Esta mañana descubrí algo importante sobre mí misma y recién al mediodía comprendí que había una metáfora escondida en alguna parte.
Hace un tiempo que el dolor en los pies me impide caminar con libertad y se lo atribuí a mis problemas de columna. Esta mañana, sin embargo, cuando me cambiaba para ir al trabajo, caí en la cuenta de que las zapatillas simplemente me apretaban. Y es uno de mis pares favoritos y mejor conservados... Quizás justamente por eso. Puede que inconscientemente los haya evitado porque en el fondo sabía que me apretaban y por eso jamás llegaron a romperse.
Y entonces la metáfora me pegó un cachetazo: no es culpa de las zapatillas, pero tampoco de mis pies. Las cosas cambiaron para ambos y no hay nada que hacer, simplemente ya no van juntos. Aunque queden bien con mi ropa, aunque hayamos tenido momentos lindos, aunque no estén rotas y aunque cuando las mire siga sintiendo el mismo amor que me impulsó a comprarlas en primer lugar... Me crecieron los pies.
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