A vos te diría que te pienso más de lo que cualquiera hubiera esperado (vos, yo, esa amiga que vivió con nosotros lo que no fue). No te volví a ver, lamentablemente. ¿Cuánto tiempo va, diez años? Creo que más. No quiero sacar la cuenta. Para qué. Cada tanto pasa algo que te trae a mí: me pasa por encima quiero decir; me atropella, me revuelca por el asfalto y me quedo mirando el cielo imaginando otra vida.
"Amame para siempre, Dorrego, es la única forma de que sea feliz". Transcribo una de las tantas frases que me dedicaste. Tengo todo guardado, el cuaderno bitácora, las cartas, las notas, los mensajes. A veces pienso que el problema fui yo: siempre tan volada, tan necesitada de espacio y esa falsa sensación de libertad. Todavía me pasa, miro alrededor y si siento que se me están cerrando las puertas necesito salir corriendo.
Igual vos también ibas a mil por hora. Dale, no te hagas el desentendido. Ya querías casarte con quince años. Ideamos juntos un plan para fugarnos a Santa Fe y tener hijos. ¿Con qué apuro? ¿Por qué andar pensando en esas cosas a esa edad? Menos mal que nos separamos, si ese era nuestro destino siendo tan jóvenes. Ahora tendríamos seis hijos, deudas millonarias y nos odiaríamos.
Ojalá vuelva a cruzarte por la vida alguna vez. No sé si te lo diría, pero siempre te voy a querer, amar, extrañar, todo junto. Fuiste tanto para mí. No supe manejarlo. Ahora entiendo que si yo era complicada, vos no te quedabas atrás. Tal vez no quieras reconocerlo, pero cuando me acomodé la cabeza y fui a buscarte ¡qué orgulloso que fuiste! Me contaste que ya habías conocido a alguien más, que estabas enamorado de verdad, que ojalá algún día me pasara y que "por estas cosas existen las canciones de amor". Más de una década después todavía me acuerdo.
Tantas veces después quise buscarte otra vez. Cruzarte y pedirte perdón, rogarte que hicieras una excepción a tu orgullo y me miraras de nuevo con ese amor que me diste. No pude o no me animé, era chica.
Me enamoré muchas veces. Amo desmedidamente. No puedo controlarlo. Vos siempre vas a ser el que echó raíces primero. Es posible que desde entonces te haya buscado en cada hombre que conozco. Solo me siento segura si encuentro algo tuyo en ellos. No es algo consciente, es más, lo estoy pensando recién ahora. Estás en todos, en todo.
Teníamos un juego (uno de muchos) en el que uno decía "quieto" y le daba un beso en la mejilla al otro. ¿Te acordás? En ese momento todavía éramos amigos. ¿Fuimos amigos alguna vez? ¿Lo seremos algún día otra vez?

No hay comentarios:
Publicar un comentario