I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Albrío

¡Que nos conmueva este instante: 
un abismo de luz, devoción y final! 
Ya sufrí e ignoré mis palabras, yo me veo en vos, 
¿vos te ves en mí?

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Eduardo



Esto es lo que sé.
Eduardo tiene treina y un años. 
Hace meses que al menos dos veces por semana desayunamos juntos. 
Es el encargado de control de calidad de los productos de Ice Dream, la empresa que trae los panes y medialunas congelados a la cafetería donde trabajo. En consecuencia, incontables mañanas apareció antes incluso de la apertura al público para mostrarnos cómo hornear correctamente las medialunas, entre otras cosas. Ahora sé que al horno hay que prenderlo antes para que vaya calentándose, que las medialunas se sacan del freezer también un ratito antes para que vayan descongelándose y puedan leudar correctamente. 
En una ocasión, inclusive, llegué bien temprano y el local seguía cerrado. Estaba por llover y me senté a esperar en la puerta, abrazándome a mí misma porque hacía frío. El día estaba gris, me acuerdo bien, no sé por qué, y desde la esquina vi que Eduardo venía caminando. Primero me asusté (siempre me asusto de hombres que vienen caminando a lo lejos cuando estoy sola), pero enseguida lo reconocí y su presencia me reconfortó. En ese momento todavía tenía el pelo largo (por largo me refiero a un poco crecido, supongamos un centímetro y medio o dos; hace algunas semanas se rapó a cero y le cambió por completo la cara), y me pareció terriblemente atractivo. A cualquier mujer le gusta charlar con un hombre educado, bien vestido (por lo general lleva ropa de vestir, aunque la camisa le marca un poco la incipiente pancita) y bien parecido. Me contó que vivía lejos y venía en transporte público, pero que no le molestaba viajar tan temprano porque le permitía aprovechar el día. 
Eduardo se comprometió desde el día uno con mi jefa, escuchó las quejas, intentó darle todas las respuestas que tuvo y defendió a su empresa con altura y sinceridad. Mi jefa lo maltrató un poco al principio, no más que a cualquiera de los otros proveedores o profesionales con los que trata; es una mujer fuerte e independiente que abrió una cafetería sin tener idea de nada y se tuvo que abrir el paso completamente sola, así que por lo general tiene que hacerse la dura con la gente nueva para mostrar quién manda. Después se hace amiga de todo el mundo y los invita a desayunar, a comer las medialunas, a disfrutar de una charla amena. 
Y así Eduardo empezó a quedarse después de chequear el contenido de las cajas y de las quejas, tanto de mi jefa como de la jefa de la cocina. Yo todavía era una barista bastante mala y le hacía el café doble apenas cortado con  gusto a quemado porque el café estaba sobre-extraído. Ahora sé que el café doble son dos onzas de café, más o menos cuarenta segundos de extracción, y luego se corta con leche emulsionada. Hasta me salen algunos dibujitos; pero todavía no domino del todo el arte latte. 
Cuando la buena onda se instaló, Eduardo comenzó a almorzar con nosotros también. A veces se va a media mañana y vuelve al mediodía, a veces se queda de corrido. Suele comer el menú del día o el sándwich vegetariano, porque no come carne. Tampoco come el postre, porque dice que está a dieta. 
La semana pasada, sin embargo, había de menú un sándwich con pepinillos, palta, verdes y langostinos que tenía buena pinta, así que lo pidió. Cuando se lo estaba llevando a la mesa, vi los langostinos que asomaban por debajo del pan y me sorprendí. "Tiene langostinos", le dije frunciendo el ceño. Yo también soy vegetariana, así que me tomo muy en serio este tipo de cosas. "Uh, no sabía", me respondió. Pero cuando pasé al rato el sándwich estaba casi terminado y la jefa de cocina, que disfruta de ver a sus comensales probando sus platos desde la ventana de la cocina, me dijo que le levantó el pulgar hacia arriba desde la mesa, indicándole que el almuerzo estaba bueno. No me lo tomé personal, pero me sentí un poco ofendida por ser un vegetariano trucho. Tanto como un vegano podría sentirse al verme comiendo quesos o huevos. Exagerada como soy, por un momento sentí que se me cayó un ídolo. Soy la única que no come carne en todo el local y me gustaba tener alguien con quien compartir esa decisión, aunque no estuviera presente todos los días. Es como si imaginara conversaciones ajenas en las que de alguna forma surgiera el tópico y dijeran "Mery no come carne, ¿viste?", "Sí, Eduardo tampoco." Él y yo fuimos cómplices secretos.
De Eduardo también sé que es gay. Ya mencioné que me pareció atractivo desde el primer momento, así que no faltó oportunidad para comentarle a mi jefa lo que pensaba. "Lástima que patea para el otro lado", me respondió, como siempre se dice de los homosexuales. Como si por rechazar la vida heterosexual su decisión fuera una ofensa para los demás. Es un comentario instalado que, sinceramente, decimos todos sin pensar ni analizarlo a fondo. Creo que si yo fuera gay, me molestaría que dijeran que mi orientación sexual es una "lástima". Lástima para vos, que querés entrarle a alguien que jamás te va a mirar en ningún otro sentido que no sea amistoso.
La semana que viene la cafetería cumple un año y se hace una fiesta privada, a la que sólo están invitados los clientes más allegados y proveedores, gente que colabora de alguna manera con el día a día. Eduardo confirmó su asistencia e incluso se comprometió a traer a su pareja, para presentarlo oficialmente. 
Hoy a la mañana, más o menos siete y media, mientras preparábamos un café para llevar con Estefi, mi compañera, vimos que Eduardo entraba a la cafetería. El pelo ya le creció bastante, así que reconocí su cabeza oscura, su suéter azul, su sonrisa cordial. Fue una mañana atareada, así que sólo le di un beso y le di los buenos días. Entre idas y venidas, alcancé a ver que en la cocina le hicieron una tostada multicereal y que Estefi le hizo su café doble cortado. Mi jefa estaba lidiando con asuntos administrativos, así que también tardó en reunirse con él en la mesa. Eduardo desayunó solo. De lejos también lo vi levantar los platos que había usado, y llevarlos a la bacha. Pocas veces dejó que las camareras levantemos su mesa. Hoy no hablé con él directamente en ningún momento, pero si de él con la jefa de cocina. Me quejé de que a veces las medialunas se queman un poco, salen demasiado crujientes y las mesas se llenan de migas. "Le tengo que decir a Eduardo", me dijo, "porque pone el horno a ciento noventa y se pasan". No sé si le dijo. Hago memoria, revivo mis pasos de esta mañana y no sé con seguridad si Eduardo entró a la cocina, si la jefa le dijo que estaba quemando las medialunas, si surgió en la conversación hipotética que la instauradora de la temática había sido yo. No sé si Eduardo volvió a pensar en mí después de saludarme, ni yo en él. Lo único que recuerdo, además de lo que conté hasta ahora, fue que lo vi caminar hacia el baño y abrí la boca para detenerlo, porque justo lo estaban pintando y quería advertirle que no se acercara demasiado a la pintura fresca. Pero entonces recordé que primero iban a pintar el baño de damas, así que cerré la boca y lo dejé marchar. 
Cerca de las once, cuando se fue, Estefi y yo estábamos buscando música en Spotify y apenas levantamos la mirada cuando pasó. "Nos vemos", gritó (más a la jefa que a nosotras, cosa rara porque siempre se despide con un beso) y seguimos con la mirada clavada en la computadora. Ninguna de las dos le respondió. 
A las dos y media de la tarde llamaron a mi jefa para avisarle que Eduardo había tenido un ACV durante una reunión, y como su familia y pareja viven en capital, necesitaban que fuera ella al hospital a firmar el permiso para derivarlo a una clínica especializada. Mi jefa salió corriendo y me dejó a cargo del local, a mí y a mi compañera del mediodía, Julieta, mientras casi le temblaban las manos. "No tiene a nadie más", nos dijo antes de irse. ACV significa Accidente Cerebro Vascular. Básicamente en un derrame cerebral, que puede o no ser fatal. No sé mucho sobre el asunto, el papá de mi mejor amiga se murió de eso, mi mamá y mi hermano viven con miedo de que les pase; y dice Wikipedia que es la tercera causa de muerte más común en Occidente, debido a la presión arterial causada por el sedentarismo y a la mala alimentación o el exceso de drogas y alcohol. No sé qué tipo de vida lleva Eduardo, pero supongo que una colmada de estrés y preocupaciones. Eso debe tener que ver. Cuando volvió mi jefa, más o menos una hora después, nos dijo que el cuadro no era muy esperanzador. La escuché discutir por teléfono con la pareja de Eduardo, que seguía en microcentro y no sabía cómo llegar hasta acá. 
Ahora son las diez de la noche. Sigo pensando en Eduardo y me pregunto cómo estará, si volveré a verlo, a llevarle la comida a la mesa, a prepararle el café. Si llegaremos a conocer a su pareja, si pensaremos en él la semana que viene, cuando festejemos el primer año de la cafetería y él no esté presente. 
Siempre sostengo que el mundo está lleno de gente que sobra, gente mala, que no aporta y encima resta. No lo conozco demasiado, no tenemos una relación íntima y es probable que no sepa mi nombre, pero siempre me pareció que Eduardo era una buena persona, sin maldad, casi inocente. Quizás algo en su tono de voz, en su tranquilidad, en la forma respetuosa en que se dirigía a los demás. No puedo evitar recordar también a Matías, mi sobrino que se murió ya hace más de un año pero me duele todos los días; pienso en la injusticia de las cosas, de las decisiones del destino, de la naturaleza de la vida, de todo lo que se escapa de nuestro control. Pienso que la ignorancia puede ser una bendición, que estar solo y aislado de los demás puede evitar tanto dolor acumulado... Pero, a la vez, qué contenta estoy de haber conocido a Eduardo, de haberlo hecho sonreír alguna vez, de saber estas pequeñas cosas que aunque en su vida privada no lo definieran, significan todo para mí porque constituyen esa pequeña partecita que yo, una camarera de una cafetería cualquiera, llegó a conocer.




jueves, 26 de octubre de 2017

You light a thousand matches!

When you finally set fire, well, you run away.

So why'd you go and do it when you knew that you would go and i would stay?



miércoles, 25 de octubre de 2017

“Coming through the rye”


“Coming through the rye”                                       “A través del centeno”


Coming through the rye, poor body                          A través del centeno, pobre chica
Coming through the rye,                                            a través del centeno,
She draiglet a’ her petticoatie.                                   Arrastraba las enaguas.
Coming through the rye.                                            A través del centeno.

Gin a body meet a body                                              Si dos personas se encuentran
Coming through the rye;                                            A través del centeno;
Gin a body kiss a body,                                              Si dos personas se besan,
Need a body cry?                                                       ¿Tiene alguien que llorar?

Gin a body meet a body                                             Si dos personas se encuentran
Coming through the glen;                                          A través de la cañada;
Gen a body kiss a body,                                             Si dos personas se besan,
Need the world ken?                                                 ¿Tiene el mundo que saberlo?

Jenny’s a’ wat, poor body;                                        Jenny es una pobre chica empapada;
Jenny’s seldon dry;                                                   Jenny casi nunca está seca;
She draiglet a’ her petticoatie,                                  Arrastraba las enaguas,
Coming through the rye.                                           A través del centeno.


                                                Robert Burns – 1782




lunes, 23 de octubre de 2017

Mensaje 1


 

Nada me duele, me siento cómodo, feliz. Siento cosquillas en la panza. No me importa nada más que estar ahí con vos y que nunca se acabe. Siempre pido eso: que nunca se acabe. No sé cómo definirlo, pero la verdad es que yo me enamoré de vos y nunca quise hacerte sufrir, pero el ser humano hace cosas estúpidas y a veces elige mal. Siempre que te hablo me pasa esto. Llego a esto. Al momento en que quiero irme con vos a cualquier parte del mundo y decirte mil millones de cosas que siento en la panza. Me pone nervioso porque cuando te tengo enfrente todo vuelve a ser como antes. Igual. Igual. Sólo que... A veces siento que mi cabeza está, no sé, nada de lo que hago es realmente lo que siento. Sólo vivo la vida. Pero vos me haces sentir cosas lindas. Siempre tuviste ese poder de conquistarme en segundos. Igual lo sabés. 

sábado, 21 de octubre de 2017

Pensamientos y disconformidades



Mi mejor amiga sacó un préstamo de ochenta mil pesos y se lo gastó en boludeces. Le debe al banco y al local en donde también compró cosas con tarjeta. Ayer sacó un iPhone de quince mil. Y yo ahorrando en monedas. 

Mi ex novio está por casarse. Su hermana, que tiene mi edad, también. Yo hago café. 

Mi jefa me paga una miseria. Le pregunté sobre la posibilidad de aumentarme en sueldo y no me dio bola. Sigo trabajando todos los días con la misma sonrisa falsa. 

Dejé el taller de teatro. No me banqué la presión social. El grupo, los saludos, los halagos, las miradas, los whats apps.

Odio mi trabajo. ¿Ya lo dije o sólo lo di a entender?

Estoy viendo True Blood, me gustaría tanto ser un vampiro...

Mi casa está llena de hormigas. Recién fui al baño y ya colonizaron mi cepillo de dientes y el dentífrico. No pensé que les interesarían la menta y el eucaliptos.

La barista que me está enseñando a dibujar en el café me cayó mal apenas la conocí. Ahora creo que es simpática. Otra vez prejuzgando.

Todavía sigo sin leer ni escribir. ¿Será el fin de mi relación con la literatura? Ya llevamos casi un año separadas. A veces la extraño y quiero decírselo, a veces siento que los libros me llaman desde la estantería o que la carpeta de la computadora que se llama "Cuentos" me invita a explorarla y corregir alguna cosita, seguir alguna idea. Todavía tengo que continuar la historia que empezó Kevin y ahí quedó. 

Estoy a dieta hace dos semanas. Extraño las pastas.

Tengo un excelente novio. Todos los días me desinfecta la oreja porque me puse un piercing y se ve que mi cuerpo lo rechaza. También me hace la comida y me la deja en el congelador. Anoche me compró una plantita de brócoli. 

Estamos en octubre y ya hace un calor de la puta madre.

El fin de semana tengo que ir a votar otra vez. Voy a meter al sobre una foto de Fassbender. 

viernes, 20 de octubre de 2017

¿Dónde estás, amiga?

Me pasa todos los días: subo la escalera del edificio pensando todo lo que quisiera decirle a mi jefa, a los clientes, a mis compañeras, y cuando por fin entro al departamento y prendo la computadora la mente se me pone en blanco y no sé qué escribir. ¿Será que ya no sirvo para esto? ¿Me habré apresurado en llamarme ESCRITORA? ¿Habré perdido mi don, como la Sirenita? 

¿Dónde fuiste, musa, si alguna vez estuviste acá?

miércoles, 18 de octubre de 2017

Escribiría un libro sobre ella



Viste esa gente que te das cuenta en dónde trabaja por las manchas en su ropa o las marcas en sus manos. Esta chica en particular olía a café. Su andar desprendía ese aroma intenso. Y era embriagante. Tenía el pelo negro, un flequillo casi pegado a la frente, bien cortito. Lentes rojos, grandes. Un sutil piercing en la nariz. La ropa suelta, a tal punto que tardé en darme cuenta de que estaba embarazada. Se le cayó un vasito y cuando se agachó a buscarlo vi que la ropa se le pegaba a la panza y me pareció adorable. Cuando entró a la cocina a lavarse las manos, saludó a todos con una sonrisa y un movimiento de dedos. Y después, cuando me iba, se despidió de mí pronunciando mi nombre. Qué bonito dicho de sus labios. 


viernes, 29 de septiembre de 2017

Como siempre, como nunca

Y todo comenzó con un whats app, como tantas otras historias de la última década. Ahogada en mi miseria, ni siquiera tuve el coraje de escribir algo más que su nombre. "Matías". Fue lo máximo que pude tipear y lo envié. No sé qué respuesta esperaba. Quizás simplemente me alivia saber que existe un Matías en el mundo que quiero y me quiere y está vivo. La desesperación suele llevarme a sacar conclusiones ilógicas. Fueron las horas más largas de mi vida. Si me hubiera respondido dentro de un rango de diez, quince minutos, probablemente le hubiera dicho que necesitaba verlo (cierto) y hablar con él (cierto) porque hay cosas que sé que sólo él podría comprender por completo (cierto). Todavía ni siquiera sabe todo lo que pasó, porque hace casi dos años que no hablamos. Sin embargo su respuesta llegó horas después, supongo que estaba trabajando, y le dije que lo peor de mi tormenta había pasado y que ya no necesitaba hablar con él (falso) ni verlo (falso). Insistió, de todas maneras, en que nos encontráramos. Pero le dije que no. No quiero retomar nuestra relación, como dije en otras ocasiones me basta con saber que está vivo y, tal vez, feliz. Y aún así necesito tanto ese abrazo que no llega. 

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Hablando no se entiende la gente

Fui a comprar un kilo y medio de ricota para unos canelones a la fiambrería. Claudia, la chica que atiende (y lleva algunas décadas en el planeta tierra, por lo cual debe ser conocedora de las normas sociales, del luto, de los caminos pedregosos que llevan al mundo de la confianza...), me dijo después de saludarme que se había enterado de la muerte de mi sobrino. En noviembre se va a cumplir un año ya. Y así con los ojos llorosos (resiento las lágrimas ajenas por hechos privados) y mientras pesaba la ricota, me dio el pésame y me preguntó cómo había sido y cómo estábamos. Sonreí. ¿Hubiera sido mejor si me ponía a llorar con ella? ¿Íbamos a abrazarnos sobre la heladera de los quesos? "Hay días que cuesta mucho", le respondí. Pero ya ni siquiera intenté cambiar el tema. Claudia quería hablar de la muerte de un niño. Lo confirmé cuando me contó que su sobrino estaba internado esperando un trasplante. No tuvo que decirlo en voz alta, su mirada se llenó de miedo ante la posibilidad de perderlo. No se lo deseo a ella ni a nadie. Y tampoco le deseo que, de estar en mi situación, venga un vecino a preguntarle cómo pasó y qué siente. Se siente horrible. Y no hay palabras, mucho menos cuando el que pregunta es un desubicado.  

viernes, 22 de septiembre de 2017

she lives in a world inside a world

Francisco sigue viniendo casi todos los días a la cafetería a almorzar y siempre charlamos entre corridas. Las corridas son mías, bandeja de por medio, él se dedica a leer el diario y tararear las canciones. De vez en cuando me recomienda que lea algún artículo y yo le digo, con sinceridad, que no creo que vaya a leerlo. Pero igual él me cuenta de qué trata. Ayer escuchamos "Proud Mary", de Creedence, porque dice que se la recuerdo. Hoy pusimos "Angie", de los Rolling Stones, porque le gusta pero no me quiso decir la razón específica. Incluso se le llenaron los ojos de lágrimas y me dijo que gracias a este tipo de artistas es que el mundo todavía no se mató. Francisco usó palabras más elegantes, pero me quiso decir que el hombre no puede destruirlo todo por completo mientras exista este tipo de música, que es "alimento para el alma" (ahora sí lo cito). Creo que Francisco es un hombre muy solo, que viene a visitarnos para charlar con alguien. La comida ni siquiera es tan buena, mucho menos los precios. Disfruta de esos pequeños momentos en que podemos conversar sobre el clima o sobre el alma. Con él se puede hablar de todo. Atando cabos, creo que le gusta "Angie" porque le recuerda a ese su gran amor de quien a veces dice poco, que le dio los mejores momentos de su vida pero por algún motivo se separaron. También sé que puede haber tenido una hija, pero no sabe dónde está (quizás ni siquiera sabe si existe efectivamente). Ya no recuerdo cómo salió el tema, pero algo así entendí. Quisiera saber más, pero cómo podría preguntárselo sin que él mismo quiera contármelo. Y cuando parece que soy yo la que quiere saber más de él, lo escucho conversando con mi compañera sobre mí. "Sos una persona muy sabia", le dijo, porque estaban hablando sobre aprender a bailar tango y ella le decía que siempre hay que hacer lo que uno siente. Entonces mi compañera me señaló y dijo "¿Y Mery entonces?", probablemente con ironía. "Ella vive en un mundo dentro de otro mundo", le respondió mientras me sonreía. Pero no pude seguir escuchando porque me llamaron de una mesa. 


miércoles, 20 de septiembre de 2017

You just can't let shit go



Some Girls (2013) es una película sobre un hombre que está a punto de casarse y decide recorrer un par de estados para encontrarse con algunas de sus ex, para arreglar, por así decirlo, cuestiones inconclusas o enmendar errores (a través de conversaciones incómodas, algún que otro beso e información bastante limitada sobre los hechos reales) antes de dar el sí y despedirse para siempre de todas esas mujeres. Me gustó mucho porque a pesar de que no se sabe demasiado sobre el protagonista (ni siquiera su nombre), puede llegar a verse más o menos lo complicado de su personalidad, lo cobarde que es (todos lo somos de vez en cuando) y la dificultad que representa intentar conectar con alguien. Me refiero a crear un vínculo, sostenerlo, estar ahí, quedarse. Me pasa todo el tiempo. Yo misma huí de muchas personas, de situaciones hermosas, de lo que quería de verdad pero no pude manejarlo. 

