I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

jueves, 9 de febrero de 2017

Misery loves company

Fue un pequeño apretón de manos, sólo eso bastó. No nos conocemos tanto ni somos íntimas, de hecho sé que si no trabajáramos juntas es probable que en otro contexto nos hubiéramos ignorado. Pero supe que estaba angustiada de sólo verla y me acerqué a saludarla. Entonces me miró directo a los ojos y comprendí todo. Le agarré la mano y la presioné levemente pero con firmeza. Ella me devolvió el gesto y apretó también los labios, contendiendo las lágrimas. No fue sino hasta segundos después, cuando ella ya se había ido, que me di cuenta de que yo también estaba aguantando las ganas de llorar. Y entonces me empezó a faltar el aire e intenté mantenerme ocupada haciendo otra cosa, pero el torrente fue más fuerte que yo y mientras limpiaba la mesa con frenesí, se me corrían el delineador y el rímel. Hay ciertos dolores que sólo podés compartirlos con las personas que también los sienten; que sólo se generan con las ausencias o el miedo a esa pérdida. Apretarle la mano me recordó a todos esos días en que pasé de unos brazos a otros buscando hombros para descansar la cabeza o palabras de aliento aunque las esperanzas fueran disminuyendo. Es increíble el desgarro que siento cada vez que recuerdo esos días que a veces parecen repetirse una y otra vez hasta derribar las partículas de mi ser, que voy apilando para ver si puedo volver a ser un ser humano completo alguna vez. Me duele. Me duele horrorosamente y hoy lo sentí por ella, pero también por mí. Porque ahora soy una de esas personas que saben lo que es el dolor y lo comprenden sin palabras, con un simple apretón de manos. 

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