I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

miércoles, 4 de enero de 2017

El apagón

No había luz pero en mi cabeza se iluminaban las ideas como chispas, saltaban los recuerdos unos sobre otros y me golpeaban con tanta intensidad que tenía que mantener los ojos abiertos para intentar desordenar las imágenes que se formaban frente a mis pupilas, en medio de la oscuridad.
No puedo explicarlo mejor, estoy segura de que me entendés.
Eso que ves justo antes de dormir, el último vestigio de lucidez antes de perder la consciencia. Supongo que de un punto en adelante se volvió confuso, quizás hasta me bajó la presión porque me encontré sumergida en una pequeña lagunita de agua estancada y transpiración en la bañera.
Y hacía tanto calor que me costaba respirar.
La falta de electricidad no solo mantenía en penumbras el departamento, también evitaba que prendiéramos el ventilador o que el motor cargara agua en el tanque. Estábamos a punto de entrar en la desesperación física y sentimental. Me transpiraba el cuerpo y me lloraba el alma, volviéndome una víctima literal y metafórica de la realidad que me desbordaba. Para qué darle más vueltas, si no me vas a entender a menos que le saque los pelos a la lengua.
Ese fin de semana se había muerto mi sobrino y mi propia casa me negaba la posibilidad de pensar en otra cosa.
No podía ver algo en la computadora, no podía escuchar música ni jugar a las cartas. Ni siquiera podía darme un baño o mojarme la nuca con algo más que agua del bidón que, de todas formas, había que intentar racionar. A pesar de haber llamado en varias ocasiones a la compañía de luz, no había novedades: el apagón podía durar un día o una semana más.
Y en mi corazón parecía que iba a permanecer perpetuamente.
Pero para qué exagero tanto, si ya pasó mucho tiempo desde aquella noche. Para mí fue la eternidad y no me di cuenta de que lo que quedaba por delante resultaría ser mucho peor.
El principio del dolor es el impacto, la baldosa salida que te hace caer y ver cómo el resto del mundo sigue caminando normal. Lo verdaderamente eterno es todo lo que viene después: andar como un inválido mirando de reojo, deseando volver a la noche del apagón cuando todo seguía siendo inexplicable y el dolor era corrosivo pero nuevo y el cuerpo todavía podía pensar en el calor y la incomodidad, más que en esa única sensación de estar desubicado en un mundo que sigue girando después de una muerte que también te llevó a vos.

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