Cuando uno crece recuerda determinadas relaciones o guarda, de alguna forma, momentos específicos con alguna persona que se convierte en un hito. Siempre me voy a acordar de mi primer novio, por ejemplo, de su boca, sus dientes, la forma en que se reía, lo que me hizo sentir. Y cuando hablo de él lo llamo "mi primer amor". Pero antes sentí otras cosas, y ni hablar después. Es sólo que los años siguen pasando y uno no puede pensar en todo a la vez, no puede guardar todos los momentos ni a todas las personas. "Te acordás cuando salías con...?", nos decimos siempre entre amigas, en un sinfín de risas. Y uno se avergüenza de algún infeliz con el que salió, pero por algo sucedió. Por algo lo conociste, lo besaste, le guiñaste el ojo, te pusiste celosa. Hubo algo que te gustó, algo que te hizo feliz aunque fuera durante unos minutos. Mi novio de la secundaria, por ejemplo, siempre me hablaba de superman y a mí me divertía. También besaba increíblemente bien y me gustaba muchísimo estar con él. Sin embargo casi nunca lo recuerdo ni lo nombro. ¿Pierde importancia en mi historia? ¿No forma parte, acaso, de lo que fui y soy? Quiero creer que sí.

Ojalá pudiera hacer un recorrido por mi vida "amorosa", por llamarla así (muy pocas veces se trató de amor verdadero), y volver a ver a tantos hombres que pasaron por mi vida, hablar sobre lo que sucedió (o no), recordar juntos lo que se sentía tocarnos, la emoción, el deseo, el desconocimiento, la juventud, la necesidad, el apuro. 

Y luego volver a despedirnos. O simplemente salir corriendo. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Your James Dean glossy eyes

Y los mundos no explotaron, el universo no se reacomodó, los ríos no se abrieron, no llovió arena.
No pasó nada.
Todo sigue igual, incluso casi mejor.
Lo vi, me vio, nos vimos. Hablamos, nos abrazamos, nos pusimos al día.
No creo que vuelva a verlo, ahora sí. Ahora está bien porque se pusieron todas las cartas sobre la mesa.
No sentí nada más que un profundo cariño.
No se me removieron las entrañas ni me saltó el corazón. Ya no es nada más (¡todo eso!) que un hermoso recuerdo, un sinfín de aventuras y risas y complicidad.
No lo amo más. No en un sentido romántico, quiero decir. Verlo me ayudó a confirmarlo y a pinchar de una vez por todas ese globo de nostalgia que elevaba cada tanto mi cabeza hacia la suya. Creo que a él también le sirvió verme, después de todo se va a casar.
Qué más puede pedir que cerrar de una vez por todas la etapa que me incluye para empezar su matrimonio de cero, sin Merys revoloteando o cosas inconclusas.
Hasta ahora, me perseguía esa sensación de que él podría haber sido el amor de mi vida, mi compañero ideal, el príncipe de mis sueños... y yo lo había dejado escapar.
Pero eso se acabó.
Y lo digo sin una gota de rencor o ironía. Lo digo con todo el amor, respeto y alegría que puedo reunir el día de hoy hacia él y hacia lo que fuimos.
Le deseo una vida llena de felicidad.
Y a mí también.


jueves, 7 de septiembre de 2017

Can't get no love without sacrifice



     Acabo de terminar de ver The Vampire Diaries. Ocho temporadas después llegué al final. Tengo sensaciones encontradas y un sabor agridulce en la garganta, justo ahí donde se originan las lágrimas. Al principio no podía dejar de ver episodio tras episodio, después la calidad de la historia fue bajando y bueno... Ni hablar cuando pusieron a dormir a Elena. Pero algo me decía que tenía que seguir, que iba a valer la pena. Y así fue. La última temporada arranca con todo, a pesar de que las dos anteriores dejan mucho que desear. Vuelven personajes, se cierran historias, ¡por fin se descubre adónde fue arrastrada Kat! Quince capítulos buenísimos. Y el último, qué se le va a hacer... No me llevo bien con las despedidas. 
    
     [Alerta spoilers]

     Después de extrañar tanto a Elena, vuelve con una peluca mega falsa y una actuación mediocre, apenas le demuestra cariño a Damon y se ve muuuuy poco de su vida juntos. Despierta, se abrazan, se recibe de enfermera, mueren. Eso es todo. Nada de hijos, navidades, noches de estudio, risas, cotidianidad. Tanto miedo de ver a Damon siendo humano y la incógnita me perseguirá el resto de mi vida. ¿Cómo se las habrá arreglado caminando lento, envejeciendo, comiendo hamburguesas y teniendo un perro? ¿Damon trabajando? Vaya uno a saber. 
     Bonnie se fue a vagar por el mundo con la voz de Enzo rondándole por la cabeza, por si se olvida las llaves. Triste, solitario y forzado para uno de los mejores personajes, una mina que se las bancó TODAS y dejó la vida (varias veces) y la felicidad (todavía más veces) de lado por salvar a los demás. Bonnie Bennett se merecía el cielo y sólo se ganó un viaje a África.  
     ¿Caroline y Ric abriendo una escuela para niños... diferentes? ¿Es una precuela de los X-Men? Quiero decir, es buena la idea... Supongo... Pero igual apenas mostraron a Caroline triste. ¿Tan perfecta tiene que ser todo el tiempo?
     Como si esto fuera poco, Stefan muerto. En algún punto lo entiendo, él había empezado todo (convirtiendo a Damon en vampiro, volviendo a Mystic Falls, saliendo con Kat y Elena, matando a Enzo...) y tenía que terminarlo, de alguna forma. No deja de ser tristísimo. Pobre tipo se pasó la vida sufriendo por sí mismo y por los demás, cargando con el dolor y la culpa de existir. 
     Igual diez puntos su reencuentro con Lexie. 

     No es la primera vez que me siento así con un final de serie. Hasta ahora sólo me sentí satisfecha con Six Feet Under. Creo que lo que arruina todo es esa necesidad de los guionistas de intentar despedirse "a lo grande", volcando todo lo que se les ocurre en un plato que termina sabiendo horrible y se queda atorado en la garganta. En ocasiones no hay que aspirar tan alto, puede que lo esperable sea lo indicado. Yo sólo quería que terminaran todos juntos, contentos y comiendo perdices. La misma L. J. Smith, creadora de los libros, dice que prefiere los finales felices porque renuevan la esperanza, sobre todo para los que la perdemos a diario. En la saga literaria, de hecho, el que muere para salvarlos a todos es Damon y, al final, parece que queda algo vivito... Entonces, ¿por qué intentan cerrar las series con tanta cosa épica pero que no pega ni con voligoma? Al menos por respeto a los seguidores o a los personajes, le hubieran puesto un poco más de onda.
     El final final, ese último segundo, sí me llenó el alma. Después de una vida humana, Damon se muere y encuentra la paz. ¿Adónde va? A ver a Stefan, que lo espera en su mansión. "Hello, brother", le dice, como en el episodio piloto y en tantas otras ocasiones. Frase latiguillo que, para esta altura, ya incorporé a mi vocabulario. 
     Qué sé yo, en líneas generales podría decir que me gustó y que entiendo por qué decidieron tomar ciertos caminos. Un Stefan humano no habría podido encontrar la paz, no se habría sentido merecedor de una vida feliz al lado de Caroline después de haber sido el Ripper, de haber asesinado a tantas personas. Casi podría decir que alguien tan empático y melancólico como él estaba destinado a sacrificarse y convertirse en mártir, sobre todo para redimirse por haber condenado a Damon a la vida vampírica y sentirse, de algún modo, responsable por las acciones de su hermano mayor (muchas veces peores que las suyas). 
     Los voy a extrañar, Señores Salvatore. 



miércoles, 6 de septiembre de 2017

Por esto hacer ejercicio es contraproducente

Iba caminando por el corredor aeróbico, tratando de hacer ejercicio, y fijé mi meta en pasar a una mujer en particular que iba delante mío. Tenía la cintura y la cola más grandes que yo, así que haciendo uso de mi soberbia y el poco amor propio que verdaderamente siento me dije a mí misma que podría lograrlo. Después de todo no podía ser que caminara más rápido que yo teniendo más kilos encima. Pero los metros siguieron avanzando y no pude pasarla. Ella era mejor que yo, no había discusión ni balanza que pudiera darme la razón. Entonces se detuvo y se quedó mirando una imagen de la virgen que se encuentra en medio del corredor, protegida por unas rejas y rodeada de flores de plástico. La mujer se acercó y le acarició la mano a la estatua, ya algo despintada por lo corrosivo del clima a la intemperie. Seguramente le pedía o le agradecía algo. Y mientras ella seguía adelante con su plegaria silenciosa, al fin la pasé. No me sentí particularmente orgullosa, después de todo ella misma me dio la ventaja. Ella y su fe. Seguí caminando hundida en mis pensamientos, cuando me di cuenta de que ahora ella caminaba detrás de mí, pensando que mi cintura y mi cola debían ser más grandes y queriéndome pasar, o prestándole más bien una atención eventual a mi cuerpo. Nunca lo sabré. Éramos dos mujeres tratando de sobrevivir, nada más que eso. Es sólo que no quisiera ser el tipo de persona que compara su cuerpo con el de otra o se siente superior o mejor consigo misma por descreer en las imágenes de vírgenes o santos. Pero lo soy. Y me pesa cada día. 

