Mientras esperaban que llegaran las hamburguesas se les cayó con cautela intentaron avanzar sin empeorar el desparramo. Pensaron en lo divertido que les parecía que si seguían dándole a la cerveza se iban a caer de pera y sin tocar tocar el piso. La próxima vez usarían un transporte público o una bicicleta cada uno. La próxima vez mejor guardar la plata para salir a comprar un par de libros que permanecen cerrados, llenos de tierra. El tiempo pasa y nunca sabés qué puede traer adentro la hamburguesa de lentejas, si está más picante de lo normal; tiene gusto a sal o perfume; y uno se acuerda del cuerpo del otro, mañana encima tenían que pasar todo el día sin verse, como si fuera su sombra, su compañía. Quería quedarse a su lado los días duraban menos. Se le pasaban las horas como si fueran minutos... Y era peor durante la noche pensaba en pedirle que se quedara, pero no podía. De todas maneras algo permanecía en la almohada de dos o tres pelos, de la cabeza o de la barba; daba lo mismo porque siempre le quedaban en la remera y al final preferían no quitárselos. Si no te quedás, llevate algo mío. Yo tengo bastante con todas esas cajas que tengo que levantar, correr y embalar todos los días; y encima ella me pide que salga a correr por las mañanas se volvía sobre su espalda y veía que continuaba ahí. Tal vez solo se lo imaginaba enorme, del tamaño de una topadora o algo así, capaz de tirar o construir puentes. Para que no se vaya o para reunirse, en realidad cualquier excusa les servía para cruzarse y seguir buscando en el otro un pedazo de sí mismo o de los dos, mimetizados, temblaban al mismo tiempo, las mismas partes, semejantes a sus ojos, que no por casualidad empezaban a brillar cuando estaban ahí...

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