita tierra firme más que nada. ¿Qué tal si el problema es el ahogo más que el agua? El oxígeno que se atraganta ahí donde van las palabras. La pérdida de la consciencia también puede estar involucrada. ¿Qué soy sin el control de lo que pienso, lo que supongo, lo que callo, lo que imagino, lo que conspiro?

miércoles, 3 de julio de 2019

Fue amor

Yo podría haberlo hecho mejor
Vos podrías acercarte a mí
Yo intuía que esto mi amor
Se rompía y esto es siempre así

La verdad es que todo fue
Tan extraño, tan extraño al fin
Vos buscando el polvo de Dios
Yo bebía para irme de aquí

Cada vez que pienso en vos
Fue amor, fue amor






Todo el mundo me habla de vos
Y no puedo dejar de reír
Lo que haces y adonde vas
De tu depto siempre a Prix d'ami

No esta bien romper un corazón
Déjà vu de lo que va a venir
Vos querías verme feliz
Yo quería verte revivir

Cada vez que pienso en vos
Fue amor, fue amor

Estos días que corren mi amor
Es aquí que nos toco vivir
Enredados en los cables de Entel
De algún sueño vamos a salir

Como siempre vuelvo a ensayar
Y los pibes siempre están ahí
Hay un boomerang en la city mi amor
Todo vuelve como vos decís

Cada vez que pienso en vos
Fue amor, fue amor



Párpados cerrados

Cómo pueden ser tus brazos
el sostén de mis sueños
en las noches robadas,
si cuando vuelo de día
te arrastrás por el suelo
ajeno a mis impulsos
inmune a mis sonrisas.
Hablo sola,
me lloro a mí misma,
te pienso en voz alta.
Te nombro, te busco, te llamo.
Acomodo una a una
las piedras para tropezar
con todo lo que no seas vos;
hasta rasparme las rodillas,
engancharme en tus astillas,
cortarme con tus bordes,
soñar tus pesadillas,
besar la fuente de tu silencio
y, al fin, desintegrarme
en el vacío de tu pecho.


martes, 2 de julio de 2019

No soy yo

Me gusta la forma en que tu pelo
se desliza siempre
para el mismo lado;
que la sonrisa lo acompañe
y tu diversión parezca
apuntar a la izquierda.
¿Será que tu brújula interna
se mueve con tus ideales?
No entiendo cómo te escondiste
todo este tiempo
detrás de tus contradicciones.
Me llamaste cobarde tantas veces,
¡a mí, que beso y después disparo!
Lo de impulsiva vaya y pase,
pero acá el que habla mucho
y dice nada
seguís siendo vos.


Lord Byron

CUANDO NOS SEPARAMOS - WHEN WE TWO PARTED


When we two parted
In silence and tears,
Half broken-hearted
To sever for years,
Pale grew thy cheek and cold,
Colder thy kiss;
Truly that our foretold
Sorrow to this.
Cuando nos separamos
En silencio y con lágrimas,
Con el corazón medio roto,
Para apartarnos por años,
Tu mejilla se volvió pálida y fría,
Y más frío tu beso;
En verdad aquella hora predijo
El dolor de esta.
The dew of the morning
Sunk chill on my brow -
It felt like the warning
Of what I feel now.
Thy vows are all broken,
And light is thy fame;
I hear thy name spoken,
And share in its shame.
El rocío de la mañana
Se hundió gélido en mi frente -
Se sintió como el anuncio
De lo que siento hoy.
Todos tus votos están rotos,
Y ligera es tu fama;
Escucho decir tu nombre,
Y comparto su vergüenza.
They name thee before me,
A knell to mine ear;
A shudder comes o'er me -
Why wert thou so dear?
They know not I knew thee,
Who know thee too well: -
Long, long shall I rue thee,
Too deeply to tell.
Te nombran frente a mí,
Un toque lúgubre en mi oído;
Un estremecimiento viene a mí -
¿Por qué te quise tanto?
No saben que te conocí,
Aquellos que te conocen demasiado bien: -
Por mucho, mucho tiempo he de arrepentirme de tí,
Demasiado hondo como para expresar.
In secret we met -
In silence I grieve,
That thy heart could forget,
Thy spirit deceive.
If I should meet thee
After long years,
How should I greet thee! -
With silence and tears.
En secreto nos encontramos -
En silencio me lamento,
De que tu corazón pudiese olvidar,
Tu espíritu engañar.
Si llegara a encontrarte
Tras largos años,
¡Cómo habría de saludarte! -
Con silencio y lágrimas.





jueves, 20 de junio de 2019

Cadáver cantamañaneramente exquisito

El "cadáver exquisito" es un juego de palabras en que una persona empieza a escribir una historia y la otra debe continuarla, conociendo únicamente la última oración (el papel se dobla o se oculta la información de alguna forma). Lo juego regularmente con amigxs, así que por mi parte las reglas varían para hacerlo más entretenido. En esta ocasión lo que hicimos fue jugar de a tres, por tiempo y con ítems que debían aparecer en la historia. Nos pusimos rigurosos, sí, sí. Cada uno empezó una narración y luego fuimos intercambiando las hojas. Esto es lo que salió:



Venía caminando por Paunero cuando me distraje con el cartel colorinche de una editorial. Hacía frío, pero igual paré y me puse a leer. ¡Qué lindos colores de tizas!, pensé. Entonces escuché la música, no sé de qué otro tiempo la conocía, pero mi cuerpo respondió al ritmo. Stand by me.
Primero vi la bufanda, que se arrastraba por el suelo mojado. Después vi la silueta de la foca azul, que ya enfilaba para la escalera de la editorial.
- ¿Eso es una foca azul? -pregunté.
- Es que hacía frío para salir sin bufanda -me dijo, o tal vez lo balbuceó o hizo algún sonido gutural, pero yo le entendí.
- ¿Vas a subir la escalera? -le dije y miré alrededor, a ver si alguien más la veía. 
- La luz de la luna es lo único que vemos -tarareó.
- Lo sé, pero ¿qué tiene que ver eso con la editorial? -le pregunté mientras señalaba con la cabeza hacia arriba.
- ¿Editorial? ¿Qué editorial?
No entendí si lo que me decía era cierto, si ahí había una editorial o si era mi deseo oculto de caminar por la calle y encontrarme con una foca que llevara una bufanda.
Seguramente la foca azul -¿conté que era azul?- pudo leer mis pensamientos pero, por como me vio, me di cuenta de que algo se estresó.
Con un impulso salido de no sé dónde, volvimos nuestras miradas a la escalera y emprendimos la subida. A mitad de camino, antes del descanso, recordé que las focas no tienen piernas y que la subida resultaría más complicada. Cuando me volvía para ofrecerle mi ayuda, me encontré con que ya no estaba. Dudé y volví a mi camino.
Quizás uno se desvía y la música es una buena compañera, pero no siempre nos conduce a nuestro destino. Yo hubiera querido saber más de aquella foca y por qué era azul y por qué encontraba un refugio en una editorial. Pero ya no tuve la fuerza para mover los pies hacia arriba y desanduve mis pasos hasta volver al frío de la calle y preguntarme para siempre qué hubiera sido de mí si hubiera confiado en una foca sin piernas, como ella creyó en una persona sin bufanda. 



¿Verdad que no se nota el cambio de narrador? Bueno, casi... 

lunes, 17 de junio de 2019

Catch & Release

Hace una semana que llueve condenadamente. A veces parece que las nubes ya no tienen de dónde sacar agua, pero entonces se escucha el rumor del viento que anuncia que la tempestad todavía no terminó. Y acá sigo: sentada en el sillón, mirando por la ventana. 
Se me juntó todo. 
Finde largo, clima londinense, menstruación, separación en puerta. 
Después de casi ocho años de relación con Fede, decidimos separarnos. Todo parecería indicar que vuelvo a vivir al departamento viejo. Sola. Tratamos de hacer una lista con las cosas que se va a quedar cada uno, pero a mitad del inventario nos largamos a llover. Llorar, digo. 
Nos separamos, oficialmente hablando, hace tres semanas. Por motivos económicos seguimos viviendo juntos, pero en camas separadas, sin besos ni caricias. Como dos roomates que lo comparten todo menos la saliva. 
Quizás debería haberme ido a los pocos días, haber dormido en alguna de las casas que quisieron abrirme las puertas. Ahora ya perdí el envión, ya empecé a preguntarme si de verdad quiero que nos separemos, si es realmente necesario que me vaya.
Estos días nos estuvimos llevando como antes, cuando nos queríamos sin complicaciones. Nos tratamos con dulzura, le preguntamos al otro cómo le fue y nos prestamos atención. Una de dos: estamos reconciliándonos o atravesando el duelo juntos. ¿Es cosa de madurez o todo lo contrario? ¿Tan ridículo suena que nos reencontremos en el dolor de perder al otro?
Hay una película que me gusta mucho, se llama "Catch and release" y trata, en resumen, de una mujer que pierde a su prometido y mientras hace el duelo (el tipo se muere, no es que lo pierde de alguna forma metafórica) en compañía de sus amigos, va "conociéndolo" de verdad, descubriendo un montón de cosas que por uno u otro motivo no sabía. También pasa que se enamora de otra persona (¡Timothy Olyphant! ¡quién no lo haría!) y en un momento ella dice que el único que entendería lo que le está pasando es, justamente, ese hombre que amó y perdió. 
Quizás atravesar esta situación me va a enseñar muchísimas cosas más que una película. Perder es necesario. Experimentar otras cosas también.
Quisiera haberme escrito una carta hace algunos días, explicándome por qué consideraba tan necesario irme, tan urgente. Porque la verdad es que ahora no puedo recordar ningún motivo válido. Me siento feliz con Fede, comiendo pizza y mirando Shazam, mientras afuera llueve torrencialmente.
Puede que con los días las razones vuelvan a mi cabeza y sepa que lo de irme fue una buena decisión. Tal vez es una especie de inversión para que en un tiempo volvamos a cruzarnos y, ahí sí, vivir de otra forma, enamorarnos de quienes somos ahora y no seguir juntos por el recuerdo de lo que fue. 
Pero cuán necesario resulta también amarse a uno mismo antes que nada.
Será cosa de, como se dice, tragarse los mocos y crecer de un tirón.   





domingo, 26 de mayo de 2019

Nunca te vi baldear el corazón

De a poquito voy volviendo a la normalidad de mi vida. El libro salió y llegué al límite que me había puesto para reacomodar mis días. ¿Cómo seguir ahora? ¿Qué peor que perder las excusas que nos clavaban en la inacción? Seguir o no seguir. El camino que elegí hasta ahora, me refiero. ¿Cómo tomar semejante decisión si ya no soy la misma de antes? ¡Y lo que me falta por cambiar! ¡Toda la piel que me pesa y me rasco pero todavía no quiere caer! Tendré que hacer una investigación exhaustiva: averiguar quién soy ahora, quién quiero ser. Ir por ahí, con cuidado. Descansar en mis letras, cuidarme de no hablar de más. ¿Para qué andar desparramando los planes? ¡O los plagian o los queman! Así que sh. Que acá no pasa nada, che. 





jueves, 23 de mayo de 2019

Ando con saldo negativo en la SUBE. El clima amenaza con llover, pero únicamente el viento me acompaña. ¿Cuánto más debo perder para sentirme conforme?





lunes, 20 de mayo de 2019

Todas las partes de una muerte

El sábado a la tarde/noche fue la presentación de mi libro "Todas las partes de una muerte", editado con Cantamañanas, 160 p., 23x14 cm., ISBN 978-987-47192-0-1. 

Pasé por tantas etapas de nervios durante la semana y, sobre todo, el sábado, que en un momento Cristian me dijo: "¿Te podés quedar quieta?" porque no dejaba de dar vueltas por la editorial.

Entre apuradas, como siempre, llegamos corriendo a la cafetería con las cajas de libros y nos pusimos a acomodar todo: las mesas, los ejemplares, el micrófono, la cámara. Me daba vergüenza levantar la mirada, pero algunos ojos me reconfortaron. Algunos brazos me sostuvieron. De a poco fueron llegando todos. Aunque hubo algunas ausencias, me sentí feliz por los que estaban. Amigos de ahora, de antes, familia. 

Leímos un cuento Alexis ("Pasar la noche"), Vicky ("Cómplices") y yo ("Tanto amor"). Caro y Cris contaron cosas mías de la editorial, de mis procesos de escritura, de mi cara de pocos amigos cuando me conocieron. También hablaron Dana y Pablo y fue muy emocionante. 

Dana contó lo que pasó con Matías y a todos se nos hizo un nudo en la garganta. Más de uno habrá llorado, sé que yo tuve que hacer un esfuerzo por no hacerlo. Pablo dijo que estaba orgulloso y que había aprendido mucho de mí. Después mi mamá agarró el micrófono y me dijo un montón de cosas que hubiera preferido me dijera en privado. Ya está. 

Cuando terminamos, empezaron a levantarse todos a comprar un libro y me sentí abrumada. No fui programada para este tipo de situaciones. Creo que jamás en la vida di tantos besos y abrazos. Se me cansó la mano de dedicar ejemplares y la cara de sonreír para la foto. A eso podría acostumbrarme. 

Ahora me siento muy relajada porque ya pasó. Estoy empezando a procesar las emociones recién hoy. Y eso que falta la parte más difícil: que el libro se mueva. 

Dentro de todo, ahora de lejos, lo del sábado fue fácil: no tuve que convencer (demasiado) a mis seres queridos para que compraran el libro. Lo complicado será abrirme paso en el mundo real, donde soy otra escritora anónima que patea las calles con un libro recién salido del horno debajo del brazo. 



