I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

jueves, 28 de febrero de 2019

Calma

Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.
Renuncié.


Ahora que ya lo dije, que lo escribí tantas veces (igual copié y pegué, un poco vaga soy), lo repito y me lo grabo en el alma: RENUNCIÉ. 
Vengo quejándome haca tanto tiempo de mi trabajo, de las fallas, de los errores, de la incomodidad, de las injusticias. Y me animé; lo medité, lo pensé, saboreé la idea durante semanas que, lamentablemente, se convirtieron en meses. Pero ya está: decisión tomadísima. 
No vuelvo más. 
Y lo mejor de todo es que me voy bien, no hubo peleas ni gritos. Quizás, llanto escondido. Me causa un no sé qué alejarme, perder mi lugar, pero es un no sé qué casi lindo, emocionante. A buscar otro espacio donde pueda acomodarme mejor. Ayer justamente estuve de jardinería y trasplanté unos cactus que ya no entraban en sus macetas. 
Mery vive de metáforas, en la literatura que sale de su mano y en el camino que recorren sus pies. 
También estoy aprendiendo eso de hablar de uno mismo en tercera persona.
Se vienen muchos cambios. Aprender a estar sola conmigo misma sería lo principal. Tomarme unos días de vacaciones y después salir a buscar un trabajo que me haga feliz o, al menos, me llene en algún sentido. Terminar mi primer libro (si mis editores se ponen las pilas, ja ja). Salir a correr, respirar, renovar todo lo que se pueda. Volver o no a estudiar, pero para mí, no para la sociedad. Ser licenciada me sirve si va con lo que busco, sino no. 
Se verá.
Hoy me siento plena. Miro alrededor y todo resplandece. Pienso en mañana, pasado, el mes que viene y no tengo ni puta idea.
Y me encanta.







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