"Uno ama una vez en la vida... Y después aprende a ser feliz. Pero nunca como la primera vez."
Pablo cree eso y me lo dice con un poco de timidez, pidiéndome que no piense que se la da de falso poeta. Y yo sé que un poco le gusta el papel, pero más que nada me cuenta lo que siente para que no crea que soy la única que sufre y piensa que el corazón se le va a salir. A él también le pasó. A él y a mil millones de personas más.
Quiero llorar, quiero llorar todo de una vez y para siempre. Pero depende el momento del día, me siento mejor o peor. Pablo lo sabe y me mira desde el fondo de la mesa, aprieta los labios y veo el gesto de tensión por toda su cara. A pesar de todo, sigue siendo una de las pocas personas que me conoce en lo esencial y le importa mi bienestar. Pero el verdadero, no que me ría de boludeces o pase una linda tarde. Pablo no quiere que llore más y no quiere ver cómo mi corazón se rompe, pero está dispuesto a levantar los pedazos. Eso no me lo esperaba... O tal vez sí, pero igual me pone un poco mejor. Pablo está ahí y se lo agradezco. Sin él hubiera sido mucho peor de lo que fue. Este fin de semana algo se perdió en mí, pero Pablo me agarró de la mano y me guió hacia lo que queda de mi alma. Al menos por hoy. Mañana será otro día.
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