Yo no sé por qué todo el tiempo esperás lo peor de los demás. Te dicen una cosa e inmediatamente estás desentrañando la historia secreta, buscándole el pelo al huevo para descubrir la verdad en medio de la gran mentira. Tratá de relajarte, mujer. Yo sé que te hirieron y que perdiste muchísimo en el camino. Sé que te traicionaron personas importantes en tu vida y que te cuesta confiar. Sé que te plantás como una mina fuerte que se lleva el mundo por delante, pero que en realidad todavía querés sentarte a llorar en el regazo de tu mamá. Sé que hay dolores que no te abandonan y otros que te persiguen aunque no conozcas la fuente. Arrastrás mucho con cada paso. Intentá relajarte, por favor. No debería, pero me preocupo por vos. Y cuando te escucho gritar, cuando te veo fruncir el ceño y tomar aire para empezar a quejarte sé que preferirías sentarte a tomar un mate cocido y reírte con nosotros. No sos mala. Todo lo contrario, sos un ser humano muy lindo. Pero te vienen tocando cosas difíciles hace bastante. No queda otra, hermana de la vida. A veces me veo a mí en vos. Pienso que puedo llegar a convertirme en una gran mujer si sigo tu camino. O tal vez no. Quizás sólo nos parecemos parcialmente. Ojalá puedas encontrar un respiro en mi paciencia, una ayuda en mi obediencia y en mi lealtad.
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