Te extraño todos los días, a vos y a tu saludo despreocupado, casi sin prestarme atención. Tu pelo enmarañado, cortado por mí, con ese flequillo incipiente que se empeña en gestar un rulo rebelde. La lluvia me obliga a preguntarme si andarás por ahí, mojándote en la bicicleta, volando hacia algún charco imprevisto. Ojalá pare de llover de una vez.
Escuché que conseguiste trabajo y me alegra un montón, sin ironías, lo juro. Espero que puedas encontrar ese lugar que tanto buscás, donde te sientas productivo, desafiado, valorado y motivado cada día. Que te veas más seguido con tus hermanos, con tu papá. Que encuentres la forma de sentirte bien con tu propia compañía y pases algún finde tirado en la cama descansando, sin esa necesidad compulsiva de "no desperdiciar" un solo minuto y buscar aventuras constantemente.
Rodeate de las personas correctas, Lu. No busques brazos que tapen el vacío. Eso es una solución temporal que no va a cambiar nada de raíz. Te quise muchísimo. Te quiero, rubio. Fuiste una gran compañía, al menos todos esos ratos en que no nos ladramos. Fue muy divertido formar equipo con vos, me hiciste sentir muy bien. Lamento no haberte podido dar más.
Vos no lo vas a entender (no lo entendiste nunca cuando era esencial), pero te di todo lo que pude. Ahora veo que no era suficiente ni por asomo y que necesitamos cosas diferentes. Fue una decisión muy sabia que cada uno (re)tomara su camino. Corrió mucho llanto debajo del puente que nos unía. Ahora que estoy más tranquila me pregunto cómo pudimos hacernos tanto daño en tan poco tiempo y, a la vez, darnos tanto cariño. Pienso que fue una especie de pausa o, como diría Benedetti, una tregua. Nos cruzamos en el momento justo para que cada uno decidiera (¡viera!) que habíamos tenido suficiente de muchas cosas.
¿Te diste cuenta? Cuando nos separamos se activó un mecanismo que estaba trabadísimo. Salimos a la calle a vagar temerosos, partidos al medio, y aunque estamos atravesando un verano lluvioso, pareciera que va a salir el sol en cualquier momento. Me acuerdo de nuestros almuerzos en el Batallón y de la vez que te dije que con vos siempre salía el sol. Alguna analogía estúpida relacionada al color de tu pelo y de tus ojos, que trajeron una luz muy particular a mi vida. En momentos como ese acontecía un fenómeno muy particular que vi en pocas personas y en vos como en nadie: te sonreía la mirada. Quizás tenga que ver con que es más usual verte serio, pero cuando te decía algo que te gustaba de verdad, me mirabas diferente, como diciendo: "Mery me está prestando atención" y era hermoso. Sé que soy colgada y que ando con la cabeza en cualquier parte. Pero cuando estaba con vos, estaba con vos en serio. Quería que lo supieras.
Ahora somos pura indiferencia, ya no hablamos, no sabemos del otro, no nos deseamos un buen comienzo de año siquiera. Si te cruzara por la calle, tengo la horrible sensación de que no frenarías a saludarme. Tal vez soltarías un hola al pasar y tragarías mucha saliva. No se digiere tan rápido algo así. No se me va a pasar en dos semanas. No sé si te deseo lo mismo o que simplemente te des cuenta de que no estabas enamorado de mí. No puedo preocuparme más por vos porque es una forma de aferrarme a tu recuerdo. Lo que quiero es soltarte y que seas feliz, tan feliz que ilumines el mundo entero con tus ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario