I don't have the right name or the right looks, but I have twice the heart.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Hablando no se entiende la gente

Fui a comprar un kilo y medio de ricota para unos canelones a la fiambrería. Claudia, la chica que atiende (y lleva algunas décadas en el planeta tierra, por lo cual debe ser conocedora de las normas sociales, del luto, de los caminos pedregosos que llevan al mundo de la confianza...), me dijo después de saludarme que se había enterado de la muerte de mi sobrino. En noviembre se va a cumplir un año ya. Y así con los ojos llorosos (resiento las lágrimas ajenas por hechos privados) y mientras pesaba la ricota, me dio el pésame y me preguntó cómo había sido y cómo estábamos. Sonreí. ¿Hubiera sido mejor si me ponía a llorar con ella? ¿Íbamos a abrazarnos sobre la heladera de los quesos? "Hay días que cuesta mucho", le respondí. Pero ya ni siquiera intenté cambiar el tema. Claudia quería hablar de la muerte de un niño. Lo confirmé cuando me contó que su sobrino estaba internado esperando un trasplante. No tuvo que decirlo en voz alta, su mirada se llenó de miedo ante la posibilidad de perderlo. No se lo deseo a ella ni a nadie. Y tampoco le deseo que, de estar en mi situación, venga un vecino a preguntarle cómo pasó y qué siente. Se siente horrible. Y no hay palabras, mucho menos cuando el que pregunta es un desubicado.  

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