Lo que más me gusta del monoambiente es el control que puedo ejercer desde mi cama. Me acuesto a mirar una serie o a leer y puedo contemplar la vastedad de mi hogar sin levantarme. Nada de recovecos secretos ni espacios que puedan ocultar un cuerpo acechante. Mi casa y yo en completa comunión, sin más paredes que las que me protegen de la crueldad del mundo y la noche.

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