
Mi mejor amiga sacó un préstamo de ochenta mil pesos y se lo gastó en boludeces. Le debe al banco y al local en donde también compró cosas con tarjeta. Ayer sacó un iPhone de quince mil. Y yo ahorrando en monedas.
Mi ex novio está por casarse. Su hermana, que tiene mi edad, también. Yo hago café.
Mi jefa me paga una miseria. Le pregunté sobre la posibilidad de aumentarme en sueldo y no me dio bola. Sigo trabajando todos los días con la misma sonrisa falsa.
Dejé el taller de teatro. No me banqué la presión social. El grupo, los saludos, los halagos, las miradas, los whats apps.
Odio mi trabajo. ¿Ya lo dije o sólo lo di a entender?
Estoy viendo True Blood, me gustaría tanto ser un vampiro...
Mi casa está llena de hormigas. Recién fui al baño y ya colonizaron mi cepillo de dientes y el dentífrico. No pensé que les interesarían la menta y el eucaliptos.
La barista que me está enseñando a dibujar en el café me cayó mal apenas la conocí. Ahora creo que es simpática. Otra vez prejuzgando.
Todavía sigo sin leer ni escribir. ¿Será el fin de mi relación con la literatura? Ya llevamos casi un año separadas. A veces la extraño y quiero decírselo, a veces siento que los libros me llaman desde la estantería o que la carpeta de la computadora que se llama "Cuentos" me invita a explorarla y corregir alguna cosita, seguir alguna idea. Todavía tengo que continuar la historia que empezó Kevin y ahí quedó.
Estoy a dieta hace dos semanas. Extraño las pastas.
Tengo un excelente novio. Todos los días me desinfecta la oreja porque me puse un piercing y se ve que mi cuerpo lo rechaza. También me hace la comida y me la deja en el congelador. Anoche me compró una plantita de brócoli.
Estamos en octubre y ya hace un calor de la puta madre.
El fin de semana tengo que ir a votar otra vez. Voy a meter al sobre una foto de Fassbender.
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