Tiene una especie de aroma particular, mezcla de perfume, desodorante y olor corporal, que me embriaga. No sé si me gusta del todo, si me hace imaginar lo que él espera con tanto despliegue aromático o qué. Tal vez él no espera nada y soy yo la que activa los sentidos en su presencia. Lo mejor de todo es cuando lo siento en lugares inesperados. Un extraño en la calle, su habitación vacía, una prenda olvidada sobre una silla. Entonces viene el suspiro, las pulsaciones, el lento discurrir de las horas hasta cruzarlo.

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