Estoy leyendo un libro sobre Evita. El vecino de la cabaña de al lado tiene una toalla que es la bandera de Estados Unidos. El río nunca está en calma, el oleaje golpea el muelle constantemente, pasan canoas y lanchas cada tantos segundos.
Me pregunto en qué medida este clima húmedo y este sonido ambiente habrán motivado a R.W. a escribir. Llevo tres días acá y estas son las primeras palabras que brotan de mis dedos. ¿Será únicamente una cuestión de adaptación?
No me animo a meter los pies al agua; ayer me quedé mirando cómo flotaba un envoltorio de bonobón. Quisiera, a la vez, adentrarme en el Delta, explorar otras islas, descubrir hasta qué punto podés perderte, alejarte, esconderte, sobrevivir a las miradas ajenas.
Voy y vengo hacia la misma idea desde que llegué: ¿cuánto habrá en estas aguas de refugio y cuánto de inspiración?
¿Se habrá activado algo en mí que todavía no percibo?En la isla de enfrente hay una casita blanca con las ventanas naranjas. Flamea, desde la baranda, una banderita argentina; la corriente rompe en su orilla y lentamente retorna hacia mí.
Imagino a un hombre abriendo la puerta mosquitera, asomando la mirada soñolienta protegida por unos anteojos cuadrados, de marco grueso. Desde acá no puedo detallarlo, es más como un espejismo, un engaño fruto del sol y la marea. Una aparición.
Levanta la mano en el aire y lo imito, creo que me saluda. En realidad se protege del viento para prender un pucho. Bostezo y me dejo acariciar por la brisa fresca.
¿Habré sido la visión del otro lado del río durante sus días de soledad y ocultamiento?
¿Habrá visualizado a una chica como yo, como todas y ninguna a la vez, garabateando unas páginas a la distancia?
Quién hubiera pensado encontrarnos finalmente un día cualquiera de enero, colgando de una hamaca paraguaya; él tan lejos en el tiempo, yo tan habituada a buscarlo en todas partes.
"Es necesario llegar hasta aquí para saber lo que es un río en esta parte del mundo."