domingo, 5 de mayo de 2019

Estás en todo

A vos te diría que te pienso más de lo que cualquiera hubiera esperado (vos, yo, esa amiga que vivió con nosotros lo que no fue). No te volví a ver, lamentablemente. ¿Cuánto tiempo va, diez años? Creo que más. No quiero sacar la cuenta. Para qué. Cada tanto pasa algo que te trae a mí: me pasa por encima quiero decir; me atropella, me revuelca por el asfalto y me quedo mirando el cielo imaginando otra vida. 
"Amame para siempre, Dorrego, es la única forma de que sea feliz". Transcribo una de las tantas frases que me dedicaste. Tengo todo guardado, el cuaderno bitácora, las cartas, las notas, los mensajes. A veces pienso que el problema fui yo: siempre tan volada, tan necesitada de espacio y esa falsa sensación de libertad. Todavía me pasa, miro alrededor y si siento que se me están cerrando las puertas necesito salir corriendo. 
Igual vos también ibas a mil por hora. Dale, no te hagas el desentendido. Ya querías casarte con quince años. Ideamos juntos un plan para fugarnos a Santa Fe y tener hijos. ¿Con qué apuro? ¿Por qué andar pensando en esas cosas a esa edad? Menos mal que nos separamos, si ese era nuestro destino siendo tan jóvenes. Ahora tendríamos seis hijos, deudas millonarias y nos odiaríamos. 
Ojalá vuelva a cruzarte por la vida alguna vez. No sé si te lo diría, pero siempre te voy a querer, amar, extrañar, todo junto. Fuiste tanto para mí. No supe manejarlo. Ahora entiendo que si yo era complicada, vos no te quedabas atrás. Tal vez no quieras reconocerlo, pero cuando me acomodé la cabeza y fui a buscarte ¡qué orgulloso que fuiste! Me contaste que ya habías conocido a alguien más, que estabas enamorado de verdad, que ojalá algún día me pasara y que "por estas cosas existen las canciones de amor". Más de una década después todavía me acuerdo. 
Tantas veces después quise buscarte otra vez. Cruzarte y pedirte perdón, rogarte que hicieras una excepción a tu orgullo y me miraras de nuevo con ese amor que me diste. No pude o no me animé, era chica. 
Me enamoré muchas veces. Amo desmedidamente. No puedo controlarlo. Vos siempre vas a ser el que echó raíces primero. Es posible que desde entonces te haya buscado en cada hombre que conozco. Solo me siento segura si encuentro algo tuyo en ellos. No es algo consciente, es más, lo estoy pensando recién ahora. Estás en todos, en todo. 
Teníamos un juego (uno de muchos) en el que uno decía "quieto" y le daba un beso en la mejilla al otro. ¿Te acordás? En ese momento todavía éramos amigos. ¿Fuimos amigos alguna vez? ¿Lo seremos algún día otra vez?




viernes, 12 de abril de 2019

Crónicas de desempleo

SO, WE'LL GO NO MORE A ROVING... NO VOLVEREMOS A VAGAR... 

So, we'll go no more a roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon be still as bright.
Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.
For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the hearth must pause to breathe,
And love itself have rest.
Pues la espada gasta su vaina,
Y el alma desgasta el pecho,
Y el corazón debe detenerse a respirar,
Y aún el amor debe descansar.
Though the night was made for loving,
And the days return too soon,
Yet we'll go no more a roving
By the light of the moon.
Aunque la noche fue hecha para amar,
Y demasiado pronto vuelven los días,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.

Lord Byron



Estoy leyendo Crónicas Marcianas (1950), de Ray Bradbury. Lo empecé un poco obligada, me había gustado mucho Fantasmas de lo nuevo (1969) -que presté y perdí-, así que decidí probar con otra -mucho más celebrada- obra del mismo autor. El poema que transcribí arriba lo recita uno de los expedicionarios de la tierra al resto de la tripulación, en las calles de Marte. Me pareció hermoso en relación con mi vida, con cuestiones que ni yo comprendo del todo; y, tal vez por eso, también me llegó la melancolía del personaje. Spender, así se llama, es el único de un grupo de veinte terrícolas -todos hombres, qué raro- que aprecia la belleza de un mundo sin la corrupción humana y decide hacer lo que esté a su alcance para preservarlo. Puede tener relación con esa situación hipotética de matar a Hitler de bebé. ¿Quién lo haría, de verdad, si pudiera? Para Spender es un poco más fácil porque solamente tiene que matar a diecinueve tipos. El resto de nosotros, ¿qué podemos hacer frente a un mundo entero? La verdad es que me viene gustando el libro. Sobre todo la cuarta expedición, la del tal Spender, que se enamora de la civilización marciana y la defiende con la vida. "El último marciano", se llama a sí mismo por el simple y hermoso hecho de ponerse la camiseta. Mirá si todos pudiéramos comprometernos así con la salvación de nuestro propio planeta. 


miércoles, 3 de abril de 2019

Cansancio

Estuve haciéndole correcciones a mi libro en edición. Básicamente llevo un par de semanas reuniéndome con mis editores, cambiando frases, buscando sinónimos, dándole la vuelta a los textos. Lo importante, me dicen y me digo, es no repetir estructuras para que los lectores no puedan anticiparse a mis finales. Así de fácil, che. 
Empecé con el proyecto del libro hace muy poquito, la verdad es que hubiera querido tomarme un poco más de tiempo (¿28 años no son suficientes? me grita la materia gris, pero la ignoro). 
La idea es que llegue para la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2019, que arranca a fin de mes. Primero tenemos unas Jornadas Profesionales a las que voy a ir en calidad de... ¿oyente? Bueno, supongamos que ya me siento correctora/editora junior/escritora. O, sino, me auto proclamo lectora.
En síntesis, se formó un colectivo de editoriales independientes que se llama Cardumen e incluye a mi querida Cantamañanas. Pabellón azul, stand #235. 
Si todo sale más o menos bien, para la semana del 25 ya estaría mi libro impreso. Ayer Cristian lo registró en la Cámara Argentina del Libro; eso quiere decir que mi primer hijo ya tiene oficialmente DNI. Intentaré recordar la fecha para festejar el próximo año. 
No sé por qué hice toda esta introducción, cuando mi primera intención fue escribirme a mi yo del futuro. Ahora va. 

