Acabo de terminar de ver The Vampire Diaries. Ocho temporadas después llegué al final. Tengo sensaciones encontradas y un sabor agridulce en la garganta, justo ahí donde se originan las lágrimas. Al principio no podía dejar de ver episodio tras episodio, después la calidad de la historia fue bajando y bueno... Ni hablar cuando pusieron a dormir a Elena. Pero algo me decía que tenía que seguir, que iba a valer la pena. Y así fue. La última temporada arranca con todo, a pesar de que las dos anteriores dejan mucho que desear. Vuelven personajes, se cierran historias, ¡por fin se descubre adónde fue arrastrada Kat! Quince capítulos buenísimos. Y el último, qué se le va a hacer... No me llevo bien con las despedidas.
[Alerta spoilers]
Después de extrañar tanto a Elena, vuelve con una peluca mega falsa y una actuación mediocre, apenas le demuestra cariño a Damon y se ve muuuuy poco de su vida juntos. Despierta, se abrazan, se recibe de enfermera, mueren. Eso es todo. Nada de hijos, navidades, noches de estudio, risas, cotidianidad. Tanto miedo de ver a Damon siendo humano y la incógnita me perseguirá el resto de mi vida. ¿Cómo se las habrá arreglado caminando lento, envejeciendo, comiendo hamburguesas y teniendo un perro? ¿Damon trabajando? Vaya uno a saber.
Bonnie se fue a vagar por el mundo con la voz de Enzo rondándole por la cabeza, por si se olvida las llaves. Triste, solitario y forzado para uno de los mejores personajes, una mina que se las bancó TODAS y dejó la vida (varias veces) y la felicidad (todavía más veces) de lado por salvar a los demás. Bonnie Bennett se merecía el cielo y sólo se ganó un viaje a África.
¿Caroline y Ric abriendo una escuela para niños... diferentes? ¿Es una precuela de los X-Men? Quiero decir, es buena la idea... Supongo... Pero igual apenas mostraron a Caroline triste. ¿Tan perfecta tiene que ser todo el tiempo?
Como si esto fuera poco, Stefan muerto. En algún punto lo entiendo, él había empezado todo (convirtiendo a Damon en vampiro, volviendo a Mystic Falls, saliendo con Kat y Elena, matando a Enzo...) y tenía que terminarlo, de alguna forma. No deja de ser tristísimo. Pobre tipo se pasó la vida sufriendo por sí mismo y por los demás, cargando con el dolor y la culpa de existir.
Igual diez puntos su reencuentro con Lexie.
No es la primera vez que me siento así con un final de serie. Hasta ahora sólo me sentí satisfecha con Six Feet Under. Creo que lo que arruina todo es esa necesidad de los guionistas de intentar despedirse "a lo grande", volcando todo lo que se les ocurre en un plato que termina sabiendo horrible y se queda atorado en la garganta. En ocasiones no hay que aspirar tan alto, puede que lo esperable sea lo indicado. Yo sólo quería que terminaran todos juntos, contentos y comiendo perdices. La misma L. J. Smith, creadora de los libros, dice que prefiere los finales felices porque renuevan la esperanza, sobre todo para los que la perdemos a diario. En la saga literaria, de hecho, el que muere para salvarlos a todos es Damon y, al final, parece que queda algo vivito... Entonces, ¿por qué intentan cerrar las series con tanta cosa épica pero que no pega ni con voligoma? Al menos por respeto a los seguidores o a los personajes, le hubieran puesto un poco más de onda.
El final final, ese último segundo, sí me llenó el alma. Después de una vida humana, Damon se muere y encuentra la paz. ¿Adónde va? A ver a Stefan, que lo espera en su mansión. "Hello, brother", le dice, como en el episodio piloto y en tantas otras ocasiones. Frase latiguillo que, para esta altura, ya incorporé a mi vocabulario.
Qué sé yo, en líneas generales podría decir que me gustó y que entiendo por qué decidieron tomar ciertos caminos. Un Stefan humano no habría podido encontrar la paz, no se habría sentido merecedor de una vida feliz al lado de Caroline después de haber sido el Ripper, de haber asesinado a tantas personas. Casi podría decir que alguien tan empático y melancólico como él estaba destinado a sacrificarse y convertirse en mártir, sobre todo para redimirse por haber condenado a Damon a la vida vampírica y sentirse, de algún modo, responsable por las acciones de su hermano mayor (muchas veces peores que las suyas).
Los voy a extrañar, Señores Salvatore.
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