<< Abstengámonos de toda cólera y guardémonos de lanzar miradas irritadas. Y no tengamos resentimiento alguno si los otros no piensan como nosotros. Pues todos los hombres tienen un corazón, y cada corazón tiene sus inclinaciones. Lo que está bien para otros está mal para nosotros, y lo que está bien para nosotros está mal para otros. Nosotros no somos necesariamente sabios, y los otros no son necesariamente necios. Todos somos simplemente hombres ordinarios. ¿Cómo podría alguien establecer principios para distinguir el bien del mal? Pues todos somos a la vez sabios y necios, como un anillo que no tiene fin. >>
Constitución del príncipe imperial Shotoku, Japón, 604.
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