martes, 22 de agosto de 2017

Débora Soria



Supongo que si realmente hubiera querido ocultarme del mundo, me habría ido a sentar a un lugar más apartado, de esos que conozco bien. Ahí donde brilla el sol, el pasto es un poco puntiagudo, los perros van y vienen, a veces se acercan buscando comida o una caricia, y las personas duermen o conversan bajito. Si conocés mi universidad, sabés que hablo del anfiteatro: un espacio abierto, con árboles, allá lejos el escenario, las luces apagadas, los edificios como centinelas. Pero no. Fui a sentarme como indio, con las piernas cruzadas y el cuaderno sobre las rodillas, a escribir cuánto deseaba estar sola... justo al lado del camino que lleva al módulo principal, ahí por donde pasa casi todo el sector estudiantil. Ahora me doy cuenta de que probablemente estaba esperando cruzarme a alguien, fuera esa única amiga de verdad que me dio la universidad, o ese amante perdido que supo ser un gran amigo, el mejor quizás. En definitiva, no quería estar sola con el anfiteatro y su silencio. Y entonces apareció ella, Débora, que interrumpió mi escritura y me arrebató decenas de sonrisas hasta que cayó el sol. Débora es sincera, un poco mandona, responsable hasta el cansancio y detallista. También es atenta, fuerte, leal y reservada con su simpatía y demostraciones de afecto. Pocas veces nos manifestamos cariño, pero siempre nos elegimos. Eso vale más que cualquier palabra, lo digo yo que vivo a través de ellas. Con Débora las palabras sobran. Y, sin saberlo, con su presencia me salvó de un día que tenía todas las de ser un viaje al país de las lágrimas. Su amistad es como un pozo de agua en medio del desierto. 


miércoles, 16 de agosto de 2017

Feliz cumpleaños, donde estés

Voy a contarte cómo fue mi día. Me desperté siete menos cuarto de la mañana, pero di vueltas en la cama abrazada a mi zorro Enzo como hasta las siete y cinco, hasta que tomé coraje y me levanté. Entonces me metí a bañar a las corridas, me vestí, me maquillé y me sequé el pelo. Siete y media ya estaba saliendo de mi casa para ir a trabajar. Por suerte llego rápido a la cafetería, después de todo vivo al lado. Como fue poca gente, aproveché a hacer algunas compras del negocio mientras mi compañera atendía a los clientes. Fui a la farmacia, a la verdulería y a la papelera. Al mediodía almorcé una tarta de verduras con papas a la crema. Pocas veces el menú del día me atrae, ya que soy vegetariana y la mayoría de los días el menú tiene carne de algún tipo. Atendí algunas mesas, tampoco fue mucha gente el resto del turno. La más grande fue de cinco personas y me dejaron cincuenta pesos de propina. Francisco fue a almorzar como casi todos los días, pero charlamos poco porque yo estaba ocupada. Me hubiera gustado sentarme a conversar con él sobre este día. Tres y media me vine para mi casa, preparé todo para ponerme a limpiar y terminé durmiendo una siesta con el solcito de la tarde. A las seis me levanté, me hice un té con galletitas de agua y miré una película. Siete y media me vestí más o menos decente, bajé a buscar a Sofi a la cafetería y nos fuimos a la clase de teatro. Estuvo divertida. A las diez Fede nos pasó a buscar y vinimos caminando juntos hasta casa, pero Sofi se tomó un remis y se fue a la suya porque estaba cansada. Ahora estoy sentada escribiendo en la notebook, con Fassbender en el hombro y Fede cocinando atrás nuestro. Estoy muy cansada y me duele el cuerpo y la garganta, así que es probable que me esté enfermando. Seguramente cenemos, miremos un capítulo de Community y me vaya a dormir fusilada. No se me había caído una lágrima hasta ahora, que por fin estoy en mi casa y no tengo que hacer más nada que pensar o charlar con mi novio y siento que fue un día completamente intrascendente. 

¿Querés saber cómo debería haber sido mi día? Me tendría que haber levantado con una sonrisa de oreja a oreja. Le habría hecho a mi hermana un colage con fotos en las que estuviera Matías y le hubiera escrito "Feliz cumple, Tutin". Si le hubieran hecho la fiesta hoy, me habría pedido el día en la cafetería. Pero como es miércoles, la fiesta seguro hubiera sido el fin de semana. Así que hoy habría ido a trabajar y le hubiera contado a todo el mundo que mi sobrino cumplía su primer añito. A la tarde habría ido a la casa de Dana con Pablo o con mamá y habríamos llevado facturas o torta de ricota o cuadraditos de grasa, que a Agustín le gustan y seguro a Matías también le gustarían. Llegaríamos llenos de regalos y Matías probablemente ya se mantendría parado por sí mismo y quizás daría algunos pasos. Sería otro príncipito rubio y cachetón como Agus y se reiría como las estrellas. La mirada de Pablo, su padrino, no podría contener tanto amor. Llegarían mensajes de felicidades en todos los grupos de whats app y también vendrían Débora, Benja, Flor, Laura y Olivia. Tal vez las compañeras del trabajo de Dana. Y Juan habría faltado al banco o llegaría tipo siete y comeríamos todos juntos, con Agustín y Matías haciendo lío. Yo sería una tía feliz. Seríamos una familia feliz y no lo sabríamos, creeríamos que tenerlo todo es lo más corriente y pasaríamos un día de los que llamamos normales. Y el fin de semana, la gran fiesta. Souvenires, globos, juegos, comida para tirar al techo, bailes, regalos, vasitos de colores y muchas risas. 

Es difícil pensar cómo pasó mi día y compararlo con lo que imaginé. Es difícil vivir sin saber dónde está Matías, por qué se fue, cómo habría sido crecer con él, si voy a volver a verlo alguna vez. No tengo mucho más que decir, simplemente no quería dejarlo pasar. 




lunes, 14 de agosto de 2017

Desaparecer



Continuando con el rally de películas de Britt Robertson, esta vez vi "Ask me anything". Me pareció desde el principio una historia demasiado típica y esperable... Por momentos confusa por lo rápido que Katie, la protagonista, cambiaba de obsesión y lo fácil que conseguía lo que quería, aunque no era ni por asomo lo que necesitaba. Muchas veces creí que imaginaba cosas y recién al final comprendí que la intención de la película era efectivamente que temieras por Katie, que siempre andaba caminando sola por la calle por la noche, en horarios solitarios. O cuando entraba y salía de su casa me daba la sensación de que aparecería alguien y le haría daño. Pero después se daba un revolcón con alguno de sus amantes y me decía a mí misma que estaba exagerando con mi paranoia. Finalmente Katie desaparece y nadie la encuentra nunca más, desconociendo su paradero con o sin vida. Es un final abrupto, sí. Pero más o menos lo vas viendo venir, lo sentís. No sé si está basada en una historia real, pero podría. Pude identificarme con ella en algunos momentos, quizás con eso de no comprender del todo qué es lo mejor para uno. Katie arranca tomándose un año sabático porque no sabe qué hacer con su vida, y termina trabajando en una librería con un delincuente sexual al que le toma cariño, mientras se acuesta con su novio el golpeador, su amante el profesor de cine y, más adelante, con el padre del bebé que cuida cuando por fin sus padres la obligan a renunciar a la librería. En el clímax, queda embarazada y no llega a saber quién es el padre con certeza, por lo que cualquiera de los hombres de su vida puede ser el responsable de su desaparición. En general la película es una narración detallada de la forma en que Katie se va cavando su propia tumba y se tira lentamente a ese vacío del que no hay retorno. Es bastante triste, sobre todo porque los únicos que quieren ayudarla son su madre, que prefiere cerrar los ojos la mayoría de las veces, y su amigo el depresivo suicida. Qué vidas difíciles. 


jueves, 10 de agosto de 2017

So I can be someone new

Anoche tuve mi primera clase de teatro. Sí, leíste bien, empecé teatro. Yo que disfruto tanto de formar grupos y vincularme con la gente (alerta de comentario irónico). Supongo que simplemente necesitaba hacer algo diferente y, con mucha sorpresa, dejame decirte que lo disfruté mucho. Corrimos, saltamos, gritamos, cerramos los ojos y nos dejamos llevar. Manos extrañas y desconocidas me empujaron por todo el salón mientras jugábamos a ser ciegos y también tuve que improvisar historias y pasar energía con las manos incontables veces. Nada que ver con estar sentada en un pupitre escuchando a un tipo que sabe un poco más que yo sobre un tema y pretende evaluarme en base a mi capacidad de atención. ¿Hace cuánto estoy encerrada en un aula estudiando? ¿Desde prescolar? Llevo una vida dentro de la educación estructurada, espero que esto me sirva para romper ciertos moldes. 

martes, 8 de agosto de 2017

La primera vez



Acabo de ver "La primera vez", película típica para una tarde en la que no quiero pensar demasiado. Me gusta el romanticismo básico, sí, sí. Actúan Britt Robertson y Dylan O'Brien, dos jovencitos que me caen muy bien. Sobre todo ella, que tiene esa mueca sexy con la boca que me encanta. Cierra los ojos y presiona los labios, mientras traga saliva. Probablemente muchas mujeres lo hagan también (me incluyo), pero en pocas ocasiones resulta tan sensual. Y él es un nene lindo, claro, pero también es muy dulce por momentos. La verdad es que me gustó mucho la película. Se conocen de casualidad y pasan la noche caminando y hablando sobre cosas que uno suele contarle solamente a extraños. Seamos sinceros, no les decimos cómo estamos de verdad a nuestros amigos o seres queridos, al menos no por completo. Siempre es más fácil con alguien que recién conocés y no puede juzgarte ni aconsejarte subjetivamente. Así que me sentí muy identificada, seguramente todos sabemos lo que se siente caminar lento con otra persona que acabás de conocer pero realmente te gusta y querés que las cuadras sean más largas o que tu casa nunca aparezca para poder seguir conversando de lo que sea. Y después querés que te llame o te vaya a buscar, pero nada demasiado apresurado, aunque igual sería lindo, pero mejor no. Esos días son tan hermosos. Los nervios, las sonrisas, la lengua trabada de cosas no dichas. Es algo tan adolescente, sí, pero si lo pensás te pasa toda la vida. Siempre vas a conocer gente que te guste y no vas a poder hacer nada para evitarlo. Porque el mundo está lleno de personas hermosas, aunque me cueste admitirlo. Y no todo es como te dicen. Podés encontrar la forma de que funcione. Como pasa con los protagonistas: tienen una primera vez horrible. Y sí, me gustaría encontrar a alguien que diga que su primera experiencia sexual fue como en las películas. Pero la verdad es que es incómodo, duele, hay manos por todas partes porque no sabés en dónde ponerlas, transpiración, vergüenza, nervios. Pero también mucha emoción, impaciencia, curiosidad que invita a seguir intentándolo hasta descubrir más o menos dónde va cada parte y, finalmente, cuando los cuerpos logran adaptarse a la forma del otro nace una hermosa forma de conexión. Pero lleva trabajo, como cualquier tipo de relación, sea afectiva o corporal. Puntos para la película, ya que describió bastante bien mi primera vez. Y supongo la de muchos otros como yo. Y eso que soy romántica... A veces. Cuando puedo. Cuando quiero. Cuando me dejo sentir.

