Cada paso que doy va narrando un cuento
Galés suspiró y se mordió el labio, visiblemente irritado. Le pasaba más veces de las que quería cuando hablaba conmigo e intentaba entenderme con toda su determinación. Yo me relajaba, pero él necesitaba saber. Siempre quería más y más de mí. Seguramente creía que yo era un barril de misterios sin fondo. Por supuesto, estaba equivocadísimo. Había días en que Paz era lo que se veía: pura superficialidad. Estábamos discutiendo sobre mis pasiones y las suyas, sobre lo que le hacía feliz a cada uno.
- Tinta es tinta, ¿no? -me preguntó- Vos escribís en papel y yo me escribo la piel.
- Es una hermosa forma de vivir -le respondí-. Así dejamos huella...
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