El sol daba de frente. No vi venir el malón de gente, que en amarillo ya copa la senda peatonal.
La frenada fue lo de menos, la bici se clavó en el cordón.
El placer vino del vuelo de mi cuerpo hacia el asfalto. Y después rodar sin ganas hasta saborear el pasto suave y fresco de primavera.
Qué belleza el conurbano.
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