Lo mejor de todo es que "La primera vez" no te transmite una falsa historia de amor. Ellos no se juran amor eterno ni planean nada a futuro, simplemente se conocen y se gustan demasiado. Y quieren estar juntos, besarse, tener sexo. No es una fantasía ni es frivolidad. Viven el momento y hacen lo que sienten. Sí, era más fácil en la adolescencia, cuando no había nada más interesante que hacer. Nostalgia directo al corazón. Pero la sensación es la misma, eso no te lo quita nadie. Las cosquillas en el estómago no son un cuento chino, están ahí, pasan de verdad de vez en cuando. No hay que desaprovecharlas. 



martes, 1 de agosto de 2017

I've been living on the highest shelf

Siempre pienso en escribirte, en responderte ese whats app que me enviaste una noche y no tuve el tiempo de responderte en su momento y los días fueron pasando y luego me dio verguenza que pensaras que me había olvidado y simplemente lo dejé ahí, a la espera de no sé qué. Pero siempre, te juro que siempre, pienso en ese mensaje. Quisiera hablarte, saber cómo estás. Pero me vas a preguntar cómo estoy y no quiero contestarte eso. Mayormente porque la respuesta cambia día a día y no tengo ganas de mentirte o explicarte nada. Pero te aprecio mucho, ¿sabés? Sin saber de vos, de alguna manera sé. Sé que existís y que en algún momento vamos a volver a hablar. Algún día también nos vamos a conocer, después de todo los países están cada vez más cerca.

lunes, 31 de julio de 2017

Sad Mery sat on a wall,
Sad Mery had a great fall.
All the king's horses and all the king's men
couldn't put Mery together again.

sábado, 15 de julio de 2017

Instantes


Documental: "Instantes"
Temática: perspectivas sobre la vivencia de la muerte
Realizadoras: María Dorrego, Sofia Frank y Débora Soria, en el marco del Taller de Producción Audiovisual de la Universidad Nacional de General Sarmiento.


 

miércoles, 5 de julio de 2017

Lately giving up don't seem to matter

- Supongo que todo este tiempo me pregunté cómo me sentiría al verte. Si seguiría queriéndote, si me imaginaría la vida a tu lado para siempre. Me gustaba pensar que me habías roto el corazón. Que de alguna forma eras mi destino y te había dejado escapar. Me gustaba echarnos la culpa. Ya sé que se nos fue de las manos y no podíamos seguir así. Pero me doy cuenta ahora de eso, en su momento sólo entendí que te habías ido sin despedirte y que me habías destruido permanentemente. Pero estás acá. Volviste. 
- ¿Y qué sentís?
- Creo que voy a estar bien.

miércoles, 21 de junio de 2017

Citas mientras termino mi artículo de opinión

"Recordar es en gran parte un acto creativo y de imaginación; al evocarlos, los recuerdos se hacen inestables y se vuelven permeables a nuestras emociones. La evidencia científica indica que, a diferencia de lo que creemos, cuanto uno más «usa» un recuerdo, más lo cambia. La memoria humana es en realidad el último recuerdo."


Facundo Manes, director de la Fundación Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro y profesor de Psicología Experimental en la Universidad de Carolina del Sur.

miércoles, 14 de junio de 2017

Causa y efecto

Estaba dejándome estar, oyendo el tiempo caer en los relojes de arena
Mirando un instante partir y otro llegar...
Pensando en tu amor 
Tu amor que viene y que va siguiendo las estaciones 
Tu amor es causa y efecto de mis canciones

La vida cabe en un clic, en un abrir y cerrar, en cualquier copo de avena
Se trata de distinguir lo que vale de lo que no vale la pena
Y a mí me vale con que me des poco más que nada
A mí me basta con una de tus miradas 
Pensando, estaba pensando...
por la ventana de aquel bar
mirando a la gente afuera ir y venir y juraría que te vi
Aunque sé que estás a un año luz de mí



miércoles, 31 de mayo de 2017

Francisco

Qué lindo que la conclusión sobre tu paso por la tierra sea "Viniste a ser feliz", ¿no?
Pero vamos un poco más atrás, que a secas no se entiende.
Hay un cliente que de a poquito fue haciéndose un huequito en el corazón de las camareras. Es un hombre grande que tiene un estacionamiento a la vuelta del local, entonces la mayoría de los días viene a almorzar y lo atendemos Sofi o yo. "¡Limón!" gritábamos al principio cuando lo veíamos entrar, palabra secreta que obliga a la otra a atender a ese cliente por algún motivo. Pero con el correr de los días fuimos charlando con él y nos fue cayendo bien, al punto que ahora casi nos peleamos por atenderlo. Menú del día, sprite, pancito sin queso porque no le gusta, el diario de hoy, la ensalada con un poquito de aceite y vinagre, y el cafecito mitad y mitad. Por personas como él, me gusta mi trabajo. Francisco, así se llama, es un tipo con el que se puede hablar de cualquier cosa, que respeta cuando estamos con las plazas llenas y no hay tiempo de preguntarle si la comida estaba rica y que se acerca a comentarnos algo que lo inquieta cuando nos ve aburridas. Es una persona de la cual no sé más que algunos datos, y viceversa, pero sin embargo compartimos muchos mediodías juntos. Entre charla y charla, salió el tema de sus pasatiempos. Francisco hace reiki sin cobrar nada, porque quiere ayudar a las personas de alguna forma. Y también hace un estudio de la personalidad, la vocación y el karma con tu nombre y tu fecha de nacimiento. Nadie se lo preguntó, pero él nos lo dijo y se ofreció a analizarnos sin pedir nada a cambio. Primero se lo hizo a Sofi y me morí de intriga durante días hasta que hoy, por fin, se dieron las circunstancias para que me dijera mis resultados. Es una hojita de la libreta de comandas, que usé del lado blanco. Están escritos mis datos y abajo los números del uno al nueve, con cierta cantidad de estrellas cada cual y la palabra "karma" en uno específico. Los detalles de mi estudio, se quedan conmigo. A vos seguramente no te interesa lo que me depara el destino o lo que arrastro de vidas anteriores. Lo importante, lo decible, la noticia, es el acontecimiento. Un tipo, por pura bondad, hizo esto por mí. Me cuesta mucho patear ese pensamiento que me dice a gritos que estoy aceptando con mucha inocencia las palabras de un extraño que tiene toda la capacidad de herirme. Suelo pensar eso de la gente que no conozco, sobre todo en lo que refiere a hombres. Pero también lucho conmigo misma por mantener la fe en la humanidad, en las acciones desinteresadas. En el amor, en síntesis, que de alguna manera sigue moviendo al mundo. "Tenés todas las condiciones para ser feliz", me dijo Francisco con una sonrisa. Pero cómo cuesta, che... 

lunes, 8 de mayo de 2017

Sobre besos en la frente,
clientes de la cafetería que se hacen querer,
una jefa que no sabe hacer huevos revueltos,
una chinchilla que muerde todos los muebles de la casa,
un sobrino al que extraño mucho,
una serie que me gusta demasiado,
dos trabajos del taller de escritura que tengo que entregar,
un padre al que no le mando mensajes...

Sobre todo eso quisiera escribir, pero no tengo tiempo... ni ganas.

jueves, 27 de abril de 2017

Limón

Tenemos un código con mi compañera de trabajo mediante el cual comprendemos al instante que estamos en presencia de un cliente indeseado por algún motivo y se sobreentiende que la otra tiene que hacerse cargo de la mesa. Comenzó con personas que considerábamos desagradables debido a hechos pasados pero, con el correr de los días, empezamos a utilizar el código en momentos en que no tenemos ganas de atender a alguien por los motivos más diversos. Casi desde la apertura del bar hay dos hermanos que vienen seguido a almorzar, algunas veces en compañía de su padre. Siempre comen ensaladas o quichés y toman coca light o agua con gas. El padre toma sprite zero. Otro dato curioso es que a ninguno de los tres les gusta el tomate, entonces cuando piden ensaladas o algún menú del día nunca les falta decir: "Acordate de sacarle el tomate" y mi compañera o yo nos reímos, porque aunque nos acordamos de escribirlo en la comanda, de cocina los platos suelen salir con los tomates y nos damos cuenta cuando ya estamos llegando a la mesa, por lo cual tenemos que volver corriendo y pedir que se los saquen. Es casi una costumbre que las cosas se den de esta forma. Y más tarde, cuando "los amigos" (así los llamamos) se toman el café, nos comentan la situación y nos reímos. Los amigos nos caen bien, al menos ahora. Al principio nos resultaba molesto que vinieran tan seguido, pero finalmente les tomamos aprecio. No sé sus nombres, ni de dónde son, pero sé que no les gusta el tomate y eso constituye para mí una especie de cercanía. Aún así hay días en que los vemos entrar y mi compañera o yo nos apresuramos a gritar "¡LIMÓN!" para que la otra no tenga otra opción que acercarse a la mesa y tomarles el pedido que, por otra parte, siempre suele ser el mismo. Pero ahora las cosas cambiaron para siempre, porque nos comentó un vecino de la cuadra que el padre del trío se murió. No sé qué le pasó y, para ser francos, casi no importa. La cuestión es que ya no lo vamos a ver entrar por la puerta del bar, ya no se va a sentar con su cara de pocos amigos a comer un quiché sin ensalada o, por lo menos, sin tomate. Ya no se va a quejar de que la comida está fría ni vamos a verlo reírse con sus dos hijos mientras nos dicen que la bebida está caliente y si les podemos traer unos hielos. Me siento mal por ellos y no hay nada que pueda hacer. La próxima vez que vengan, porque eventualmente van a tener que retomar la rutina, ¿se supone que tengo que decirles algo? ¿Debería decirles cuánto lo siento? ¿Sirve de algo?