Mery:
Cuando pase toda la fiebre de la publicación de tu primer libro y puedas descansar, te dejo unos tips.
Buscá los momentos para escribir, no vuelvas a obligarte a sostener la birome o la notebook con la cabeza en blanco. Los tiempos editoriales te van a chupar la sangre, preparate antes. 
Tratá de producir contenido por día. Al menos por semana. No te oxidés.
Basta de peros. Quiero decir, literalmente dejá de usar tanto esa palabra en tus cuentos. Tus construcciones básicas son A pero B. 
Existen otros conectores además de la Y. Investigá, jugá. 
Queda anulada para siempre la expresión "apretó los dientes". Buscale la vuelta, no sé; que los nervios de los personajes pasen por otro lado. 
Explorá la sexualidad: es la parte más natural e instintiva del ser humano. ¿Por qué evitarla en tus escritos?
Fijate que no todas las personas viven en departamentos ni tienen celular. Aunque te sorprenda, hay quienes viven en calle de tierra y no tienen para comer. No seas tan esnob. Hablales a ellos, contá lo que pasa en la realidad de la gente que te rodea. Los que viven bien ya saben cómo es la cosa, dale lugar a los que no tienen cómo gritar. No escribas más para burgueses. 
Quería cambiar de tema pero me cuesta. ¿Te diste cuenta de que casi todos tus personajes pasaron por la educación formal? Narrás como si siguieras escribiendo textos académicos, Mery. Basta. Si vas a dejar la universidad, hacelo posta. 
¿Ya dije lo de los peros? ¡Es que son muchos los que tuve que borrar en la última corrección del libro!
Que mis quejas no te saquen las ganas. Vos sabés que escribís bien, boluda. No sos increíble y no te destacás en un mundo colmado de escritores. Todavía. Centrate en el todavía. 
No te apures, pero tampoco te dejes estar. Leé otras cosas. Basta de Schweblin, Salinger y Walsh. No te los vas a olvidar por soltar sus libros un ratito. Buscá tu voz en otras partes, ellos ya te dieron todo lo que podían. 
Sé atrevida en lo que decís y cómo.
Contá lo que en otros momentos hubieras callado. No hagas la vista gorda.
Estás para algo acá, che. Si justo se dio que escribís bien, sacale provecho. 
No pases desapercibida por el mundo. No viniste a ser madre, hermana, novia, tía, empleada, dueña, jefa, hija, amiga.
Viniste a ser Mery y lo que eso signifique es decisión tuya. 
No dejes de escribir. 
O, mejor dicho, descansá un poquito y después volvé con todo. Que se sacuda la tierra cada vez que presiones las teclas.



lunes, 25 de marzo de 2019

Aniversario

Una silueta silenciosa deambula hacia los buzones de Constitución cada año, entregando las copias de una carta en blanco... a excepción de un número, que en cierta forma lo identifica mejor que su propio nombre. En un eterno retorno, camina el hombre muerto las mismas calles de su último día de vida, una y otra vez; de esta forma resisten en la oscuridad los que esperan sin tregua ser encontrados algún día. Lo llaman “el aparecido”, pero lo que dicen de él y por qué murió, ya es otra historia.



Encuentros y desencuentros

En los últimos días fui a ver/escuchar dos veces a Samanta Schweblin (espérenme un segundito, que siempre tengo que revisar haber escrito bien su nombre).
Me la presentó Dante, mi profe de Escritura. Ya no sé si voy a volver a la universidad, pero sí sé que cada vez que lo mencione, diré "mi profe". Ese profe
Decía: aprendí (le agarré la mano) a reseñar libros con Schweblin. Por obra del destino (está bien, por Dante) llegó a mis manos antes que nada Pájaros en la boca (2015). Me encantó.
Después leí Distancia de rescate (2014). Una novedad para mí, ese cuentito largo. Nouvelle, como se le llama. Quizás lo que más me gustó en este caso fue el concepto. La distancia de rescate es esa conexión de una madre con su hijx, el espacio que puede haber entre ellxs para evitar una fatalidad. A veces falla. 
Seguí con Siete casas vacías (2015). Lo leí con desesperación, a pocos días. Error. No pude saborear esas historias con la misma intensidad. Como cuando tenés tanta hambre que tragás sin masticar y después te quedás pensando si estaba rico o no. Son buenos cuentos, aunque no son mejores que los de Pájaros
Hace poquito, el año pasado, compré Kentukis (2018). Este lo esperé. Solamente me banqué pasar dos veces por la librería antes de decidirme a entrar. Me acuerdo que no tenía plata y lo saqué con la tarjeta de crédito. Primera novela de Schweblin. La prefiero como cuentista: es más profundo el latigazo. Creo que es más contundente con menos páginas. 
Cristian siempre me dice que no tengo que idolatrarla, que es una mina como cualquier otra. Lo sé, carajo. Empecé contando que la conocí hace unos días. Me firmó un libro en un festival en San Isidro, después de una charla sobre sus procesos de escritura y comentarios de algunos libros; también habló de la filmación de Distancia de rescate para Netflix. El viernes pasado leyó "Mis padres y mis hijos" en Dain: Usina Cultural, como parte del Ciclo de Arte "Siga al conejo blanco" (una propuesta bastante interesante, agrego). Fui con Rama. 
El mes que viene probablemente la vuelva a cruzar en la Feria del Libro (FILBA 2019), acá en La Rural. Hay que aprovechar ahora que anda por Argentina, después se vuelve a Berlín y chau. 
Schweblin parece una mina simple. No se la ve cómoda hablándole a mucha gente. Comprende, quizás, que es una necesidad si quiere seguir vendiendo sus libros. Tiene el pelo oscuro y lleno de canas. Eso me gustó. Habla sonriendo. Tiene una pose específica para cuando se encienden las cámaras. Frases y anécdotas latiguillo. La facilidad de escabullirse. 
Conseguí El núcleo del disturbio (2002) por Mercado Libre. Lo pagué una barbaridad porque ya no se edita. Pero no quise leerlo en PDF. Llámenme materialista. Yo prefiero declararme una romántica: nada se compara con la intimidad de pasar las páginas con los dedos. El libro tiene cosas interesantes; supongo que está bien para una primera publicación. Todavía no tenía el estilo schwebliniano. 
No puedo dejar de mencionar Pájaros en la boca y otros cuentos (2018), una avivada de Random House. Lo tengo porque soy una obsesiva. Tiene solamente dos cuentos nuevos, que no aparecen en otros libros. Están más que bien.
Ahora voy a descansar de Samanta Schweblin. Me dijeron que estoy empezando a escribir como ella. ¿Qué sentido tiene emularla? Probablemente la haya incorporado sin querer. Espero, che. Hacíamos el chiste con Alexis: por ahí cuando le di el abrazo antes de que me firmara el libro, le saqué un pedazo de alma o algo. Y ahora ella escribe a través mío. Ese sería un gran cuento.

sábado, 23 de marzo de 2019

El violento oficio de escribir

Escribí muchas veces sobre la necesidad de escribir. Dije, si mal no recuerdo, que uno se desangra sobre el teclado o la hoja, deja salir todo eso que lo oprime y lo convierte en arte. No digo que haya estado equivocada; más bien, puede que me haya quedado corta. 
Vengo de una de mis tantas reuniones con Cristian, mi editor. Esa palabra le queda corta igual, tiene más que nada un fin explicativo (en este caso también y, por sobre todo, es mi amigo). Trabajamos doce horas seguidas en dos libros próximos a publicar: el mío y el de otro colega de la zona, Antonio. 
Descripción gráfica de la mesa: notebooks, cuadernos, biromes, celulares, termo, mate, pizza, la cámara de Rama, libros, chipá, facturas, yerba, cables. 
Participantes de la reunión: Cristian, Antonio, Rama, quien escribe. Virtual y ocasionalmente, Caro.
Sentí mucha conexión con Cristian durante las correcciones, la revisión de los textos, la unificación del criterio para darle forma al estilo de cada escritor (llámense Antonio y Mery). Todo rodeado por el ojo de AC, atento detrás del objetivo de la Nikon. 
Estoy agotada mentalmente. Invierto los últimos minutos de lucidez acá. 
Cristian me guió durante el proceso de extracción que padecí. Me corté a la mitad y me saqué el jugo. Con su invaluable ayuda. Trabajamos un texto que venía dándome problemas. Ahora que pudimos resolverlo, me pregunto si lo que me trababa era la temática; si era una cuestión relacionada con el querer. Creí que no podía escribirlo. Quizás no quería.
Pequeño resumen: una chica que vuelve de noche sola a su casa sufre la persecución de dos hombres. 
Puede parecer trillado. ¿Sabés por qué lo es? Porque pasa todo el tiempo. Me pasa a mí, nos pasa a todas. Acá ni siquiera necesito el lenguaje inclusivo. Cualquier mujer puede comprender la gravedad del asunto, aunque creamos que es natural salir a caminar con miedo a la calle. Todo hombre habrá acompañado alguna vez a una chica a su casa porque era tarde, como si fuera sinónimo de peligro. Lamentablemente, lo es. Podemos desaparecer cualquier día. Sin rastros. 
Si querés saber cómo sigue el cuento, a fin de mes se publica mi libro. Puedo decirte dónde comprarlo (que soy bastante pobre, che, necesito vender).
Si no te convence la historia que te cuento, confiá en esto: quedó un pedacito mío en esas líneas. Tuve que romperme y dejar escapar algo que estaba bloqueando porque no sabía cómo manejar. Cristian me guió, como un chamán literario, hasta sentir con mis personajes. Estuve ahí, en los escenarios que imaginé. Me quedé muda, me temblaron las piernas, se me hizo una pelota en el estómago. Aguanté las lágrimas, apreté la mandíbula y dejé fluir la bronca y la frustración por mí, por todas mis hermanas: las que están y las que desaparecieron. Las vivas y las muertas. 
Fue durísimo. Terrible. Jodidamente hermoso, como hubiera dicho alguna vez Cristian.
Como a la protagonista de mi cuento, el destino me encerró en un departamento a la noche con dos hombres. La diferencia fue abismal: ella corría un peligro tremendo; yo estaba con dos seres humanos a los que les confío la vida. Siento un amor desmedido hacia ellos y no representan ningún tipo de peligro para mí. 
Así y todo pude experimentar la trama del cuento: Cristian representó mis oraciones, se paró frente a una puerta imaginaria y me preguntó cómo seguía la historia. Yo todavía estaba trabada, negada. Me hizo parar, me sacudió, me dijo que ahora era yo la protagonista, me preguntó qué sentía. Cerré los ojos, no quería llorar, liberé la bronca. 
Rama también estaba, sosteniéndome la mano a distancia. La puta madre, el corazón. 
Creo que pude escribir un buen final. Estábamos los tres de última.
Ahora volví a mi casa y la vida es chata otra vez. Fluyo con el paso de las horas, me digo que necesito descansar pero no puedo bajarme de esta inyección de adrenalina. 
Si consigo la fuerza para seguir moviendo los dedos, capaz me ponga a escribir. 
Ahora comprendo un poco mejor qué significa esto de ser escritora. Llámese aquella que se rompe y se reconstruye sola. Una y otra vez, como si fuera una pulsión.




