Últimamente me decía más seguido que le dolían los pies. Antes lo mencionaba, como mucho, una vez por semana. Pero ahora me lo repetía dos o tres veces por día. En ocasiones llegaba a sentir algo de culpa, pero solamente cuando era de noche y yo también estaba cansada. Me gustaba verla bailar hasta que me pesaban los ojos y, lentamente, bajaba la tapa de la cajita musical.
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