Me volví esta especie de fantasma que sólo habla de pérdidas. Seguramente la Mery de los últimos meses debe ser muy aburrida como compañera de conversaciones. Sólo quiero sentir y hablar del dolor. Cada vez que se me olvida o me siento menos desdichada, agacho la cabeza y me miro los pies... O peor, levanto la mirada hacia el cielo, como si ahí hubiera una respuesta verdadera. Como si hubiera algo esperando por mí para hacerme sentir mejor. Mi vida se redujo a pensar en la muerte y en su injusticia. Ya no disfruto nada por completo. Vuelvo a lo mismo, una y otra vez. No puedo aceptarlo y me está volviendo loca. Sólo me siento bien en la miseria de ésta tristeza incomparable. Dije que no iba a hablar más sobre esto y acá estoy, dando lástima frente a la computadora. Todas las canciones me hablan de lo mismo, todos los libros me aburren. La trama de ésta tragedia consumió toda mi capacidad de atención y cualquier cosa que se escape del guión me resulta ajena, incluyendo a las personas. ¡Dios mío (y es sólo una forma de decir), sobre todo las personas! Me veo incapaz de conectar con nadie que no haya estado conmigo en ese momento tan difícil. Sonrío y pregunto cómo va todo y no-me-interesa. No quiero saber cómo va tu vida. No necesito escuchar sobre tu trabajo, tu vida amorosa o las travesuras de tu perro. Lo único que existe para mí es el vacío que dejó Matías y el cachetazo metafórico que me dio en la cara su partida. Pero tampoco quiero que me hables sobre eso, vos que no lo conociste ni perdiste a nadie jamás y no podés llegar a entender lo que siento. No quiero tu lástima, ni tus frases positivas sobre la vida. No quiero que su muerte te recuerde la de otros niños, ni tu vecino ese que era tan sano y se murió de la nada, ni tu familiar que apenas conocías pero igual tuvo una muerte sorpresiva y pensás que necesito escuchar sobre sus últimos días o el deterioro de su salud. Por más que se muera el mundo entero, sigue siendo diferente. Es el mismo tipo de indiferencia que siento yo cuando me hablan sobre las desdichas ajenas. Sinceramente, ¿qué más puedo hacer que decir "no te lo puedo creer", "qué mal", etc.? Termina la charla y ya me olvidé, digamos la verdad. A nadie le importa nada más que lo que le afecta directamente. Y Matías es parte de mi alma, es sólo mío y de aquellos que lo amamos, vos no tenés imperio en las tierras del luto perpetuo. Así que dejá de intentar que te cuente cómo estoy o que te trate como antes, ya no soy la misma y ya no me interesa fingir que quiero saber sobre vos. Me cansé del contacto humano intrascendente y contraproducente. No te voy a mentir, es un camino solitario y suelo encontrarme viendo demasiadas series o escribiendo más de la cuenta (cuando no durmiendo más de lo que debería). Pero es lo que yo elijo y mi voluntad es determinante. Lamentablemente tu opinión no vale un carajo.
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