Creí que con los años iría perdiendo ésta... ¿cómo describirlo? ¡Intensidad! con la que me comprometo con los personajes de un libro. Y, sin embargo, sigue afectándome de la misma forma o quizás peor. Entro en una especie de depresión y tristeza cuando sé que es hora de despedirme, de dejarlos ir. ¿Estoy condenada a perder una y otra vez lo que amo, cuando se me acaban las páginas de uno de mis más grandes amigos y compañeros? Qué difícil es la vida de un lector. Tan cerca y tan lejos... Enamorarse de aquellos que jamás podrán tener. ¿No es ese un dulce castigo? Malditos sean los escritores, por recordarnos constantemente lo solos que estamos y vendernos la ilusión de que podemos aspirar a más, de que esas hermosas almas que nos atraen como un imán son palpables y reales... Y no maravillas etéreas que se desvanecerán con el correr de las páginas para morir, finalmente, ahogados por nuestras lágrimas, cayendo hacia el fondo de nuestros corazones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario