SO, WE'LL GO NO MORE A ROVING... NO VOLVEREMOS A VAGAR...
| So, we'll go no more a roving So late into the night, Though the heart be still as loving, And the moon be still as bright. | Así es, no volveremos a vagar Tan tarde en la noche, Aunque el corazón siga amando Y la luna conserve el mismo brillo. |
| For the sword outwears its sheath, And the soul wears out the breast, And the hearth must pause to breathe, And love itself have rest. | Pues la espada gasta su vaina, Y el alma desgasta el pecho, Y el corazón debe detenerse a respirar, Y aún el amor debe descansar. |
| Though the night was made for loving, And the days return too soon, Yet we'll go no more a roving By the light of the moon. | Aunque la noche fue hecha para amar, Y demasiado pronto vuelven los días, Aún así no volveremos a vagar A la luz de la luna. |
Lord Byron
Estoy leyendo Crónicas Marcianas (1950), de Ray Bradbury. Lo empecé un poco obligada, me había gustado mucho Fantasmas de lo nuevo (1969) -que presté y perdí-, así que decidí probar con otra -mucho más celebrada- obra del mismo autor. El poema que transcribí arriba lo recita uno de los expedicionarios de la tierra al resto de la tripulación, en las calles de Marte. Me pareció hermoso en relación con mi vida, con cuestiones que ni yo comprendo del todo; y, tal vez por eso, también me llegó la melancolía del personaje. Spender, así se llama, es el único de un grupo de veinte terrícolas -todos hombres, qué raro- que aprecia la belleza de un mundo sin la corrupción humana y decide hacer lo que esté a su alcance para preservarlo. Puede tener relación con esa situación hipotética de matar a Hitler de bebé. ¿Quién lo haría, de verdad, si pudiera? Para Spender es un poco más fácil porque solamente tiene que matar a diecinueve tipos. El resto de nosotros, ¿qué podemos hacer frente a un mundo entero? La verdad es que me viene gustando el libro. Sobre todo la cuarta expedición, la del tal Spender, que se enamora de la civilización marciana y la defiende con la vida. "El último marciano", se llama a sí mismo por el simple y hermoso hecho de ponerse la camiseta. Mirá si todos pudiéramos comprometernos así con la salvación de nuestro propio planeta. 
