Lo que me gusta de Palermo son esas callecitas adoquinadas que aparecen de la nada y son angostas y están llenas de autos estacionados y me transportan hacia un lugar que desconozco, algún otro país mental en donde yo sería otra Mery. Y me desvío del camino sólo para pasar por esas veredas de ensueño y cerrar los ojos, sólo por un momento, e imaginar...
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