Vuelvo enojada a casa porque me habló mal la chica que me atendió en la heladería y, unas cuadras después, la que me cobró en la perfumería. Pienso que a veces, cuando estoy de mal humor o atareada, yo también les hablo mal a los clientes cuando me vienen con alguna estupidez en la cafetería. Pero no es lo mismo, me digo y me repito, porque como clienta soy extremadamente amable. Igual de fondo lo que pasa es que nos peleamos con J y ni siquiera entiendo muy bien por qué fue, solo puedo decir que nos despedimos con un chau seco, sin beso ni sonrisa. Cada vez que pasa algo así y él se va a algún lado pienso que capaz descarrila el tren o le pegan un tiro para robarle el celular y yo enojada en casa esperando que vuelva para mostrarle que sigo enojada. También estoy cansada y tengo sueño. Y esta novela que sigue resistiéndose a escribirse sola.
miércoles, 24 de noviembre de 2021
sábado, 30 de octubre de 2021
Here we go again
Quiero volver a escribir ficción, pero una ficción que incorpore la experiencia política, y todas las otras experiencias.
Para eso debo salir de un chaleco de fuerza.
R. J. W.
viernes, 29 de octubre de 2021
Vesícula
Hace casi dos semanas que estoy en casa porque tuve una cirugía programada de vesícula. Aprendí que es importante aclarar que fue programada, porque sino la gente piensa que fue de urgencia y pone cara de horror. Me preparé durante meses para esto, así que digamos que salió todo dentro de los parámetros esperables.
Ayer me toqué el abdomen e, inconscientemente, me quejé de la piedra a la que cariñosa y odiosamente llamé Burnt. Según la ecografía, tenía casi dos centímetros la hija de yuta. Un poco más y superaba en tamaño a la mismísima vesícula. ¿Tendré el síndrome del miembro fantasma? ¿a quién voy a culpar de ahora en adelante cada vez que me sienta mal? ¿a quién usaré de excusa para faltar al trabajo?
Lo más alarmante de la situación, entre muchas otras cosas que no vienen al caso, es lo de sentirme débil y lenta. Los primeros días no salí de la cama, nada más me levantaba para ir al baño (una travesía, mi sistema digestivo todavía no se acomoda y mis treinta años, además, me castigaron con una hemorroide del infierno). Me alimenté a base de papillas y dormí sentada, hija del dolor.
Ahora ya estoy mucho mejor, ya me aventuré a comer un chocolate y no explotó nada adentro mío. Incorporé alimentos varios y ya salgo a caminar y hacer alguna comprita, nada demasiado pesado.Fue hoy recién, mientras almorzábamos con J, que me di cuenta de lo que estaba pasando y se me cerró el estómago de una. La ausencia de vesícula me convirtió en una ama de casa. Cocino, lavo los platos, ordeno, hago la cama, paso el día entero encerrada cuidando a los michis y buscando la forma de que la casa sea más cómoda, se vea más organizada, se sienta más limpia. Y cerca de la hora esperada, como el zorro del Principito, me empiezo a emocionar porque J vuelve de trabajar.
Sé que es temporal y que la semana que viene vuelvo a mi rutina de explotación laboral, falta de sueño y mal humor; entonces ¿por qué me molesta tanto sentirme así? ¿por qué no puedo sacar provecho de este descanso impuesto por Burnt? ¿no debería estar agradecida de poder quedarme en casa por unos días? ¿estoy tan acostumbrada a la esclavitud que no puedo pasar unas horas sin sentirme productiva?
Respirar. Cerrar los ojos. Descansar. Recuperarme. Dejar los platos sucios. Bancarme la mugre del piso. Despedirme de Burnt.
miércoles, 18 de agosto de 2021
Al azar
Año 2021. Me enamoré. Tuve covid. Miré muchas series. Me aumentaron el sueldo dos veces. Tracé un plan de vida. Cursé dos materias. Me pusieron las dos dosis de la vacuna. Matías hubiera cumplido cinco años. Convivo otra vez. Pablo va a ser papá. Mis amigas siguen ahí. Arranqué pilates. Estoy lista para adoptar un gato. Armé un gran equipo laboral. Me tienen que sacar la vesícula. Gasté muchísima plata en ropa. Vendí lo que ya no uso. Me siento decepcionada de la persona que amo.
jueves, 28 de enero de 2021
claroscuro del Delta
Estoy leyendo un libro sobre Evita. El vecino de la cabaña de al lado tiene una toalla que es la bandera de Estados Unidos. El río nunca está en calma, el oleaje golpea el muelle constantemente, pasan canoas y lanchas cada tantos segundos.
Me pregunto en qué medida este clima húmedo y este sonido ambiente habrán motivado a R.W. a escribir. Llevo tres días acá y estas son las primeras palabras que brotan de mis dedos. ¿Será únicamente una cuestión de adaptación?
No me animo a meter los pies al agua; ayer me quedé mirando cómo flotaba un envoltorio de bonobón. Quisiera, a la vez, adentrarme en el Delta, explorar otras islas, descubrir hasta qué punto podés perderte, alejarte, esconderte, sobrevivir a las miradas ajenas.
Voy y vengo hacia la misma idea desde que llegué: ¿cuánto habrá en estas aguas de refugio y cuánto de inspiración?
¿Se habrá activado algo en mí que todavía no percibo?En la isla de enfrente hay una casita blanca con las ventanas naranjas. Flamea, desde la baranda, una banderita argentina; la corriente rompe en su orilla y lentamente retorna hacia mí.
Imagino a un hombre abriendo la puerta mosquitera, asomando la mirada soñolienta protegida por unos anteojos cuadrados, de marco grueso. Desde acá no puedo detallarlo, es más como un espejismo, un engaño fruto del sol y la marea. Una aparición.
Levanta la mano en el aire y lo imito, creo que me saluda. En realidad se protege del viento para prender un pucho. Bostezo y me dejo acariciar por la brisa fresca.
¿Habré sido la visión del otro lado del río durante sus días de soledad y ocultamiento?
¿Habrá visualizado a una chica como yo, como todas y ninguna a la vez, garabateando unas páginas a la distancia?
Quién hubiera pensado encontrarnos finalmente un día cualquiera de enero, colgando de una hamaca paraguaya; él tan lejos en el tiempo, yo tan habituada a buscarlo en todas partes.
"Es necesario llegar hasta aquí para saber lo que es un río en esta parte del mundo."