viernes, 22 de marzo de 2019

Los misterios de Erre

Escuché, leí, descubrí, parece ser que Erre tenía los ojos verdes. Podría ser un detalle menor en comparación con su legado, con todo lo que me gustaría contarle y preguntarle. El dato me queda dando vueltas por la cabeza, como un mosquito a la noche. No me lo puedo sacar de encima. Imagino su mirada, la forma en que me prestaría atención al acomodarse los anteojos sobre el puente de la nariz. ¿Cómo se habrá sentido reflejarse en unos ojos como los suyos? Solamente hay fotos en blanco y negro. Cuánta tristeza rodea la imposibilidad de conocerlo alguna vez en toda su belleza: las entradas, las arrugas, la voz ronca -quizás, me imagino- por el pucho, los vidrios gastados, la panza incipiente. Y esos ojos verdes, que siempre se me aparecerán oscuros. 


miércoles, 20 de marzo de 2019


Cadáver exquisito

Mientras esperaban que llegaran las hamburguesas se les cayó con cautela intentaron avanzar sin empeorar el desparramo. Pensaron en lo divertido que les parecía que si seguían dándole a la cerveza se iban a caer de pera y sin tocar tocar el piso. La próxima vez usarían un transporte público o una bicicleta cada uno. La próxima vez mejor guardar la plata para salir a comprar un par de libros que permanecen cerrados, llenos de tierra. El tiempo pasa y nunca sabés qué puede traer adentro la hamburguesa de lentejas, si está más picante de lo normal; tiene gusto a sal o perfume; y uno se acuerda del cuerpo del otro, mañana encima tenían que pasar todo el día sin verse, como si fuera su sombra, su compañía. Quería quedarse a su lado los días duraban menos. Se le pasaban las horas como si fueran minutos... Y era peor durante la noche pensaba en pedirle que se quedara, pero no podía. De todas maneras algo permanecía en la almohada de dos o tres pelos, de la cabeza o de la barba; daba lo mismo porque siempre le quedaban en la remera y al final preferían no quitárselos. Si no te quedás, llevate algo mío. Yo tengo bastante con todas esas cajas que tengo que levantar, correr y embalar todos los días; y encima ella me pide que salga a correr por las mañanas se volvía sobre su espalda y veía que continuaba ahí. Tal vez solo se lo imaginaba enorme, del tamaño de una topadora o algo así, capaz de tirar o construir puentes. Para que no se vaya o para reunirse, en realidad cualquier excusa les servía para cruzarse y seguir buscando en el otro un pedazo de sí mismo o de los dos, mimetizados, temblaban al mismo tiempo, las mismas partes, semejantes a sus ojos, que no por casualidad empezaban a brillar cuando estaban ahí...



Conversaron tanto en aquella esquina que, sin darse cuenta, echaron raíces. 

lunes, 18 de marzo de 2019

Pubertad

Cuando vio el agua salir de abajo de su cama tocó inmediatamente el colchón, recordando instintivamente todas las veces que se había hecho pis encima. Pero las sábanas estaban secas y no llovía y el llanto que se oía tampoco era suyo. 

Esclava

Últimamente me decía más seguido que le dolían los pies. Antes lo mencionaba, como mucho, una vez por semana. Pero ahora me lo repetía dos o tres veces por día. En ocasiones llegaba a sentir algo de culpa, pero solamente cuando era de noche y yo también estaba cansada. Me gustaba verla bailar hasta que me pesaban los ojos y, lentamente, bajaba la tapa de la cajita musical.


Behind these walls



Soy hermosa cuando estoy quieta. Cuando mi pelo permanece peinado de la forma en que el espejo supo felicitar después de hacerme la planchita. Cuando no hay ni un atisbo de transpiración que pueda remover el maquillaje y revelar mi piel grasosa. Cuando las curvas de mi cuerpo están firmes y no se notan demasiado los gramos de más: la papada, los cachetes, los rollitos de la cadera y la panza, los tobillos y los gemelos regordetes, la carne que sobra de los brazos. Cuando no se ven los pelitos de las piernas o las axilas por movimientos mal calculados. Cuando no se nota que camino torcida porque tengo la columna desviada, y nadie sospecharía que mi andar es encorvado y desequilibrado. 

Bastaría con prestar un poco de atención y cualquiera podría darse cuenta de que soy una farsa. De que mi pelo es una mentira, de que los pantalones tiro alto se ocupan de ocultar todo eso que me atormenta. De que uso demasiado maquillaje. De que mi sonrisa cumple la función de despistar. De que no quiero que nadie vea más que lo estrictamente necesario. 







The night we met



I had all and then most of you

Some and now none of you

Take me back to the night we met

I don't know what I'm supposed to do

Haunted by the ghost of you

Oh, take me back to the night we met






En cualquier otro mundo

Puede que lo recordara de vez en cuando por culpa de alguna noticia relacionada con su equipo de fútbol, pero no había vuelto a pensar profundamente en él (y en ella juntos en una oración) desde mucho tiempo atrás. Llovía poco, pero de manera constante. Cuando el agua caía de costado, la alcanzaba debajo del paraguas y la mojaba. Menos mal que llegó enseguida a la verdulería. Fue mientras compraba las berenjenas que se dio vuelta para mirar otros cajones y entonces lo vio pasar por la vereda. Tal vez no fuera él pero, ¿cómo saberlo después de tantos años? Iba encapuchado, rápido, con las manos en los bolsillos. La conexión visual duró apenas unos segundos. Puede que él también se hubiera preguntado si era ella. No importan los nombres, todos llevamos grabados ciertos rostros que nos transportan a otras épocas más felices. Se reconocieron lo suficiente como para que el tiempo se detuviera y la lluvia dejara de caer. Habrán parpadeado dos o tres veces, no más que eso. Y luego él siguió caminando y ella pidió un kilo de frutillas, que a él le gustaban tanto, y acá estamos. 


martes, 5 de marzo de 2019


Hace muchísimos años perdí un anillo que usaba en el dedo gordo de la mano derecha. Insólitamente, no puedo recordar de dónde lo había sacado. Me gustaba jugar obsesivamente a ponerlo, moverlo, sacarlo de lugar. Lo impulsaba con el dedo medio y el índice hacia arriba y hacia abajo, hasta que me dolía el pulgar. Era un tic inconsciente pero necesario. Ya no recuerdo tampoco cómo o por dónde lo perdí; pero a veces todavía me encuentro con que mis dedos lo buscan… Se remueven incómodos por aquel amor perdido. Desde entonces los pulgares se convirtieron en tierra desierta para el mundo de los anillos. Hay cosas que son irremplazables.




jueves, 28 de febrero de 2019

Calma

Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.


Ahora que ya lo dije, que lo escribí tantas veces (igual copié y pegué, un poco vaga soy), lo repito y me lo grabo en el alma: RENUNCIÉ. 
Vengo quejándome haca tanto tiempo de mi trabajo, de las fallas, de los errores, de la incomodidad, de las injusticias. Y me animé; lo medité, lo pensé, saboreé la idea durante semanas que, lamentablemente, se convirtieron en meses. Pero ya está: decisión tomadísima. 
No vuelvo más. 
Y lo mejor de todo es que me voy bien, no hubo peleas ni gritos. Quizás, llanto escondido. Me causa un no sé qué alejarme, perder mi lugar, pero es un no sé qué casi lindo, emocionante. A buscar otro espacio donde pueda acomodarme mejor. Ayer justamente estuve de jardinería y trasplanté unos cactus que ya no entraban en sus macetas. 
Mery vive de metáforas, en la literatura que sale de su mano y en el camino que recorren sus pies. 
También estoy aprendiendo eso de hablar de uno mismo en tercera persona.
Se vienen muchos cambios. Aprender a estar sola conmigo misma sería lo principal. Tomarme unos días de vacaciones y después salir a buscar un trabajo que me haga feliz o, al menos, me llene en algún sentido. Terminar mi primer libro (si mis editores se ponen las pilas, ja ja). Salir a correr, respirar, renovar todo lo que se pueda. Volver o no a estudiar, pero para mí, no para la sociedad. Ser licenciada me sirve si va con lo que busco, sino no. 
Se verá.
Hoy me siento plena. Miro alrededor y todo resplandece. Pienso en mañana, pasado, el mes que viene y no tengo ni puta idea.
Y me encanta.