I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Please stand by

Lo confieso y ni siquiera es un secreto: no fui al jardín. Solo hice prescolar, imagino que por algún descuido o desinterés por parte de mis padres con respecto a mi educación. Maravillosos habrán sido esos cuatro años en que no asistí a ninguna institución educativa, porque desde los cinco años en adelante me mantuve encerrada en un aula. Primaria, secundaria, curso de ingreso, universidad. Tengo veintiséis, ¿sabés lo que significa? Que la mayor parte de mis días los pasé escuchando o leyendo cosas que no son de mi interés. ¿Y todo para qué? Para saber, para aprender, para recibirme y tener un título y un buen trabajo, para mandar a los demás en vez de obedecer. Es un discurso repetido, lo sé, lo sé. No estoy descubriendo ni inventando nada. Mas bien estoy justificando mi decisión de dejar en pausa mis estudios. Sé también lo que me vas a decir ahora: "¡Mery, sólo te quedan cuatro materias y te recibís! ¡No es momento de aflojar!" Pero, ¿sabés qué? No aflojé ni siquiera cuando se murió mi sobrino. Fui a rendir una semana y media después de su muerte, con los ojos y la cabeza a punto de explotar y así y todo me saqué un diez. ¿Sabés lo que cuesta vivir así? ¿Sabés todo lo que pierdo a cambio de esos dieces? Así que basta por ahora. Serán las cuatro materias más difíciles y largas de mi vida. Dejé la universidad. Uf, qué feo suena pero qué bien se siente. Después de todo, aun con título voy a seguir siendo camarera, porque no tengo ganas de hacer nada más. ¿Esto es la segunda adolescencia? ¿Es la crisis de los veintitantos? ¿Es el duelo que parece que no llega más? ¿Es cinismo e hipocresía? ¿Es lo que quiero o lo que necesito? ¿Hay alguna diferencia?