Lo de la cuarentena es particularmente terrible porque nos va a dejar una marca imborrable a todos. Recién ahora reuní la energía para hacerme unos barbijos hogareños. Pensé que lo venía posponiendo por vaga, pero en realidad tenía que ver más con una negación ridícula de los acontecimientos. Si no usaba barbijo, digamos, no había pandemia. Algo así.
Bueno, igual todavía no me lo puse. Mañana voy a salir a hacer compras y lo voy a estrenar, como si fuera una remera nueva. Me sumaré oficialmente a la humanidad en crisis.
Pensar que uno (como ser social) siempre está haciendo historia. Quiero decir, cuando leo sobre menemismo, por ejemplo, a veces pienso "yo en ese momento iba al jardín" o cosas así. No "formaba" parte de esa historia, pero la presencié.
En unos años, décadas, cuando se hable "del año de la pandemia" me voy a acordar que me pasé un mes encerrada en un monoambiente mirando series en Netflix y leyendo libros sobre feminismo. Meh. Muy poco heroico lo mío.
Anoche me encontré a mí misma tan cansada de esta rutina estúpida de mirar y leer, que apagué la compu. Agarré "Papillon" y seguí hasta donde pude, pero al final lo dejé y me despedí para siempre de Charrière. Siento mucha empatía por Papi, pero podría contarnos de su travesía en menos páginas, ¿no? Después me tiré por Chéjov, porque tenía entre mis pendientes "La dama del perrito". Bah, tampoco lo pude terminar. Seguí, entonces, con mi manual del café, de Nicolás Artusi, y me entretuvo un rato hasta que también me aburrió. Creí que me merecía un descanso de mis lecturas feministas y walsheanas, así que busqué figuras en la sombra que proyectaba la lámpara sobre la pared durante unos minutos, a ver si me daba sueño.
Me gustaría decir que, cuando al fin me dormí, soñé con libros que me perseguían a los tiros. La verdad es que no me acuerdo si soñé o simplemente pausé mi aburrimiento algunas horas hasta encontrarme escribiendo acá.
Todo tan circular-asfixiante-abrumador que me encantó.
ResponderEliminarQué hace acá señorrrr
ResponderEliminar