Puede que lo recordara de vez en cuando por culpa de alguna noticia relacionada con su equipo de fútbol, pero no había vuelto a pensar profundamente en él (y en ella juntos en una oración) desde mucho tiempo atrás. Llovía poco, pero de manera constante. Cuando el agua caía de costado, la alcanzaba debajo del paraguas y la mojaba. Menos mal que llegó enseguida a la verdulería. Fue mientras compraba las berenjenas que se dio vuelta para mirar otros cajones y entonces lo vio pasar por la vereda. Tal vez no fuera él pero, ¿cómo saberlo después de tantos años? Iba encapuchado, rápido, con las manos en los bolsillos. La conexión visual duró apenas unos segundos. Puede que él también se hubiera preguntado si era ella. No importan los nombres, todos llevamos grabados ciertos rostros que nos transportan a otras épocas más felices. Se reconocieron lo suficiente como para que el tiempo se detuviera y la lluvia dejara de caer. Habrán parpadeado dos o tres veces, no más que eso. Y luego él siguió caminando y ella pidió un kilo de frutillas, que a él le gustaban tanto, y acá estamos. I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.
lunes, 18 de marzo de 2019
En cualquier otro mundo
Puede que lo recordara de vez en cuando por culpa de alguna noticia relacionada con su equipo de fútbol, pero no había vuelto a pensar profundamente en él (y en ella juntos en una oración) desde mucho tiempo atrás. Llovía poco, pero de manera constante. Cuando el agua caía de costado, la alcanzaba debajo del paraguas y la mojaba. Menos mal que llegó enseguida a la verdulería. Fue mientras compraba las berenjenas que se dio vuelta para mirar otros cajones y entonces lo vio pasar por la vereda. Tal vez no fuera él pero, ¿cómo saberlo después de tantos años? Iba encapuchado, rápido, con las manos en los bolsillos. La conexión visual duró apenas unos segundos. Puede que él también se hubiera preguntado si era ella. No importan los nombres, todos llevamos grabados ciertos rostros que nos transportan a otras épocas más felices. Se reconocieron lo suficiente como para que el tiempo se detuviera y la lluvia dejara de caer. Habrán parpadeado dos o tres veces, no más que eso. Y luego él siguió caminando y ella pidió un kilo de frutillas, que a él le gustaban tanto, y acá estamos.
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