Era como estar parada al lado de un cenicero parlante. Cada vez que abría la boca me llegaba su aliento a hollín, a ceniza y pulmones moribundos. Tanto me molestaba, que se me hacía realmente dificultoso oír lo que decía, pero estoy segura de que tenía que ver con conquistarme. Al parecer aquella noche tenía ganas de acostarse con alguien y yo le parecía una buena opción.
- Creo que nunca podría besar a nadie que fumara -le comenté-. Entiendo lo de besar sapos, pero ¿besar ceniceros? No, gracias.
I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.
viernes, 11 de septiembre de 2015
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