Digamos que me recibí inexorablemente de pelotuda. Hasta intenté convencerme a mí misma y a los demás de que no lo era, como todo pelotudo que se respete. Luego siguió la aceptación, ese preciso y precioso momento en que te das cuenta de que todos te observan incómodos y compasivos, cuando no divertidos, y no te queda otra opción que abrazar tu pelotudez y salir con la frente en alto.Supongo que sabés de lo que hablo. Si no te graduaste en ese campo debe ser porque te falta mucha cancha en esto de hacer el ridículo. A mí por suerte me sobra experiencia. Y digo que por suerte porque a la larga termina resultando divertido ser un pelotudo eventual, siempre que no se haga costumbre. En tal caso recomiendo ejecución inmediata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario