Hasta hace poco creía que los bebés no tenían gracia. Mamadera, pañales, baba, vómitos y llanto. Durante toda mi vida un bebé fue para mí una bolsa de sinónimos del horror. Y entonces, como con taaaaantas otras cosas, la vida me dio una patada en la cara y me gritó ¡ESTÁS EQUIVOCADÍSIMA! Ahijado es una palabra rara porque abarca todo lo que siento por él pero, a la vez, se queda corta. Demasiado corta. Dicen que el amor por un hijo no tiene comparación, pero calculo que lo más cercano debe ser el amor de tía y madrina. Son títulos hermosos para lo que nos une, pero hay mucho más para lo que simplemente no hay palabras. Y ese bebé, con sus pañales y vómitos, me da las mejores horas de mi vida. Porque se enoja cuando no le quiero dar mi celular y me grita ¡MÁÁÁMA! (por ahora es la única palabra que maneja, así que la usa para todo y todos, cambiando los tonos según lo que quiera lograr). Cuando quiere que le alcance algo me dice ¡AMÁM! y yo voy corriendo y le bajo la luna, un par de estrellas y el sistema solar completo. Y ayer pasó algo increíble. Hace un tiempo nos dimos cuenta de que no le gusta que su mamá grite, aunque sea jugando. Mi hermana pega un gritito, inclusive de emoción, y él se pone a llorar. Yo estaba peleando de manos con mi novio y él me abrazó y me dio un pequeño mordisco en el brazo, todo parte de un juego tonto. ¿Qué hice? Grité. Mi ahijado tiene casi once meses, nada más que eso, y se bajó de los brazos de su mamá, gateó hasta mí y me estiró los brazos para que lo levantara. Entonces empezó a tocarme la cara, como asegurándose de que yo estuviera bien, y lo empujó a mi novio, que seguía parado al lado mío. Todos nos quedamos impactados y yo me morí de amor. Y ni siquiera tiene un año. Yo sé que siempre voy a estar para él, cuando quiera reír y llorar y jugar y romper cosas. Pero él también va a estar para mí, en la medida de sus capacidades, y me va a brindar todo su amor. Un amor lleno de sonrisas, de caricias, de complicidad, de palabras sin sentido, de bailes viendo videítos en Youtube, de perseguir al gato por toda la casa y tannnntas otras cosas más que aprendí de él. Un bebé es mucho más que una mamadera, pañales, baba, vómitos y llanto. También te enseña terriblemente lo que es el amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario