voy camino al vacío [metafórico]
en el que no estás,
ni la que era con vos.
Es demasiado pensar
actuar, cantar, andar
sin tus pasos marcándome el tiempo,
el compás, el ritmo, las pulsaciones.
Me corro del camino que tracé
antes de saber quién era.
Resuena entre mis orejas el eco de un destino
perdido entre tus vueltas.
Sonido envolvente,
compuesto por los versos que supiste tararear
entre mates y pantuflas una mañana cualquiera.
Cuando todavía éramos lo mismo
y bastaba un solo vaso para calmar tanta sed.
Tu risa ya se apaga, solo me llegan los restos:
un comentario al pasar sobre el clima
o una película mala.
De lo demás ya no puedo saber:
de los agujeros de las medias
o del elástico descosido de los bóxers.
¿Qué pasó con el termo?
¿Todavía pierde agua?
Hay cosas que no tienen arreglo
[poner tantas curitas sale caro]
y de malas inversiones aprendí a los golpes.
Un abrazo que condense cada queja silenciosa
que ya no duele, ni molesta
que ahora es excusa para aferrarse
[más de la cuenta]
al hilo de tus pensamientos
hasta formar una madeja
con la que se pueda tejer
una nueva red que atrape, sostenga,
encierre este andar sin rumbo,
este ser sin vos que flota a mi alrededor
sin futuro ni destino al cual recurrir
cuando la estática me revuelva el estómago.
Se vomitan las frustraciones
como se llora un dolor
y en el vacío de existir
se aprende a caminar [otra vez]
pero sin baldosas flojas
ni semáforos en rojo [nunca más].
Cuando todo es posible,
también se puede volver a morir de amor...
¿Qué es, si no, perder tu voz?
Cierro los ojos
como cuando era chica
y la oscuridad me perseguía por el pasillo.
Siempre imaginé unos brazos
que acudieran a mi llamado [desesperado y cansado].
Hoy la voz solamente grita
y los brazos son los míos.
Tal vez quede por descubrir
que, al fin y al cabo,
la única carrera válida
es la que conduce a uno mismo.

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