miércoles, 26 de abril de 2017

Ese otro

Por lo general tengo pocas expectativas con respecto a las personas. Creo que es mejor llevarse una sorpresa que desilusionarse. Tengo este profesor al que jamás le hago caso, si pregunta cosas miro para otro lado y jamás lo tomo en serio. La semana pasada, sin ir más lejos, cuando me lo mencionaron me enojé y señalé que mi respeto por él es completamente nulo. Esta tarde, sin embargo, en un contexto estrictamente académico se generó una especie de pausa sentimental en la que lo vi de verdad. Ni siquiera sé su nombre y es probable que para la semana que viene mis viejos prejuicios vuelvan al pie del cañón, pero por hoy volví a mi casa con otra apreciación. Compartimos una que otra mirada de comprensión que me llenó el alma, entendió a la perfección lo que yo quería decir y lo puso en palabras que a mí se me atragantaban. Y cuando lloré, ese pequeño lapso de tiempo en que bajé la guardia y se me llenaron los ojos de dolor, él apretó los labios y me miró, pero sin lástima. Hablamos de la muerte y de muchas cosas, pero en ningún momento sentí compasión por su parte. No tuvo delicadeza innecesaria. No adornó las palabras ni apañó el sufrimiento, simplemente dijo las cosas como son, como deben ser. Y se lo agradezco de corazón. 

miércoles, 19 de abril de 2017

Me volví esta especie de fantasma que sólo habla de pérdidas. Seguramente la Mery de los últimos meses debe ser muy aburrida como compañera de conversaciones. Sólo quiero sentir y hablar del dolor. Cada vez que se me olvida o me siento menos desdichada, agacho la cabeza y me miro los pies... O peor, levanto la mirada hacia el cielo, como si ahí hubiera una respuesta verdadera. Como si hubiera algo esperando por mí para hacerme sentir mejor. Mi vida se redujo a pensar en la muerte y en su injusticia. Ya no disfruto nada por completo. Vuelvo a lo mismo, una y otra vez. No puedo aceptarlo y me está volviendo loca. Sólo me siento bien en la miseria de ésta tristeza incomparable. Dije que no iba a hablar más sobre esto y acá estoy, dando lástima frente a la computadora. Todas las canciones me hablan de lo mismo, todos los libros me aburren. La trama de ésta tragedia consumió toda mi capacidad de atención y cualquier cosa que se escape del guión me resulta ajena, incluyendo a las personas. ¡Dios mío (y es sólo una forma de decir), sobre todo las personas! Me veo incapaz de conectar con nadie que no haya estado conmigo en ese momento tan difícil. Sonrío y pregunto cómo va todo y no-me-interesa. No quiero saber cómo va tu vida. No necesito escuchar sobre tu trabajo, tu vida amorosa o las travesuras de tu perro. Lo único que existe para mí es el vacío que dejó Matías y el cachetazo metafórico que me dio en la cara su partida. Pero tampoco quiero que me hables sobre eso, vos que no lo conociste ni perdiste a nadie jamás y no podés llegar a entender lo que siento. No quiero tu lástima, ni tus frases positivas sobre la vida. No quiero que su muerte te recuerde la de otros niños, ni tu vecino ese que era tan sano y se murió de la nada, ni tu familiar que apenas conocías pero igual tuvo una muerte sorpresiva y pensás que necesito escuchar sobre sus últimos días o el deterioro de su salud. Por más que se muera el mundo entero, sigue siendo diferente. Es el mismo tipo de indiferencia que siento yo cuando me hablan sobre las desdichas ajenas. Sinceramente, ¿qué más puedo hacer que decir "no te lo puedo creer", "qué mal", etc.? Termina la charla y ya me olvidé, digamos la verdad. A nadie le importa nada más que lo que le afecta directamente. Y Matías es parte de mi alma, es sólo mío y de aquellos que lo amamos, vos no tenés imperio en las tierras del luto perpetuo. Así que dejá de intentar que te cuente cómo estoy o que te trate como antes, ya no soy la misma y ya no me interesa fingir que quiero saber sobre vos. Me cansé del contacto humano intrascendente y contraproducente. No te voy a mentir, es un camino solitario y suelo encontrarme viendo demasiadas series o escribiendo más de la cuenta (cuando no durmiendo más de lo que debería). Pero es lo que yo elijo y mi voluntad es determinante. Lamentablemente tu opinión no vale un carajo. 

viernes, 17 de marzo de 2017

Dante Peralta

Vengo de mi primera clase del ciclo lectivo. Como siempre, cursar con usted, señor Dante Peralta, es un placer. Noté que en este blog (a diferencia del anterior) me refiero a las personas por nombre y, a veces, apellido. ¿Será que en la nueva etapa de mi vida ya no siento interés por mantener los secretos? Cuál es el sentido de mantener en la sombras a las personas, ¿no? Si generan un impacto en mi vida, mejor que las llame por su nombre con puntos, comas y tildes. Definitivamente Dante es uno de esos profesores por los que te dan ganas de ir a clases. Será la forma en que habla, que te contagia el entusiasmo. Ni bien entró al aula me miró y le sonrió toda la cara. Quizás simplemente estaba contento por tener una audiencia mayor a la del año pasado (me dijeron que la cursada constaba de cuatro estudiantes). Pero algo en la forma en que se quedó viéndome por unos segundos demasiado largos me hizo pensar que realmente le alegró verme. Dante probablemente sea uno de los pocos docentes que llegaron a conocerme o, por lo menos, a mi forma de escribir. Bueno, qué se puede esperar de un taller de escritura, ¿no? Y ahora nos volvemos a encontrar, después de tantas cosas que pasaron... Vuelvo a escribir para él, para que me guíe y me ponga en el camino correcto. Si tan solo el resto de los profesores fueran tan motivacionales. El tema de la clase giró alrededor de lo que significa ser un escritor y parecía que me lo gritaba a mí. Hablamos sobre la importancia de dejar constancia en el mundo, de involucrarse con la sociedad, del compromiso político, de la lucha a través de la pluma. Y nos mandó a leer a Rodolfo Walsh, casi con urgencia. Ojalá pueda aprender el máximo de lecciones con estos hombres que marcan la historia. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

So you never really found your way

Ahora que sé lo que realmente es perder a alguien, supongo que no debería magnificar el sentimiento que me aborda cuando pienso en él. Hay días en que estoy de acuerdo con lo que pasó, en que comprendo verdaderamente que decir adiós no es soberbia, sino amor. Pero entonces me cruzo con alguien en la calle que guarda un parecido razonable con su rostro o su forma de caminar y me asalta una especie de repiqueteo en el corazón que se parece demasiado a lo que tengo entendido por la hiperventilación. Yo sé que no frecuentamos los mismos lugares y que las chances de que nos crucemos son casi nulas, pero cada vez que pierdo de vista a esos extraños que pasan por mi lado y remueven tantos recuerdos, es como si reviviera aquel día en que lo vi por última vez, sabiendo que así sería aunque ninguno de los dos lo dijera en voz alta. Extrañar a alguien que se alejó por decisión propia es perderlo una y otra vez, irremediablemente, hasta el infinito. Quizás lo que atormenta es la posibilidad de volver a encontrarlo, de tener enfrente un cuerpo físico al que ya no se tiene acceso, sin poder acariciarlo, ni abrazarlo, ni sentirlo. Porque esa persona ya no existe más, se perdió entre la gente, se alejó con la marea. Y aún así, está. Está en todo lo demás, en cada rostro, en cada forma de vestir y de andar, en cada expresión. Está porque no podemos soltar, porque no fuimos hechos para eso. Porque nos aferramos con testarudez a recuerdos que supieron hacernos felices pero que no llenan el vacío que dejan las risas diarias, los buenos días, las conversaciones y todo eso que vuelve a una persona real. Ahora él para mí no es más que un mito, alguien que alguna vez existió y supo hacerme feliz con tan poco.

lunes, 13 de marzo de 2017

Si algo callé es porque entendí todo menos la distancia

No es que estuviera usándolo de excusa, pero creí que iba a durar un poco más el pase de impermeabilidad social que implicaba el luto. Supuse que mi dolor era suficiente para que todos a mi alrededor cerraran la boca y me dejaran sola de una vez, hundida en mi miseria. Los primeros días fueron fatales, los recuerdo con demasiada exactitud. La tarde que me iba a trabajar en el tren, triste pero entera, y me avisó Pablo por whats app lo que había pasado. Recuerdo que me bajé del tren en Muñíz (sólo había viajado una estación, con Fede saludándome con la mirada perdida a través de la ventana, tan sólo unas cuadras atrás) y arrastré la mochila todo el camino hasta mi casa, llorando desconsoladamente mientras las personas me miraban sin disimulo, con abierta curiosidad. Recién en la esquina me crucé con Pamela y Rodrigo, que se estaban llevando a Agustín de la casa de mi hermana, y al verlos supe que era verdad, que no había leído mal ni Pablo estaba equivocado. Matías nos había dejado para siempre. Entonces apareció Fede, que venía corriendo a buscarme por las llamadas que le había hecho de alguna manera, y me sostuvo en sus brazos justo a tiempo. Unos segundos más y me hubiera desplomado en el suelo, o tal vez mantuve la fuerza necesaria hasta que pudiera descansar en él. Después viajamos en el auto con mamá, Rubén y Chiquita, que no paraba de agarrarme del brazo y preguntarme a los gritos y al borde del desmayo por qué nos había pasado esto. Yo apretaba los labios y movía los hombros, sin saber qué decir. Mamá y Fede iban estáticos contra el asiento y Rubén manejaba como un desquiciado, como si pasarse los semáforos en rojo y llegar antes sirviera de algo. Y después cruzar esas puertas automáticas, los pasillos, los ascensores, los doctores y enfermeras, la gente de seguridad que nos dejó pasar con incomodidad cuando dijimos que estábamos por Matías. Ir encontrando caras familiares pero deformadas por el llanto, las narices rojas y los ojos desorbitados. Juan tirado en el suelo preguntándole por qué a los gritos a Dios. Las imágenes se suceden una detrás de la otra en mi cabeza y por momentos se mezclan, como si fuera flotando por el pasillo hasta la puerta de terapia intensiva, viendo los despojos en que se había convertido una familia numerosa. Pero todavía faltaba lo peor, y tuve que esperar a que otros más valientes pasaran primero y no fue hasta que Dana pidió por mí que dejé caer la mochila una vez más y arrastré los pies hasta llegar al lugar más triste del mundo, literal y metafóricamente. Lo que siguió días, semanas y meses después fue espantoso, pero atravesar esas puertas y ver a mi hermana sosteniendo a Matías en sus brazos es una imagen que no me voy a olvidar mientras viva. No quiero manosear demasiado ese recuerdo. Podría describir a la perfección tantas cosas de la habitación, de lo que pensé, de lo que dijimos, de lo que vi. Diré, simplemente, que sentí dolor muchísimas veces (¡y lo que falta!) pero el corazón se me rompió para siempre con esa visión. El viaje de regreso a casa no se quedó a atrás, Fede manejaba como podía de los nervios, todos en silencio, Jimena no me soltó la mano casi en todo el camino. Desde ese momento tanto con ella como con Juan compartimos una especie de intimidad, no sé cómo más describirlo, es como si con una mirada ya supiéramos que estamos pensando en Matías y la compañía del otro resulta reconfortante, aunque no atenúe demasiado el dolor. Agustín estaba alterado con tanta gente en la casa, la cuna vacía nos hostigaba desde el rincón, las mantas, los chupetes, los baberos tirados por todos lados. Absolutamente todo nos gritaba que faltaba alguien, que se estaba abriendo un hueco en el suelo que amenazaba con tirar hacia abajo los pies de todos los presentes. Pero Agustín nos hacía sonreír, por él hablábamos y jugábamos y ordenábamos lo que podíamos mientras Dana lloraba en la pieza de los nenes, abrazada al oso gigante de peluche. Pero se hizo tarde y nos fuimos todos, porque el día después iba a ser todavía más largo y se acercaba lentamente. Nos reunimos con el sol para ir al cementerio con ojeras, cansancio y dolor de cabeza y de alma, después de toda una noche de vigilia y llanto compulsivo. Débora también estaba y me agarró de la mano todas las veces que lo necesité, se quedó conmigo toda esa tarde y no me van a alcanzar los días de mi vida para agradecérselo. Nada jamás te prepara para ver un ataúd tan chiquito. Me costó mucho escribir esa frase porque resulta morboso, pero no había otra forma de decirlo. Simplemente debería ser ilegal, prohibido por la naturaleza o por el Dios que rija las leyes universales. Todavía lo pienso y me resulta irreal haber leído el nombre de mi sobrino en un coche fúnebre. Y besar un ataúd y tratar de aferrarme como si algo de lo que contuviera fuera todavía ese pedacito de mi alma que fue y será por siempre Matías. Horas después, cuando ya se habían ido todos, Pablo y yo seguíamos sentados en la puerta del crematorio, agarrados de la mano y charlando de lo que habían sido los últimos diez días, de lo rápido que había avanzado la enfermedad, de lo inesperado, de lo injusto. Fede, Débora y Marcela también estaban ahí con nosotros, acalorados, deshidratados y cansados, pero al pie del cañón. Dana y Juan se habían ido para no dejar a Agustín. Y el resto, no sé. Lo único que sabía era que mi hermana siempre me había confiado a sus hijos, que yo los había cuidado todas las veces que había podido, que era mi deber como tía estar ahí siempre. ¿Cómo iba a reunir las fuerzas para dejar a Matías? Y Pablo me decía que había que irse, pero él tampoco se movía de su lugar. Él es el padrino de Matías, ¿necesito explicarte más? Si yo sentía la necesidad de quedarme, él debía sentir la obligación. Y así pasaron las horas, una detrás de la otra, llorando en silencio o hablando de todas las lápidas llenas de juguetes, angelitos, pelotas, camisetas de fútbol. Todo eso que nos hizo pensar que no somos los únicos que perdieron tanto, que hay otras familias igual de destrozadas, que el dolor que sentimos no tiene comparación pero tampoco representa un caso aislado. Entonces llegaron mamá y Rubén a buscarnos y acabaron quedándose con nosotros, todos reunidos detrás de esa puerta, cuidando por última vez a Matías. Nos sentamos en el piso, como si fuera una salida casual, y conversamos de nuestra infancia, de cosas que ni me acordaba, nos reímos mucho bajo ese sol que todavía puedo recordar cómo quemaba. Pero cada tanto pasaba un vientito que nos refrescaba y nadie lo decía, pero todos sentíamos que era Matías despidiéndose, diciéndonos que era hora de irnos, que ya no había nada que hacer. Uno a uno fueron yéndose y me quedé sola unos minutos más. Espero nunca tengas que despedirte de alguien de la forma en que lo hice yo, de rodillas en el suelo y dándole un beso a una puerta. Se me llenan los ojos de lágrimas al recordarlo. Y el día era hermoso, realmente perfecto. Mientras caminaba hacia la salida confirmé que quizás crea en Dios en algún recoveco de mi corazón, pero que de todas formas mi relación con él ya no puede avanzar. Como dice el protagonista de La tregua, de Benedetti: "Ahora las relaciones entre Dios y yo se han enfriado. Él sabe que no soy capaz de convencerlo. Yo sé que Él es una lejana soledad, a la que no tuve ni tendré nunca acceso. Acá estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos." Qué más te puedo decir. Pasaron muchas cosas más después de aquel fin de semana. Aguantar los mensajes de aliento, las frases hechas, los comentarios desubicados. Gente a la que no le importaba nuestro dolor demandando detalles. Personas que intentaron reconfortarme de todas las maneras posibles cuando yo sólo quería que me dejaran en paz. Pocos comprendieron que lo último que quería era que me hablaran. Todavía sigo sin querer escuchar a nadie, todavía sigo sin darle importancia a nada de lo que le pase a los que me rodean, pero mi licencia de la humanidad está caducando. Ya no le importa a nadie el dolor que siento, la muerte de Matías es noticia vieja y ya no causa incomodidad ni silencios. Los que lo saben ya no lo mencionan y lo que están en desconocimiento no sienten la necesidad de preguntar. Cuando me deprimo y ando con los ojos llorosos, los despistados miran para otro lado y el resto se hacen los idiotas. Por un lado se los agradezco, pero eso sólo significa que mi tristeza se está volviendo injustificada para el mundo y que ya no se pasan por alto mis llegadas tarde, mis respuestas cargadas de misantropía, mis ganas nulas de seguir con mi vida. Ya nadie entiende por qué no quiero ir a la universidad, por qué prefiero quedarme acostada en la cama antes que salir o por qué vivo a través de las series norteamericanas. Se me acabó el límite de tiempo para estar triste legalmente y la única opción que me queda es volver a fingir, pretender una vez más que soy un ser humano corriente que ríe, sueña y dice las idioteces que todos esperan escuchar. Tendré que hacer chistes y maquillarme y ser todo lo humanamente posible correcta, como era antes de todo esto pero con un hueco en el pecho que se va a ir llenando de humo con el correr de los años. Ya nadie va a saber que soy una máscara, una cáscara vacía, un vidrio quebrado por todos lados que hace equilibrio para intentar reflejar lo que queda de mi alma. Ya no sé cómo explicarte tanto dolor. Ya ni siquiera voy a intentarlo. Ahora el dolor es sólo mío.




domingo, 26 de febrero de 2017

Sandra

Yo no sé por qué todo el tiempo esperás lo peor de los demás. Te dicen una cosa e inmediatamente estás desentrañando la historia secreta, buscándole el pelo al huevo para descubrir la verdad en medio de la gran mentira. Tratá de relajarte, mujer. Yo sé que te hirieron y que perdiste muchísimo en el camino. Sé que te traicionaron personas importantes en tu vida y que te cuesta confiar. Sé que te plantás como una mina fuerte que se lleva el mundo por delante, pero que en realidad todavía querés sentarte a llorar en el regazo de tu mamá. Sé que hay dolores que no te abandonan y otros que te persiguen aunque no conozcas la fuente. Arrastrás mucho con cada paso. Intentá relajarte, por favor. No debería, pero me preocupo por vos. Y cuando te escucho gritar, cuando te veo fruncir el ceño y tomar aire para empezar a quejarte sé que preferirías sentarte a tomar un mate cocido y reírte con nosotros. No sos mala. Todo lo contrario, sos un ser humano muy lindo. Pero te vienen tocando cosas difíciles hace bastante. No queda otra, hermana de la vida. A veces me veo a mí en vos. Pienso que puedo llegar a convertirme en una gran mujer si sigo tu camino. O tal vez no. Quizás sólo nos parecemos parcialmente. Ojalá puedas encontrar un respiro en mi paciencia, una ayuda en mi obediencia y en mi lealtad. 

jueves, 9 de febrero de 2017

Misery loves company

Fue un pequeño apretón de manos, sólo eso bastó. No nos conocemos tanto ni somos íntimas, de hecho sé que si no trabajáramos juntas es probable que en otro contexto nos hubiéramos ignorado. Pero supe que estaba angustiada de sólo verla y me acerqué a saludarla. Entonces me miró directo a los ojos y comprendí todo. Le agarré la mano y la presioné levemente pero con firmeza. Ella me devolvió el gesto y apretó también los labios, contendiendo las lágrimas. No fue sino hasta segundos después, cuando ella ya se había ido, que me di cuenta de que yo también estaba aguantando las ganas de llorar. Y entonces me empezó a faltar el aire e intenté mantenerme ocupada haciendo otra cosa, pero el torrente fue más fuerte que yo y mientras limpiaba la mesa con frenesí, se me corrían el delineador y el rímel. Hay ciertos dolores que sólo podés compartirlos con las personas que también los sienten; que sólo se generan con las ausencias o el miedo a esa pérdida. Apretarle la mano me recordó a todos esos días en que pasé de unos brazos a otros buscando hombros para descansar la cabeza o palabras de aliento aunque las esperanzas fueran disminuyendo. Es increíble el desgarro que siento cada vez que recuerdo esos días que a veces parecen repetirse una y otra vez hasta derribar las partículas de mi ser, que voy apilando para ver si puedo volver a ser un ser humano completo alguna vez. Me duele. Me duele horrorosamente y hoy lo sentí por ella, pero también por mí. Porque ahora soy una de esas personas que saben lo que es el dolor y lo comprenden sin palabras, con un simple apretón de manos. 

jueves, 2 de febrero de 2017

Cuentos imborrables

¿Qué es lo que siento dentro de este caparazón, lo que habita oscuro en mi corazón? 
Tal vez si supiese qué es el tiempo podría ver.
Si supiese qué es el tiempo, podría ser. 

lunes, 30 de enero de 2017

Vivir por el Credo



     Ayer a la tarde fui a ver Assassin's Creed. Se estrenó hace dos semanas y casi caí en la desgracia de mirarla por internet presa de la desesperación (obviamente en una calidad pésima). Me dije a mí misma que si cabía esperar lo mismo que con las películas de Resident Evil, no valía la pena pagar por ella. Finalmente detuve la reproducción y di un salto de fe. El cine más cercano que tengo es el de Malvinas, donde hace años que sólo pasan películas dobladas porque aparentemente al público de la zona no le gusta leer los subtítulos. Sin comentarios. Así que me tuve que ir hasta el Unicenter con el calor que hacía, después de sacar las entradas por la web para quedarme con la seguridad de que tendría asiento, todo para poder verla en su idioma original. 
     En pocas palabras, la película estuvo increíble (¡y no hay sarcasmo!). Cabe aclarar que soy amante del mundo de los asesinos, me encantan los juegos pero sobre todo la historia. También estoy leyendo los libros, que aportan otro punto de vista. Por esto mismo mis expectativas eran altas y la verdad es que salí muy contenta de la sala. Como si fuera poco, Michael Fassbender es uno de mis actores favoritos (mi mascota se llama como él, jeje) y logró que me gustara todavía más que antes. Hizo un trabajo impresionante representando a la perfección los movimientos de los asesinos: la forma de saltar, de asesinar con hoja oculta, de moverse entre la gente, hasta de pasar desapercibido con la capucha. Cuando arroja los cuchillos en medio de una acrobacia tuve que ahogar las ganas de pegar un grito. Por supuesto que el salto de fe y las escenas extremas de parkour las habrá hecho un doble de acción, así que felicitaciones para él también. Los otros asesinos también me gustaron mucho, verlos parados en la cúpula de un edificio al final fue asombroso. Fassbender, además, supo transmitirme sus debates internos en cuando al Credo tal y como Ezio (en menor medida, obviamente, ¡nadie se debate tanto como Ezio!) y amé completamente las visiones de su antepasado, que lo atormentaban todo el tiempo. Los efectos se utilizaron con moderación y lo agradezco mucho. Callum Lynch y Aguilar de Nerja, en ese sentido, no tienen nada que envidiarles a Ezio Auditore y Altaïr Ibn-La'Ahad. 
     El personaje de Sophia Rikkin también me gustó bastante, es una especie de Haytham Kenway, con sus convicciones desencontradas y sus formas de ver tanto al Credo de los asesinos como a los ideales templarios. Creo que sería una buena enemiga si finalmente toma el control en la secuela, ahora que su padre murió y puede salir de las sombras de su prestigio y reconocimiento para lograr el propio (aunque no esté de acuerdo con los métodos templarios). De la mano de Sophia, no puedo dejar de mencionar lo fabuloso que me pareció el Animus. Es mucho más real ese brazo mecánico que ayuda a Callum a moverse y revivir las memorias, antes que desván incómodo en el que siempre está acostado Desmond. 
     Pero hasta acá lo bueno y admirable, que tampoco estuvo perfecta. Alan Rikkin es un personaje super trillado: malo en decadencia que roba el mérito ajeno, que presiona porque está por caer del poder y llega al límite más por necesidad que por vocación. Un villano medio pelo. Tampoco me gustó la mediocridad de los templarios de la actualidad, puntualmente en lo referente a las medidas de seguridad de Abstergo. ¿No les explicaron las desventajas del efecto sangrado? Básicamente llenaron las instalaciones de asesinos en constante entrenamiento y no pudieron contratar guardias competentes. Aunque supongo que pasa lo mismo en los juegos. 
     Lo que definitivamente no me gustó (casi odié) fue que Callum se terminara de entregar al Credo gracias a la visión de la madre, casi como hacen los que vinieron antes con Ezio. Quiero decir, ¿EN SERIO? Últimamente vengo viendo muchas películas en que pasa lo mismo, el héroe en conflicto consigo mismo o con un personaje cercano, que toma valor, coraje o determinación porque la madre (o su recuerdo) los mira con los ojos llorosos y le indica el camino. DALE. Callum ya estaba bastante convencido con el sacrificio de su amiga (?) española del mil quinientos, ¿o no? Me hubiera parecido más real que aprendiera más sobre el Credo a partir de la sincronización con Aguilar y se enamorara de verdad del modo de vida de los asesinos o al menos se convenciera de su causa, en vez de que simplemente apareciera su madre muerta y le dijera las palabras adecuadas para reclutarlo. Pero supongo que todo no se puede, no hay que olvidarse tampoco que es una película de menos de dos horas en las que trataron de meter todo lo que se pudo para que se entendiera... Y lo hicieron bien. Al menos muchísimo mejor que con otras adaptaciones, como Resident Evil (no puedo dejar de nombrarla porque es una de las mayores decepciones de mi vida cinéfila) o Silent Hill (aunque la última tiene cosas buenas). 
     En síntesis, incluso si el guión fuera malo, vale la pena verla por las actuaciones tanto de Michael Fassbender como de Marion Cotillard. El caso es que, además de todo, la película es buena y entretiene un montón. No puedo dejar de pensar en los combates, cuando Aguilar y María escapan de la hoguera y corren por todo el pueblo, saltando y escalando todo a su paso. O cuando Callum decide entrar al Animus voluntariamente y termina con un arco escalando el brazo mecánico para intentar detener un helicóptero. En esas escenas las manos se mueren por sostener un joystick. Gente, hay que verla, una y otra vez. Si no es por placer, al menos para buscarle fallas... Aunque no lo parezca, ¡ese hombre debe tener alguna!


miércoles, 25 de enero de 2017

Me crecieron los pies

Esta mañana descubrí algo importante sobre mí misma y recién al mediodía comprendí que había una metáfora escondida en alguna parte. 
Hace un tiempo que el dolor en los pies me impide caminar con libertad y se lo atribuí a mis problemas de columna. Esta mañana, sin embargo, cuando me cambiaba para ir al trabajo, caí en la cuenta de que las zapatillas simplemente me apretaban. Y es uno de mis pares favoritos y mejor conservados... Quizás justamente por eso. Puede que inconscientemente los haya evitado porque en el fondo sabía que me apretaban y por eso jamás llegaron a romperse. 
Y entonces la metáfora me pegó un cachetazo: no es culpa de las zapatillas, pero tampoco de mis pies. Las cosas cambiaron para ambos y no hay nada que hacer, simplemente ya no van juntos. Aunque queden bien con mi ropa, aunque hayamos tenido momentos lindos, aunque no estén rotas y aunque cuando las mire siga sintiendo el mismo amor que me impulsó a comprarlas en primer lugar... Me crecieron los pies.

martes, 24 de enero de 2017

Awkward.


¿Por qué tengo que ver una serie repetitiva y trillada para darme cuenta de que realmente soy feliz y de que estoy perdiendo el tiempo extrañando cosas que no me llenaron en su momento y mucho menos lo harían ahora? 

Resultado de imagen para awkward matty jennaLlevo varios días viendo Awkward. y mentiría si dijera que recién me doy cuenta de cuán identificada me siento con Jenna Hamilton. Por suerte superé hace algunos años la crisis adolescente y la incomodidad de la secundaria, pero la realidad es que los problemas que atravesamos durante esa época oscura y revoltosa de nuestras vidas, con el tiempo sólo se intensifican si no aprendemos a manejar nuestros impulsos y malas costumbres. Ver episodio tras episodio me dio claridad sobre mi propia vida: es como si hubieran recopilado mis errores en capítulos de veinte minutos que puedo analizar sin pausa alguna. Hay tantos puntos de encuentro entre Jenna y yo: la constante lucha entre ser invisible u orgullosamente popular pero sentirse incómoda en los dos lugares, el deseo insaciable por el chico más lindo pero el aburrimiento de haberlo conseguido, la necesidad constante de generar drama y sacar inspiración para escribir sobre ello en un blog que nadie lee. Se me ocurren tantas cosas más. La incomodidad con el cuerpo, los monólogos mentales. Quiero decir, ¿realmente todas las chicas de diecisiete años pasamos por todo eso? Creo que sí, pero las coincidencias me obligan a mirar obsesivamente la serie y con cada nueva metida de pata de Jenna me dan ganas de mandarme un mensaje al pasado y preguntarme a mí misma en qué carajo estaba pensado.
Matty es todo lo que Jenna quería y consiguió no sólo que se fijara en ella, sino que se enamorara como un idiota e hiciera montones de cosas para complacerla y hacerla feliz. Pero no. Lo que Jenna quería era que Matty bailara, supiera sobre escritores, se interesara por muestras fotográficas, hablara menos sobre deporte, etc., etc.. Cuando la realidad de Matty era mucho más simple. Matty sólo la quería a Jenna. 
¿Para qué será que uno se enamora de ciertas características del otro, si después lo único que va a importar es lo que cambie sobre sí mismo para demostrarnos cuánto nos quieren?
Primero deja a Matty por Jake, después por el idiota de Collin, después por Luke. ¿Y cómo termina cada temporada? Dándose cuenta de que Matty es todo para ella porque al final es quien mejor la conoce y la quiere como es, con sus metidas de pata y todo. Lo que quiero decir es ¿por qué cuesta tanto ver las cosas y las acciones del otro cuando los tenemos en frente? ¿por qué hay que pasar por un montón de sufrimiento y errores y desear otras cosas cuando lo que tenemos nos hace perfectamente felices y en un pasado no tan lejano era todo lo que queríamos?